Por Graciela Vázquez Moure
“El rescate de la palabra no es ya un problema de crítica filológica o de talento literario, sino el requerimiento de una alerta contra lo que impide contacto con ese lenguaje (…)” (Ivonne Bordelois)
Quizás esto es lo que nos sucede con el lenguaje inclusivo, esa letra E, que en estos días reemplaza a la X o el arroba, esto que nos cambia el hábito, lo que se trastoca con el hablar cotidiano. Es que hemos sumado ya el reconocer el femenino en los sustantivos y en los artículos, esto que evita la miopía hacia las mujeres, y ese objetivo logrado que es destituir el lenguaje machista. Un gran avance de la última década.
Hasta ahí y aunque sea tedioso la reconversión, es incluir a hombres y mujeres, niños y niñas, todas y todos, maestros y maestras, pero desde hace unos meses se introdujo la letra E, un signo neutro que convierte los textos en un trabalenguas y los discursos hablados en molestos.
Surge entonces la intolerancia ahora en el lenguaje, como si esto fuera poco.
Y el TODES, por ejemplo, que provoca reacciones adversas en muchos o “muches” dirían los defensores de este lenguaje de género.
Los jóvenes son quienes más utilizan y promueven el lenguaje inclusivo, si bien es cierto que el lenguaje cambia, es dinámico, lo que se siente es que es tan forzado el uso de la E, la X y el @, que la sensación de rechazo no se hace esperar.
Los textos informales utilizados en redes sociales se han trasladado a la comunicación realizada por quienes adhieren a esta modalidad.
Esta bicategorización o sistema binario de la lengua que incluye a hombres y mujeres, tiene otra transformación, ahora también se suma la diversidad de género, trans, travestis, intersexuales.
Entonces me pregunto hasta dónde llegaremos con estas transformaciones del uso de la palabra, es inclusión utilizar una letra en forma neutra como la E cuando nos referimos a “todes”, a “elles”, a “les”, a “maestre”, a…. tantos otros ejemplos, o podría ser “tantes otres ejemplos”. Un trabalengua que en lugar de comunicarnos nos aleja.
Mientras se incluye a quienes adhieren, se desplaza a quienes lo rechazan, es entonces una nueva división entre las personas, entre todos y todas.
La RAE, Real Academia Española, según consta en su página web, no admite siquiera usar el femenino y el masculino porque los considera un tipo de “desdoblamiento artificioso e innecesario desde el punto de vista lingüístico”. La organización tiene menos reparos a la hora de incorporar neologismos a su diccionario. Tuit, chat, hacker son palabras aceptadas y se las puede encontrar en una búsqueda rápida. Además incluyó “murciégalo en lugar de murciélago. Haiga, y otros tantos vocablos que según dicen se aceptan por cuestiones culturales.
En su mayoría los integrantes de la RAE son hombres, solo algunas mujeres ahora ocupan un lugar entre los académicos. Los integrantes indican desde hace unos años que “la actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina, va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos”. No dejan de tener razón, es tedioso la aclaración pero peor aún es el lenguaje neutro incorporado en estos tiempos por un sector importante de la sociedad.
Y a partir de este movimiento social, habrá que discutir si en los buzos de quienes terminan el colegio dirá “egresados 2018” o “egresades”, así aparecerá en muchos y la discusión será ardua, y en lugar de unir, de comunicar mejor se producirán amplios disensos.
Yo digo desde mi humilde opinión que ya deformamos cada día tantas cosas, ambientalmente ponemos en riesgo nuestro planeta, el contacto cotidiano que carece muchas veces de respeto por el otro ¿otre? Que ahora sumar esta modalidad, que no es un cambio lingüístico sino un diseño que impera sobre todo en los sectores de adolescentes, reitero la Real Academia no lo acepta, pero no debemos olvidar que hace poco tiempo sumó “murciégalo” porque muchos lo dicen así y otras tantas palabras que comenzaron a usarse con la nueva tecnología y la inclusión de las redes sociales.
¿Será que la RAE sucumbirá a la presión de los sectores que avancen con la E?
Lo cierto es que la lengua sigue en su ritmo dinámico, se abre paso entre la luz y la oscuridad, suma vocablos, se encuentra en una zona gris, pero esta deformación del lenguaje no es inofensiva porque las palabras no son inocentes, y en estos tiempos de cambio, en la mayoría de los casos nos separan en lugar de unirnos.



























