Por Graciela Vázquez Moure
Lo recordamos especialmente, porque con sus 18 años llegó a las Islas Orcadas del Sur para izar la bandera argentina y habilitar la primera estafeta postal, vivió este hecho de soberanía el 22 de febrero de 1904.
Se cumplen 116 años cuando el Correo Argentino envió a Acuña, un joven que fue designado por Francisco P. Moreno que conociéndolo, vio en él a la persona indicada para este hecho histórico.
Pero además Hugo Acuña tuvo una estrecha relación con San Martín de los Andes, porque sus nietas Ana María y Nieves Núñez, nacieron en este pueblo cordillerano y su madre Raquel, era hija de Acuña. El padre fue el Dr. Ernesto Núñez, otro hombre relevante en este caso en la historia de esta localidad cordillerana. Fue el responsable de la Salud Pública en el pueblo en 1932. El Dr. Núñez tuvo directa intervención en la creación de la sala de primeros auxilios, basamento inicial que luego derivó en la sala de atención de salud pública, lo que dos años después se convierte en la Asistencia Pública.
Ese 22 de febrero flameó por primera vez en la Antártida Argentina nuestra bandera, en la isla Laurie del grupo de Islas Orcadas, al ser inaugurada la actual base que lleva el nombre de la isla, manteniendo allí nuestra permanencia ininterrumpida.

La historia cuenta que Hugo Acuña con sus 18 años, llevaba un diario de viajes. Era una libreta de tapas negras en la que describe el momento histórico:
“A pesar del frío, vestimos traje de paseo, como en Buenos Aires. Hay 5 grados bajo cero. La bandera asciende en el modesto mástil y comienza a flamear. Ya tenemos listo el pabellón azul y blanco. Ya estamos en nuestra propia casa” dice con una excelente caligrafía, propia de aquellos años.
Hugo Acuña llega a esos confines de esta tierra, en el bergantín “Scotia” junto a un alemán y un uruguayo.
Hugo vuelve a esta isla un año después y también lo registra.
Claro vuelve a lo que ya era desde aquél 22 de febrero de 1904, territorio argentino.
Lo esperaba una cabaña de 14 m2, construida con piedra, forrada con lona y con techo de cumbrera: “Nuestra cabaña -relata en su diario- tiene dos ventanas pequeñas. Todo su moblaje es una biblioteca chica, una cómoda, una mesa y cuatro banquitos.”
Esa misma construcción precaria fue volada por un temporal un mes después de haber izado la bandera argentina. Fue en la madrugada del 8 de marzo de 1904 y él lo relata de esta manera:
“El 8 de marzo de 1904 el despertar fue poco feliz. El mar, con olas gigantescas, violentas, deshizo una barranca de nieve que había contra la cabaña. El único bote estuvo a punto de perderse. El mar también se llevó la defensa de piedra que tenía la casa. Diez días después terminamos el nuevo parapeto, hecho con grandes piedras que acarreábamos desde la montaña. Muchas veces hubo que interrumpir el trabajo por nevadas y vientos”.

“El 4 de abril de 1904 volvió la furia del mar. Se llevó de nuevo la muralla. Por momentos, la cabaña quedaba cubierta por las olas. La temperatura había descendido. Estábamos enteramente mojados. Nuestra ropa pronto se cubrió con una espesa capa de hielo. La pared había quedado en pie, curiosamente, gracias a que las piedras estaban unidas por el hielo”
Así fue la historia de hace 116 años, en la que un argentino con tan solo 18 años cumplió con su misión que perduraría en el tiempo. En 1975 una estampilla lo recuerda como un pionero en la Antártida.

Hugo Acuña, pasó veranos en San Martín de los Andes, junto a su hija Raquel, que fue una de las maestras pioneras en la localidad y luego con sus nietas Ana María y Nieves Núñez.
Un hecho histórico, el del 22 de febrero de 1904, que debería tener un recuerdo afianzado en las generaciones más jóvenes, porque se logró soberanía en una tierra lejana, en la Antártida, en una isla rodeada de un mar embravecido. Fue con el esfuerzo y coraje de un grupo de hombres, entre ellos este argentino.
Fotos: gentileza Nieves Núñez