9 de junio 2015
Por Graciela Vázquez Moure
Hace dos semanas se conoció la noticia que tomó relevancia mundial. En la autopsia realizada a los restos de Pablo Neruda surgió una bacteria que nada tiene que ver con el cáncer de próstata que lo aquejaba y que en un principio se dijo que era lo que había provocado su muerte el 23 de setiembre de 1973. La muerte del poeta provocó consternación y sospechas desde un primer momento, porque el deceso se produjo doce días después del golpe de estado que también acabó con la vida de su amigo y camarada Salvador Allende.
La bacteria hallada en un laboratorio de la ciudad de Murcia en España, es considerada agresiva y causante de inmediatas infecciones letales.
La investigación que se inició en el 2011 a pedido del Partido Comunista de Chile, culminó con la inhumación de los restos de Neruda enterrados en su emblemática casa de Isla Negra, ante la sospecha de que la muerte se produjo por envenenamiento.
Según consigna la agencia española EFE, “expertos españoles han encontrado en los restos del poeta chileno Pablo Neruda la bacteria «estafilococo dorado», un «elemento extraño», no asociado al cáncer que presuntamente le causó la muerte en 1973, han informado este jueves (por el 28 de mayo) fuentes judiciales.”
El hallazgo es el resultado de pericias practicadas en el Centro de Ciencias y Técnicas Forenses de la Universidad de Murcia, realizadas en el marco de la investigación del juez chileno Mario Carroza, con el objetivo de esclarecer las causas exactas de la muerte.
Según el informe de los expertos, liderados por el catedrático español Aurelio Luna Maldonado, en las pericias se encontraron además otros dos elementos, pero que sí están relacionados con el cáncer de próstata «diseminado y con un proceso de tipo infeccioso» que Neruda padecía desde varios años antes de su muerte.
El juez Carroza busca esclarecer si Neruda, fallecido en una clínica de Santiago el 23 de septiembre de 1973, murió a causa del cáncer o si su deceso fue inducido por terceros mediante algún elemento extraño a los fármacos que se le suministraban por su enfermedad.
Recordamos que Neruda murió en la misma clínica en que falleció el ex presidente chileno Eduardo Frei, quien todo indica que fue asesinado por una sustancia que fue incorporada en su cuerpo.
Sospechosamente el mismo equipo médico que atendió a Frei es el que atendió al poeta chileno.
Manuel Araya el chofer de Neruda es clave en esta historia
Matilde Urrutia y Neruda en Isla Negra
Las afirmaciones del chofer de Neruda Manuel Araya, manifestadas a la revista mexicana Proceso hicieron que el partido comunista chileno presentara la denuncia.
Araya dijo que el poeta, fallecido días después del golpe militar que encabezó Augusto Pinochet, había sido envenenado por agentes de la dictadura mediante una inyección que le fue suministrada en la clínica en la que estaba ingresado.
Lo sintomático que despierta aún más dudas sobre la repentina muerte, es que un día después el 24 de setiembre, estaba todo programado para que Neruda fuera sacado del país para que se exiliara en México.
En noviembre de 2013 un grupo de expertos chilenos y extranjeros que realizaron las pericias científicas a los restos concluyó que Neruda no había muerto envenenado, pero aun así el juez Carroza no dio por cerrada la investigación por considerar que los resultados no eran concluyentes, y ordenó los nuevos peritajes que ahora dan esta novedad del hallazgo de una bacteria letal: Estafilococo dorado, una bacteria no cancerígena
Esta bacteria, considerada agresiva y con frecuencia mortal, es una causa importante de infecciones generalizadas.
El nuevo informe, de los peritos no incluye conclusiones, «ya que pensamos que debe debatirse en el panel de expertos» dicen.
El cuerpo de Neruda estuvo desde su muerte en un nicho del Cementerio General de Santiago, hasta después de la recuperación de la democracia en Chile, en 1990, cuando cumpliendo su deseo fue trasladado y sepultado en su casa de la localidad costera de Isla Negra, junto a su esposa Matilde Urrutia.
Una semana antes de conocerse el informe de los peritos la Fundación Pablo Neruda pidió que los restos sean devueltos a su sepulcro de Isla Negra, por considerar que «ha pasado un tiempo más que prudencial» para que «vuelva a descansar en paz».
Es extraña la reacción del sobrino nieto de Neruda, Bernardo Reyes, quien manifestó que la investigación tiene más que ver con un interés político o de protagonismo personal que con descubrir una verdad. «Habiéndose realizado todos los exámenes, ¿dónde está el impedimento para devolver los restos? Esto ha sido algo bochornoso para la figura de Neruda. No merece estas mediocridades», dijo en declaraciones públicas.
Los tremendos recuerdos de la dictadura
El chofer de Neruda en cada entrevista que le han realizado manifestó momentos aterradores y su relato se convierte en crucial cuando manifiesta los días previos a la muerte del poeta.
En las historias están presentes los allanamientos, los gritos y el miedo que experimentaron tanto Pablo como Matilde, incluso en uno de los viajes en ambulancia que lo trasladaba a la clínica, donde fueron detenidos por el ejército y requisados sin importar la situación del poeta y sabiendo muy bien de quién se trataba.
“Dos días después del golpe del 11 de septiembre, llegó un camión con más de cuarenta militares a revisar la casa de Isla Negra. Un capitán subió a la pieza y le dijo a Neruda que buscaban armas. El vate, con tristeza, miró por la ventana y vio cómo excavaban su jardín y cómo la bota militar aplastaba el país que tanto amaba. El terror comenzaba a ser insostenible” dice en una entrevista realizada por la revista Ñ.
En cuanto al viaje a México cuenta que fue el 19 de septiembre cuando todo estaba listo para el viaje de Neruda, pactado con el presidente de este país y su embajador en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá. Araya, Matilde Urrutia y el poeta partieron rumbo a Santiago. El destino era la Clínica Santa María para evitar que Neruda corriera más riesgos en la casa de Isla Negra. Según Araya, el escritor depositó todas sus esperanzas en una mejoría en México.
Y relata entonces el hostigamiento que sufrieron en ese traslado a la Clínica Santa María. Matilde, acompañó al poeta en la ambulancia que pidieron, y de cerca los seguía Araya en un auto Fiat 125 de color blanco, que habían comprado un mes antes. Desde el golpe, la ciudad y las carreteras estaban completamente militarizadas. Durante el viaje fueron hostigados e interceptados cada dos kilómetros para ser registrados.
Araya no se olvida de la parada en Melipilla. “Hicieron bajar de la camilla a Neruda para revisarlo con la excusa de encontrar armas. A don Pablo lo movían como un muñeco, él pidió clemencia. No hubo caso”. Llegaron a la clínica rozando el toque de queda y Neruda quedó internado en la pieza 406. Al día siguiente, el poeta siguió pasando en limpio algunos poemas con Homero Arce, su corrector. Insistía en seguir viendo las noticias en la televisión, pero Matilde ordenó que se la llevaran. Lo protegió de toda verdad: sus casas asaltadas, el asesinato de Víctor Jara y el vertedero de cadáveres en que se había convertido el río Mapocho.
El poeta les pidió a Manuel y a Matilde que regresaran a Isla Negra en busca de ropa y libros.
Sigue reprochándose haberlo dejado solo el 22 de setiembre.
“Fue un error, no debimos dejarlo solo al cuidado de su hermana Laura: ella no veía bien.” Mientras buscaban las cosas, una empleada de la Hostería Santa Elena, les llevó un ominoso recado. “Dice don Pablo que se vayan urgente, alguien lo inyectó en el estómago mientras dormitaba”. Parte de este testimonio es corroborado por Matilde Urrutia en su libro Mi vida junto a Pablo Neruda. “Sonó el teléfono. Era Pablo. Me pedía que regresara inmediatamente: ‘no puedo hablar más’, me dijo. Yo creí que había pasado lo peor; en forma afiebrada cerré la valija, y me puse en camino. Lo van a detener, pensé casi enloquecida. ‘Tenemos que ir lo más rápido que pueda’, le dije al chofer. No sé cómo no nos matamos”. Manuel corrige un detalle de esta versión: “En ese tiempo ya habían cortado el servicio telefónico y los mensajes los recibíamos a través de la hostería”.
Araya cuenta que llegaron a la Clínica, bajó las maletas de Neruda y las dejó en el auto diplomático que lo llevaría al aeropuerto. Subió a la habitación, vio al escritor con la cara rojiza y con un pinchazo en el abdomen, una mancha que se extendía como ocurre con la picadura de un mosquito. Mojó una toalla para tratar de bajar la fiebre de “Pablito”. Recuerda que entró un médico a la habitación. “Era moreno y de bigotes, me dijo que tenía que comprar un medicamento, una receta que decía Urogotán y me indicó que la podía encontrar en una farmacia de la calle Vivaceta”.
Cuando Manuel tomó la calle Balmaceda y cuando iba llegando a su destino, lo detuvieron dos autos, que lo emboscaron, uno adelante y otro atrás.
– ¡Huevón! ¿Eres el secretario de Neruda? –gritaban mientras lo abofeteaban–. ¡Contesta!
Araya terminó en el suelo, con golpes y un disparo directo en la pierna izquierda.
“¿Cómo sabían que era yo? – se pregunta- Siempre he creído que desde la clínica estaban coludidos con la gente que me detuvo”.
Después de estar detenido en una comisaría, a la medianoche fue trasladado al Estadio Nacional. Fue torturado e interrogado sobre el paradero de dirigentes comunistas. No cesaban las patadas ni los puñetazos. “No los conozco, no sé de qué me hablan.” Neruda le había advertido una vez que lo iban a castigar por haber trabajado como su asistente, que le preguntarían por “los compañeros” y le pidió que aunque le sacaran los ojos, nunca dijera nada, relata a la revista Ñ.
Seis días después, fue el cardenal Raúl Silva Enríquez, encargado de resguardar a los perseguidos de la época, quien lo encontró y pidió atención médica para él. “El curita me dijo que don Pablo había muerto a las diez y media de la noche del 23 de septiembre. No lo podía creer”. Araya estuvo detenido 45 días. Sus torturadores lo liberaron en noviembre.
Entre sueños y sonrisas
Volviendo a Pablo Neruda, su chofer, Manuel Araya en las entrevistas realizadas cuenta que ha soñado con el poeta y relata el final del sueño en el que Neruda está presente
“Ah, a Pablito lo veo sonriendo- dice-. Lo escuché clarito, me dijo: ‘Manuel parece que llegamos a un feliz puerto’”.
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