MICHAEL RINKE EL 25 DE AGOSTO SE CUMPLEN 12 AÑOS DE SU PARTIDA
Por Graciela Vázquez Moure

“Vivimos rodeados de naturaleza y por más que es “natural” que así sea, no solemos prestarle su debida atención. El dedicar tiempo a algo tan cotidiano como mirar lo que nos rodea, suena casi ridículo. Pues bien, es justamente la propuesta que podría ser diferente. Dense un respiro a sus múltiples actividades y busquen un poco de información sobre las aves que habitan junto a usted en donde quiera que esté. Aprender a observar implica un poco de colaboración de su parte, ya que descubrir las sutilezas requiere de ilustrarse en algo que se suele desconocer” así pensaba y sentía Michael Rinke y lo expresaba en uno de sus libros.

Lo conocí en 1988, y desde ese momento formó parte de nuestra familia, Ricardo Caletti mi marido en ese momento y padre de mis tres hijos, lo consideró como un hermano. Nicolás mi hijo con solo cinco años se divertía con él, con sus ocurrencias para crear juegos de mesa, como el memo test de las aves, con el que incansablemente jugaron mis hijas también. Son muchos recuerdos acompañando las anécdotas imborrables.

Filmé programas especiales, y en una etapa del programa “Adónde vas San Martín” fue nuestro cámara, junto con Flavio Correa que conducía y yo producía en el año 1991 nos divertíamos mientras trabajábamos grabando el programa que iba en vivo, pero que tenía segmentos filmados en exteriores. Edité horas con él en su cabaña de la calle Elordi. Nunca existió un día de mal humor, de algún enojo, nos reíamos con sus ocurrencias cuando las cosas no salían como esperábamos.
Michael con su pelo dorado no pasaba desapercibido en el pueblo, con ese andar especial recorría las calles y descubría rincones. Durante años con su perro negro “El Tío” ese que conocí de cachorrito y que él llevaba en el bolsillo delantero de su campera naranja, aparecía la cabecita de “El Tío” que fielmente lo acompañó siempre.
Fue fotógrafo, artista multifacético, documentalista, dibujante, pintor, escultor, en madera, con maravillosas obras pequeñas y exquisitas, guía de turismo, esquiador, traductor, escritor, hombre de radio, ornitólogo por elección, sabía varios idiomas y nunca ostentó su capacidad en cada una de sus actividades. Michael era humilde, nunca lo vi en un acto de soberbia.
Y si hay algo en que fracasó fue cuando intentó que yo esquiara. En tres oportunidades, lo intentó, fue imposible no por él sino por mí. Bajamos la 63 infinidad de veces el esquiando de espaldas como hacía siempre cuando filmaba, en ese momento alentándome y dando indicaciones. Yo intentando no caerme y sufriendo porque si hay algo que nunca tuve fue espíritu deportivo. Pero él insistía, hasta que un día me dijo: “seguí en la radio y como periodista, eso te sale bárbaro”. Así era, Michael Rinke, con su perro recorriendo senderos, hasta que un día decidió filmar la naturaleza, los pájaros, las aves, los insectos, y descubrió como me decía que era el mundo que quería compartir, el más noble y así editó una serie de CD con las experiencias de horas de observación.

Amaba la música, se podía hablar de todo con él, le gustaba compartir un café para profundizar, después de esas charlas llegaban sus silencios. Tallar madera fue uno de sus últimos hobbies, y la fotografía lo acompañó hasta sus últimos días.
Michael Rinke nació el 5 de septiembre de 1957 en Montevideo, Uruguay. A los pocos días de vida, su familia se trasladó a la provincia de Buenos Aires, donde se instalaron y vivieron hasta 1965, año en que se mudaron a Ginebra, Suiza.-
En el año 1984 viajó al Centro de Ski Penitentes, Mendoza, a trabajar de camarógrafo. Ese fue su primer contacto con el mundo del esquí, y luego en 1986 empezó a hacer las temporadas de invierno en el Cerro Chapelco de nuestra localidad, hasta que en 1988 se instaló definitivamente en San Martín de los Andes, que fue cuando lo conocí.
En agosto del 2014 se enfermó, estuvo internado en nuestra ciudad y fue trasladado a Zapala, el 25 de ese mes partió hacia otros mundos donde seguramente disfruta de la paz y el amor que se mereció siempre. En esta tarde de agosto, con las montañas nevadas, esas en las que demostró ser un esquiador único filmando esquiando hacia atrás y disfrutando de la vida, de la libertad que nos propone la observación de nuestro entorno sutil , como él mismo decía, de los paisajes de la Patagonia, hoy 12 de agosto escribo estos recuerdos de su paso por nuestra vida.
Un mirador en la cuesta Juez Quiroga lleva su nombre.















