Por Graciela Vázquez Moure
Recién ahora tomando algo de distancia puedo escribir algo más sobre la historia de Pablo, ese hombre de Plottier que viajó 40 horas y no pudo entrar en Córdoba para despedirse de su hija Solange.
Digo recién ahora, porque la historia movilizó en mi una serie de recuerdos, porque solo quién pierde un hijo o una hija sabe lo que significa estar a su lado hasta el último suspiro. Porque es así, así de efímera es la vida, un suspiro profundo, y el alma se despide de ese ser. Y entonces tomarle la mano, hablarle despacito, decirle cuánto lo amamos, es tan fundamental para los que quedan como para los que se van.
Y solo hay que vivirlo, como fue mi caso, para saber y comprender lo que debe haber sentido ese padre que hizo de todo y no lo dejaron llegar.
Y entonces uno se pregunta quién es responsable de cercenar los derechos cada día en pos de “salvar vidas”, de no saturar el sistema de salud, de evitar contagios, en fin de toda esta historia que desde que comenzó nos atormenta.
Así como pasó con Pablo pasó con miles de personas que no han despedido a sus seres queridos, o porque no los dejaron transitar por las rutas o no les permitieron entrar en los hospitales. Despedidas por celulares, hablarle a su familiar por un aparato que la menos los acercó un poco más.
Y creo, que es hora que todos tomemos conciencia que este maldito virus, no se irá de un día para otro, y que no se puede vivir eternamente con los derechos vulnerados, que no debería haber más «Pablos» que vivan una historia semejante, ni «Solange» que no tengan el último abrazo en vida.
Solo quienes vivimos ese triste momento de despedir a un hijo, sabemos que no hay consuelo, que el dolor sigue toda la vida, pero lo que nos ayuda a sobreponernos es ese recuerdo del momento final.
Ni hablar de los privilegios de quienes tienen poder, ya dije todo lo que tenía que decir sobre el tema que nos es cercano. Hay aviones, permisos especiales, firmas rápidas, trámites livianos, así es.
Rezo por este padre y por la madre que enfrentó sola la muerte de su hija, pido que algo superior convierta en seres “humanos” a los políticos y funcionarios que determinan cuál es nuestro derecho y cuál no, que se den cuenta que están afectando el corazón de las personas, desde hace 160 días señores, 160 días y cada jornada nos muestran más personas contagiadas y más fallecidos.
Si creen que eso es una cuarentena exitosa, me parece que no entienden que es lo que siente la mayoría de los ciudadanos de este país.