El miércoles se conoció un informe de la UBA que a través de investigaciones de un geólogo de ciencias exactas de esa universidad, se informa que el bosque sumergido en el lago Traful ha demostrado un hundimiento mayor en los últimos años.
Desde el Sur Digital se contactó con el Parque Nacional Nahuel Huapi, y a través de ese contacto se nos envió este informe que de alguna manera lleva tranquilidad a la comunidad de esa villa neuquina.
Hay posibilidad de que el bosque siga hundiéndose en el lago, que recordamos tiene 300 metros de profundidad, y si en forma repentina se produce un mayor movimiento arrastraría la montaña en la que está sujeto y esto produciría un tsunami en el lago que sería de consecuencias impredecibles. Lo que se tiene en cuenta en lo advertido es que los sismos de 1960 y el 2010 de Chile, sin duda tuvieron que ver en un mayor hundimiento del bosque.
En el informe de la UBA se aclara que este riesgo no es inminente y lo que se sugiere es monitorear el bosque hundido para conocer las modificaciones del terreno.
La noticia alcanzó los medios nacionales y sin duda creó intranquilidad en el sur de Neuquén. Es que se tomó básicamente el tema del tsunami con eje de lo informado, cuando en realidad el informe expone una hipótesis y se basa en la necesidad de monitorear con mayor asiduidad el área para ver su evolución.
El vulcanólogo de Bariloche Gustavo Villarosa aclaró que esto no podría darse en las condiciones actuales, sino que el geólogo que planteó esa posibilidad lo hizo sobre la posibilidad de una desestabilización repentina del terreno.
«Sabemos que los tsunamis lacustres han existido en nuestra zona, tenemos el ejemplo del tsunami de 1960 asociado al sismo de Valdivia, en el cual se destruyó el puerto de San Carlos de Bariloche, por lo cual no debería sonarnos una cosa extraña»,
Sin embargo, señaló que hay una serie de aclaraciones para realizar: los fenómenos típicos que producen tsunamis en las aguas de los grandes lagos patagónicos son movimientos en masa de grandes volúmenes de sedimento que se producen en el fondo del lago, sedimentos sumergidos que por alguna razón, generalmente asociada a grandes sismos hacen que parte de esos sedimentos que están en una pendiente inestable debajo del agua de pronto se muevan y eso produce una ola en superficie. «No nos tenemos que imaginar un tsunami de las características de los que conocemos, como el de hace unos años en Indonesia que fue sumamente destructivo». Comentó que tienen otras características, movilizan volúmenes menores de agua y ocurren en ambientes con otras características morfológicas, «incluso la topografía de nuestras ciudades es diferente».
El vulcanólogo aclaró que hay que poner en contexto cuál sería el potencial de daño que tienen esos tsunamis en la zona. «Sabemos que esto puede ocurrir, tenemos el único registro histórico de Sudamérica de un evento de este tipo, precisamente en nuestra ciudad, que fue bastante destructivo, con características especiales».
Explicó que el sismo es el disparador del proceso pero no lo que produce el tsunami, que se produce cuando se mueven sedimentos debajo del agua, entonces el agua tiene que correrse y esto genera una ola en superficie. Insistió en que «la hipótesis de tsunami que tenemos que tener en nuestros lagos está mayormente asociada a movimientos de sedimentos debajo del agua, generalmente asociada a sismos o también depositación rápida en frentes de deltas».
Destacó además que hay tres fenómenos: el sismo que dispara, el deslizamiento que produce el movimiento del agua y la ola del tsunami es el último fenómeno en la cadena. «La ola puede estar, la capacidad destructiva del tsunami es lo que hay que analizar», expresó y haciendo referencia a la situación del Bosque Sumergido de Traful comentó que «se estaría moviendo parte del suelo que estaba en superficie, se fue metiendo lentamente dentro del agua. Ese fenómeno en sí mismo no puede producir un tsunami, lo que los colegas están alertando es que si ese proceso por alguna razón se acelerara rápidamente podría producirse un tsunami».
Insistió en que tiene que ser mucho más rápido para que haya un tsunami considerable. «Es una hipótesis, no hay mucho más material para evaluar».
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Dos nombres distinguimos este año Federico Graef, ese alemán que ubicó las pistas de Chapelco, construyó con ayuda de pobladores en el año 1946 el refugio que lleva su nombre en la cota 1720 del cerro, y fue inaugurado en 1948, Graef amó la montaña. Este geólogo llegado desde Alemania a Sudamérica en 1910, fue quien impulsó el club de este deporte invernal el Club Lácar.
