Los 97 años de la biblioteca Popular 9 de Julio con magia e historia

Por Graciela Vázquez Moure

La Biblioteca Popular 9 de julio cumplió 97 años. Se trata de una de las instituciones más antiguas de la ciudad, teniendo en cuenta que comenzó su actividad el 4 de noviembre de 1917. Su fundación fue en 1916, y su creación un años después. Su nombre surgió recordando los 100 años de la Independencia Argentina.

Cuando comenzó su actividad se censaron 614 volúmenes, en estos días se calculan casi 40 mil, además de sumar películas, CD históricos, contar con Internet y wi fi, y un edificio que a partir de finales de la década del 90 supera los 400 metros cuadrados.

Sus comienzos fueron en una precaria casita en la calle San Martín y Rosas, donde está actualmente la Secretaría de Turismo, luego pasó al salón municipal y más tarde a la esquina actual Tte. Gral Roca y Mascardi.

Inicialmente el edificio era pequeño hasta que por gestiones de la comisión de la década del 80 y 90, se logran fondos que permitieron la ampliación y el edificio actual.

Muchas personas pasaron por las distintas comisiones pero la bibliotecaria emblemática de la institución fue Maclovia Torres, ya jubilada pero quien estuvo al frente de la atención por varias décadas.

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En este nuevo aniversario su actual comisión trabajó para realizar varios eventos, entre ellos una función en la que Lucas Escudero, un mago que llegó de la ciudad de Bariloche hizo el deleite de niños y adultos el sábado 8 por la tarde.

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El emblemático aserradero Ruca Ñire

Horas después se presentó el ciclo Historias de Acá, en el que el presidente de la Biblioteca, Gustavo Santos, presentó el tema: el Aserradero de Ruca Ñire, una historia fascinante que fue relatada por dos antiguos pobladores, el Ing. Agrónomo Roberto Buchuc y Berta Ragusi, hija de uno de los iniciadores del aserradero en la década del 30.

Tuve la satisfacción de coordinar la mesa, en la que la historia fue la protagonista principal.

Buchuc recorrió los principales momentos de la historia maderera, y de los aserraderos que fueron el pilar y sustento económico del pueblo en sus primeros 70 años.

La llegada de Parques Nacionales, el desmantelamiento del aserradero Ruca Ñire, el desalojo y el fin de una esforzada tarea de trabajo y mística, se produjo justamente en el año 70.

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Llegaron los recuerdos de personas que nacieron en el lugar, que asistieron a la charla. Berta Ragusi, con su recuerdo rindió tributo a sus antepasados.

Imágenes, palabras y sobre todo el merecido homenaje a un aserradero emblemático, fue el motivo de reunión de vecinos que siguieron atentamente la casi hora y media de esta enriquecedora charla.

La Biblioteca Popular 9 de Julio, es un espacio de cultura, de conocimiento, que recibe a diario a niños y niñas que acuden a ella. De socios que por medio de una pequeña cuota mensual, tienen acceso a todo tipo de libros, muchos de ellos antiguos y muchos pertenecientes a nuevas ediciones y novedades literarias.

El trabajo de una comisión directiva realizado ad honorem, permite el funcionamiento diario de la institución.

La actualización continua del material, hace de esta biblioteca casi centenaria, un espacio especial en el que se concentra la lectura, el motivo de reunión, talleres y la historia del pueblo.

Ilse von Rentzell: la primera mujer que pisó los hielos continentales vivió en San Martín de los Andes

Por Graciela Vázquez Moure

Hay mujeres que quedan en la historia por sus obras, otras por sus desafíos y están aquellas que son recordadas por una vida de rupturas de lazos que hicieron caer paradigmas e impusieron otros.

Quizás sea esta última elección la que formó parte de la vida de Ilse von Rentzell de Atkinson, muchos la conocimos como la señora Atkinson.

Cuando llegué a San Martín de los Andes escuché su nombre, aunque hacía tres años que había fallecido. Pero quienes la recordaban lo hacían por su hermoso jardín de la casa de Altos del Sol.

Es que Ilse entre otras cosas fue botánica, amaba las plantas y estudió muchas de ellas como las hierbas medicinales de la distintos pueblos originarios del litoral y del sur del país.

Fue una mujer polifácética. Su amor por las plantas le llevó años de estudios, pero también era aficionada a la fotografía, además pintaba y fue escritora. Una de sus obras fue “Maravillas de nuestras plantas indígenas”

Pocos la recuerdan en San Martín de los Andes, quizás injustamente olvidada, Ilse tuvo experiencias maravillosas en medio de la naturaleza. Fue además bibliotecaria del Instituto de Botánica Darwiniano, ubicado en San Isidro,

Pero quizás su mayor legado fue la experiencia como andinista hasta convertirse en la primera mujer que pisó los hielos continentales.

En una interesante investigación que realizó José Herminio Hernández, Coronel (RE), se conocen pormenores de esas travesías y los inicios en estas incursiones en la montañas, tanto argentinas como chilenas.

“Ilse von Rentzell, conoció a Federico Reichert, en el año 1928, y participó en varias expediciones a los Andes, compartiendo con sus compañeros y en igualdad de condiciones, semanas en el Hielo Patagónico”.

Su vida en el Chaco se contrapone con los hielos continentales que fueron su siguiente elección. En esta provincia del noreste argentino, en el algodonal que tenía su hermano, las molestias y riesgos no eran pocos. Ella contaba que su vuelta a Buenos Aires la produjeron las nubes continuas de mosquitos, las culebras que aparecían en su escritorio, las termitas, langostas y algunos desencuentros familiares propiciaron su huída.

Era una mujer afable que rápidamente se hacía de amigos.

Ilse von Rentzell participó de varias expediciones de Federico Reichert, y ascendió en enero de 1929, la cima del Volcán Osorno, 2.660 metros, en el Sur de Chile.

En las últimas horas del 5 de enero de 1929, intentaban el ascenso cuando en la madrugada un tronar que no comprendían los despertó.

“Seguimos espiando – cuenta en un diario Reichert- y de pronto descubrimos la aparición de un banco de nubes que surgía como algo denso, negro, fatídico, que iba aproximándose aceleradamente desde el Oeste y notamos una modificación de las condiciones atmosféricas que se hacía visible cuando uno respiraba. Al principio supuse que se trataba de una tormenta, pese que estas son raras en aquellos alrededores. A las cinco de la mañana sentí que mi compañera me clavaba una puya en el costillar para darme a entender que había algo que no marchaba bien. Súbitamente se oyó a lo lejos una fuerte detonación, cuyo estruendo ya nada tenía que ver con los truenos que acompañan los temporales. ¡Vaya si llovía! ¡Pero una lluvia seca! Frente a semejante fenómeno decidimos dar media vuelta, embarcarnos en el bote y regresar a casa con máxima premura.”

Lo que parecía una extraña tormenta con una fina llovizna fue intensificándose y se convirtió en lluvia de cenizas finas. “Pero aquello, no podía proceder sino del volcán Calbuco, situado entre 15 y 20 kilómetros en línea recta desde nuestra finca; era el único de los numerosos volcanes que entraba en actividad periódicamente.”

Los andinistas Reichert e Ilse trataron de abandonar el lugar buscando su cabaña en total oscuridad provocada por las cenizas que caían augurando una erupción grave del volcán. Relámpagos, descargas eléctricas provocadas por la erupción, rodearon a ambos.

Así era la vida de esta mujer que en esos momentos tenía 35 años.

En una apretada síntesis relatamos esta odisea en Chile, pero los andinistas muy lejos de desanimarse intentaron en febrero de 1931, por quinta vez coronar la cima del Tronador, el doctor Federico Reichert, junto al doctor Juan Neumeyer, y a Ilse von Rentzell. No lograron hacer cumbre, pero les permitió recoger una gran cantidad de datos.

En febrero de 1932, con Reichert y Juan Neumeyer, de Bariloche, realizó la primera ascensión del Cerro Gemelos del Turbio, 2.150 metros, al Oeste del Lago Puelo.

Se consagra como la primera mujer en pisar los hielos continentales

En el año 1933, Ilse von Rentzell, se convirtió en la primera mujer en ingresar al campo de hielo patagónico Sur.

Cabe mencionar que en esa oportunidad no se logró hacer cumbre, pero si les permitió recoger una gran cantidad de datos.

En febrero de 1932, con Reichert y Juan Neumeyer, de Bariloche, realizó la primera ascensión del Cerro Gemelos del Turbio, 2.150 metros, al Oeste del Lago Puelo.

En 1933, el grupo llega al lago San Martín. Reichert, el médico de Bariloche Juan Neumeyer, el botánico Arturo Donat e Ilse von Rentzell. El propósito de ellos era atravesar el Hielo Patagónico en aquella latitud hacia los fiordos del Océano Pacífico. El acercamiento a lo largo de las escarpadas orillas del lago no fue tan fácil.

Fueron seis días bordeando a pie la orilla sur del lago.

“Después cruzamos -relata Ilse en aquella época- en bote y remando entre icebergs, encontramos al último colono de la zona quien afortunadamente pudo poner a nuestra disposición tantos caballos que subimos montados. El camino nos llevaba a través de una selva de hayas antárticas y de prados pantanosos en los que algunas veces se hundieron hasta el vientre, tres caballos de carga.”

La expedición no llegó a la cumbre principal del Cordón GAEA, pero alcanzó primeramente el lado Este del mismo, hasta una altura de aproximadamente 2.000 metros. Seguidamente la cresta Oeste hasta una altura cercana a los 2.300 metros desde donde divisó el Glaciar Chico, antiguamente conocido con el nombre de Schonmayer. En aquella ocasión, Reichert, notó además, el fuerte retroceso del Glaciar O’Higgins y también, la piedra pómez pura depositada recientemente sobre el hielo, hecho que valorizaba los testimonios de resplandores vistos por los pobladores y referidos a un misterioso volcán que más tarde se revelaría como el Volcán Lautaro, ubicado en el interior del Hielo Patagónico Sur. La expedición permaneció luego, y durante largas semanas, bloqueada sobre el Hielo en medio de la tempestad, viviendo momentos dramáticos debido a las carpas destruidas por el viento y las nevadas, pero finalmente logró llegar a la divisoria interoceánica y presenciar una erupción de gas y cenizas del Volcán Lautaro” así el relato de José Hernández.

Entre plantas exóticas y hielos profundos

Así siguieron las expediciones de Ilse, todas durante la década del 30.

En esa misma década se publicó su libro “Maravillas de nuestras plantas indígenas y algunas exóticas”, en el año 1935, sus fotos y datos relevados de sus expediciones con Federico Reichert, en la región Sur de nuestro país. Anatole Saderman, fotógrafo de profesión, fue quien le realizó fotografías para el libro, las mismas que formaron parte de una exposición en la sala Amigos del Arte, en la calle Florida.

Como conferencista y representante del Instituto Darwiniano es donde conoció al geólogo inglés, George Atkinson, con quien se casó por segunda vez y realizó innumerables cantidad de presentaciones de sus viajes y logros científicos y fue integrante además, de la Academia de Ciencias Exactas de Buenos Aires.

Su espíritu inquieto la llevó a otro viaje, en julio de 1941, pero esta vez fue Bolivia el destino. Para Ilse, el objetivo era comparar los contrastes existentes en la Cordillera de los Tehuelches y la de los Incas, pero también, fue para profundizar sus conocimientos en el mundo de la flora, al visitar los tropicales jardines botánicos bolivianos.

Fue colaboradora especial de los diarios, La Nación y La Prensa, fue autora del libro sobre la Flora Autóctona Argentina, en donde volcó sus experiencias y conocimiento de la flora en el Chaco argentino e hizo traslucir su espíritu de investigación y coleccionista de mérito.

Una vecina ilustre

Ilse fue vecina de nuestra ciudad desde el año 1952, es en 1960, cuando se radica definitivamente en San Martín de los Andes.

Pero esta mujer que creó nuevos caminos para el género femenino, en épocas en que no era fácil imponer este espíritu en ciertos ámbitos, siguió siempre hacia sus objetivos concretos. Recordemos que lo llamaban el sexo débil, todo un símbolo.

Es así que emprendió una expedición a las provincias del litoral, con el naturalista y ornitólogo William H. Partridge, con el propósito de realizar un relevamiento y clasificación de pájaros del lugar.

Ilse fue una más de las tantas mujeres que revolucionaron distintos espacios permitidos, hasta esos momentos, solo para los hombres.

Se radica en nuestra ciudad para cumplir con lo que había prometido a su esposo, el geólogo George Atkinson que falleció en un lamentable accidente en el Lago de Todos los Santos, en Chile, próximo al fundo del doctor Federico Reichert.

En su hermoso jardín de la casa de Altos del Sol, solían escucharse conciertos en los atardeceres del verano. El músico y amigo Tomás Tichauer, uno de los fundadores de la Camerata Bariloche, era el protagonista.

Dejó huellas, como la torre Ilse que se encuentra en el Tronador, que ella misma individualizó.

Reconocida por el presidente Agustín Justo como la primera mujer que pisó los hielos continentales, en 1932, así como una exploradora del mundo natural, Ilse vivió desde el año 60 hasta el 85 en nuestra ciudad, donde falleció paradójicamente el mismo día de su nacimiento el 30 de junio. Tenía 92 años. Así fue la vida, de esa joven nacida en Alemania y que volvió de París huyendo de los tremendos dramas de la primera guerra mundial. Ella siguió su destino. Creyó en su fortaleza. Desarrolló su arte. Pensó que nada la detendría en la vida ni en la llanura ni en las altas cumbres.

Fue Ilse von Rentzell, conocida en nuestro pueblo por muchos como la señora Atkinson.

Desde el Sur Digital, la recuerda en esta sección:” Historia de nuestra gente”, para que deje ese rincón del olvido y renazca en la conciencia de nuestra ciudad.

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Ilse en un homenaje  en San Martín de los Andes

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Volcán Osorno sobre el lago Llanquihue

Muchas veces los temas de un libro para niños sale de la poesía de la vida

Margarita Mainé ha visitado varias veces San Martín de los Andes para pasar sus vacaciones, pero hacía doce años que no venía para realizar actividades relacionadas con su actividad principal: mostrar sus conocimientos como escritora de literatura infantil.

Hace unos días estuvo en la ciudad invitada especialmente para participar de la feria del libro, visita que se logró por gestiones de la librería Patalibros. Vino a acompañar uno de sus últimos libros, de editorial Norma “Malku y los cabritos”.

Desde el Sur digital dialogó con ella y esta es una síntesis de la charla que mantuvimos en la Biblioteca Popular 9 de Julio donde brindó una serie de talleres para jóvenes del profesorado docente.

DSD- Es notable la cantidad de publicaciones de literatura infantil que podemos ver en las librerías. Hay una transformación incluso en texto y en diseño.
Margarita Mainé- Si creo que hay una transformación e incluso una exageración. Se edita mucho, se están publicando muchos libros. La idea de trabajar con los docentes es saber elegir porque también hay un comercio detrás.

-Creció muchísimo la industria en autores y en ilustradores, muchos de ellos excelentes.
-Si tal cual, creció mucho, hay ilustraciones bellísimas. Es arte puro. Hay mucho de calidad con autores muy buenos que se han volcado a la literatura infantil y ha entrado a la escuela, esto provoca algo muy positivo, antes no era tan fácil.

-Estos planes de lectura, promoción que hace mucho que se hace ¿dio resultado?
-Yo creo que si, vemos hoy el resultado, se ven los libros en las escuelas y los chicos leen incentivados. Los maestros saben de libros. Hace quince años yo recorría las escuelas y me daba cuenta que hablaba de libros en un lugar donde no hay libros. Los estudiantes del profesorado están en contacto con esas publicaciones y a los chicos les llega de otro modo.

-¿En cuanto a las temáticas que se abordan?
– Hay de todo. Es subjetivo. Yo escribo lo que quiero, no pienso en un tema, desde el mercado editorial se pone de moda un tema y eso es lo que publican, pero no siempre es así. En un momento había un exceso de humor por ejemplo. A veces se hace uso de personajes de la tele para ponerlos en los libros y es engañoso. El padre piensa que le compra un libro y le compra un producto televisivo. Superhéroes, o los personajes de Disney, que no tienen calidad literaria. No hay un autor, son traducciones están pobremente escritos, no hay literatura.

-Los chicos hoy piden más una historia que simples frases acompañadas por dibujos.
-Siempre la pidieron es de acuerdo a lo que el adulto les ofrece, un niño que empieza a leer puede hacerlo con frases cortas pero en una historia larga, en Jardín podrían leerse novelas porque los chicos las pueden seguir con atención.

-Las editoriales si tiene éxito una obra piden la continuación,¿te pasa?
-Si está pasando. Te condiciona. Yo tengo una serie de “Días de pesca”, son cuatro libros, días de pesca, de playa, de campo y de montaña. Es un niño que tiene experiencias en diferentes paisajes, este año me pidieron otro más y dije no, porque ya me aburrí llega un momento que hay que parar.

-Cuando deja de ser un placer y pasa a ser un trabajo que pesa.
-Exactamente. Eso me pasó mucho, porque yo era maestra y mi hobby era escribir. Hace ocho años dejé la escuela y me dedico solo a escribir, se transformó en trabajo. Siempre algo se pierde.

-La mística.
-Si pero uno decide. Este año no acepté ningún pedido de una editorial, estoy escribiendo una novela que quiero y me estoy respetando a mi misma, pero es cierto que uno necesita comer y a veces cede. “Malku y los cabritos” a mi me surgió de un viaje a Santiago del Estero, lo escribí, lo presenté y gustó.

-¿De dónde te sale eso que finalmente gustó?
-De la poesía de la vida.

-De la observación-
-De conjunciones, porque fueron varias cosas: fui a Santiago del Estero y me quedé pensando que no tenía ningún cuento para contarle a esos chicos. Mis cuentos eran citadinos y cuando contaba los cuentos eran clásicos. Me quedé pensando en eso. En el avión vi. un video que mostraba a un cabrito que buscaba a su mamá. Primero era una pequeña idea, después se armó un cuento.

. Y esa literatura infantil clásica que hace siglos que perdura, ¿qué hay en ella para que siga despertando fascinación?
-Siento que apelan a lo más profundo del ser humano. Los chicos cambiaron mucho pero son siempre lo mismo, hay una esencia que no cambia, esas historias le brindan algo a esa esencia. Las moralejas, tienen vigencia, van a cosas muy puntuales. Apelan a lo más íntimo del ser humano.

Están los clásicos que son maravillosas obras.
-Si como Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan, El mago de OZ, Son libros fantásticos. No sé qué escritor de los actuales podemos escribir algo así. Muy universal, traducidos a cientos de idiomas. Me da un poco de pena que a veces los transforman en las películas y muchas veces pierden. Está bueno que el cine aborde el tema, porque los niños son muy visuales, pero el libro sigue siendo la base de esa historia.

El mito de los antepasados Tehuelche de Perón

Esta nota de Ricardo Caletti surge a raíz de lo que expusimos en la información de la restitución del bastón de mando que Juan Domingo Perón entregó al cacique Amadeo Currhuinca entre los años 1937-38. Allí se menciona sobre los ancestros Tehuelche de Perón, cuestión que aclara Caletti en esta interesante cronología.

“El mito de los antepasados Tehuelche de Perón”
Por Ricardo Caletti

Juan Domingo Perón fue el segundo de los hijos de la pareja formada por Mario Tomás Perón y Juana Sosa Toledo. El padre, fue hijo de uno de los médicos de Buenos Aires más célebres de su tiempo y de ascendencia sarda, y de una uruguaya de sangre vasco francesa. Mario Tomás Perón conoció a la jovencita Juana Sosa a poco de su llegada de La Plata a la localidad de Lobos, donde había sido nombrado Juez de Paz.
Por su parte, Juana Sosa Toledo, la madre de Juan Domingo, era nacida en Lobos, provincia de Buenos Aires. Sus padres fueron Mercedes Toledo y Juan Irineo Sosa.

“De los pagos de Azul provenía la familia de su madre, doña Mercedes Toledo, cuyo entronque castellano databa del tiempo de la colonia. También de Castilla La Vieja eran originarios los padres de don Juan Irineo Sosa, su progenitor, y por lo tanto, castellanos viejos fueron los antecesores maternos de nuestro biografiado”, escribe Pavón Pereyra en su obra “Perón”.

Quiero acotar que Pavón Pereyra ha sido a mi modesto juicio, el más prolijo y certero de quienes han escrito biografías de Juan Domingo Perón.

Pero el origen del apellido de Juan Domingo, sí nace como consecuencia de su llegada a tierra Tehuelche.

Lo que sigue lo escribí y publiqué en la edición N° 18 de Portal Patagónico del 31 de marzo del 2005:
“Juancito aprendió a andar a caballo bastante antes que a caminar. A fines del siglo XIX era casi normal en los campos bonaerenses. “Un antiguo peón de mi padre, el Chino Magallanes, me ahorquetó en un potro y luego de indicarme que me prendiera de las crines del animal, lo hizo andar de un rebencazo. Magallanes era una institución en Lobos, donde conoció a mi padre”, recordará muchos años después en sus diálogos con Pavón Pereyra.

Por ese entonces, Juancito Sosa, aunque parezca mentira, todavía no existía, al menos oficialmente. Su padre lo anotó en el registro civil dos años después de su nacimiento. Su llegada al mundo se produjo el 7 de octubre de 1893. Lo anotaron como nacido el 8 de octubre de 1895. Para ciertos sectores de la sociedad pacata de la época, tener un hijo con una mujer soltera y menor de edad podía ser muy mal visto. Juana Sosa tuvo a Juancito a los 20 años, pero ya a los 16 había tenido su primer hijo llamado Mario Avelino. El padre de ambos ostentaba el rol de Juez de Paz de Lobos, tras haber desempeñado el mismo cargo nada menos que en La Plata. Finalmente se casaron el 25 de septiembre de 1901, pocos días antes de que la familia partiera hacia la Patagonia, y en ese mismo acto el recién casado reconoció como legítimos a sus hijos.”

Así es como Juan Domingo Perón empieza a llamarse Perón. El viaje hacia las tierras patagónicas para hacerse cargo de la estancia La Maciega, en Cabo Raso, Chubut, produjo el matrimonio de sus padres y el reconocimiento de su identidad poco antes de que cumpliera 8 años. La estancia la habían comprado unos primos franceses del padre de Perón, de apellido Maupás, quienes le ofrecieron que la administrara.
Algo más de dos años la familia Perón vivió en la zona de Cabo Raso, para luego mudarse a un campo cercano a Río Gallegos, en el paraje Kamusuayke, donde permanecieron hasta 1904, que retornaron al Chubut.
Entonces, la familia se afincó en el pueblo de Camarones.

Juana Sosa se relacionó de una manera muy firme con los pobladores patagónicos a partir de su habilidad para ayudar a los partos. Cuando murió Mario Tomás Perón, se volvió a casar y con su nuevo marido, Marcelino Canosa, se mudó a Comodoro Rivadavia, donde falleció a una edad avanzada.
Esta es una síntesis de la relación de la familia Perón con la Patagonia. No pasa por el mito de la sangre Tehuelche, sino, a mi juicio, por la identidad que estas tierras le dieron a Juan Domingo Perón.

En la foto Juan Domingo Perón en el año 1933 junto a integrantes de la Comunidad Mapuche Curruhuinca

Neruda habría llegado desde Chile a caballo a San Martín de los Andes en busca de su exilio

La familia González es una de las más antiguas que habita el suelo de San Martín de los Andes desde fines del siglo 19.

Estuvo presente cuando llegó el ejército con el Regimiento 3 de Caballería de Montaña, poco antes de la fundación del pueblo el 4 de febrero de 1898. Los González habitaban la Vega, la zona en la que muchos colonos se instalaron y se dedicaron a las tareas del campo.

Así fue como al comienzo de la década del 50 decidieron crear el primer tambo que tuvo la localidad. Se inició con algunas vacas que fueron compradas a la empresa La Martona, una de las simbólicas del siglo pasado. Luego con la compra de una máquina para ordeñe impulsada a gasoil, el tambo creció y esto le permitió pasar a 700 litros de leche por día.

Gastón González fue quien se instaló en las 120 has de la zona del hoy, callejón de Torres.

Hugo González pertenece a esta familia pionera y fue quien informó hace unos días algunos datos que aportan nuevos lineamientos en el paso de Pablo Neruda por nuestra ciudad, en febrero o marzo del año 1949.

Se sabe bastante sobre el trayecto que el escritor chileno hizo con el objetivo de transitar hacia el exilio a Europa.

Se conoce la organización que estuvo a cargo de integrantes del partido comunista de Chile, que logró que Neruda saliera del país en forma clandestina y pasara a través del paso Ilpela, conocido en aquellos años como el paso de los contrabandistas, nombre que logró gracias a la falta de controles en la frontera y que era utilizado por cuatreros y personas que pasaban mercadería de un lado a otro de la cordillera.

Lo que faltaba confirmar era cómo llegó Neruda desde Queñi hasta San Martín de los Andes. Mientras algunas informaciones hace unos años daban cuenta de un vehículo que lo esperaba, cosa que se descarta por la falta de camino posible para transitar por la que hoy es la ruta provincial 48, otros apuntaban a la navegación del lago Lacar y a una embarcación que estaba esperándolo, dejándolo en la costanera del pueblo.

Sin embargo el aporte que hizo hace unos días Hugo González mediante la Secretaría Municipal de Cultura, Educación y Deportes y los integrantes de una comisión que trabaja en la futura Ruta de Neruda, da cuenta de otra forma de llegada.

Desde el Sur digital estuvo en esta reunión en la que se demuestra que el poeta chileno, habría realizado todo el trayecto a caballo, llegando a las termas de Chihuío, posta que está confirmada por el relato del escritor, propiedad de la familia Oporto. En ese lugar los esperaban otros baqueanos que se sumaban a los Flores, quienes lo acompañaban desde Futrono por el difícil paso de la cordillera por el Ilpela.

Los Oporto, Manuel y su hijo, acompañaron a Neruda por la ruta de Hua Hum, Pucará, Ruca Ñire, Quila Quina y luego San Martín de los Andes, llegando al campo de la Vega donde se quedó a pasar la noche, antes de hospedarse en la hostería Los Andes, como se tiene registro según el mismo Neruda cuenta en “Confieso que he vivido”. De esta manera además se burlaba todo posible control policial que existía en la zona de Hua Hum.

Hugo González expresó que esto le han contado sus familiares directos, ya que el tenía solo siete años cuando ocurrió la llegada al campo.

Los Oporto son parientes de los González y el campo recibió a otros conocidos individuos de distintos entornos que escapaban en este caso de Chile como Neruda, y otro de los nombrados fue Patricio Kelli, el controvertido personaje de la política argentina, que exiliado en el país vecino luego de la caída de Perón en la Argentina, debió volver al país y lo hizo en forma clandestina por el mismo paso.

Esta versión daría como confirmación que Pablo Neruda llegó a caballo al pueblo, para luego iniciar el exilio que lo llevaría a Francia escapando de las órdenes que había dado el presidente de Chile, González Videla, que una vez quebrada la alianza entre conservadores y comunistas había exigido la captura de quien era senador en ese momento, el poeta Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, conocido como Pablo Neruda.

El conflicto entre el presidente chileno y Neruda se inicia con esta ruptura de la alianza y cuando burla la censura de prensa y publica en el diario El Nacional de Caracas, el 27 de noviembre de 1948, su carta íntima para millones de hombres, en la que hace una cantidad de denuncias y acusaciones contra González Videla que responde pidiendo el desafuero del poeta, que era senador. A principios de 1948, éste pronuncia ante el Senado su famosa exposición conocida como Yo acuso. El 3 de febrero es desaforado y se ordena su detención.

Entre febrero de 1948 y marzo de 1949, el poeta lleva una vida de fugitivo, cambiando constantemente de escondite dentro de Chile, pero al incrementarse los rumores de un posible asesinato, el partido comunista decide sacarlo en forma clandestina del país llegando a San Martín de los Andes, para luego seguir viaje a Buenos y Aires y desde allí a Europa.

Con el relato de Hugo González, estaría confirmada la versión de que su llegada al pueblo se produjo a caballo, tal como fue todo el trayecto por la cordillera.

Eduardo Sacheri «para ser escritor hay que saber escuchar»

Es uno de los escritores actuales exitosos. Su novela “La pregunta de sus ojos” llevada al cine por Juan José Campanella ganó un Oscar a la mejor película extranjera, con el nombre “El secreto de sus ojos”.

De ahí en adelante Sacheri no dejó de escribir. Es licenciado en historia y confiesa que todavía dicta clase. Se quedó con algunas horas para no alejarse de la docencia.
Es sencillo, no cree en el éxito, le gusta estar con su familia y vive esos 80 días que por año debe viajar presentando sus libros, casi como un deber más que como un placer.
Vino por segunda vez a San Martín de los Andes, por gestiones de la librería Patalibro, para presentar en la Feria Regional del Libro, la última novela “Ser feliz era esto”, editada por Alfaguara.

Dialogamos con él unas horas antes de presentarse en la feria ante una gran cantidad de público, entre los que se encontraban numerosos jóvenes.
Sacheri convoca, primero por sus cuentos sobre fútbol, luego por su novela “Papeles en el viento” que actualmente es llevada al cine por Juan Taratuto, quien dirige el film, una obra cuya temática también es la pasión futbolera. Dice que para ser escritor es necesario que te guste escuchar al otro y confiesa que ya está pensando en su próxima obra.
Sacheri logra intimidad en las entrevistas, porque se muestra tal cual es, no tiene poses, es franco, sincero y logra tal como lo hace con sus novelas, ser claro, directo, profundo y no complicar al otro con historias confusas, sino todo lo contrario.

“Ser feliz era esto”, pasa por ese lado de la vida, de eso se trata esta charla.

-Sos de los escritores que trata temas profundos pero con simpleza, sin ser rebuscado. No es fácil lograrlo, pero a vos te sale bien.
-Me gusta que lo detectes de ese modo. Porque el objetivo es ese no ser complejo. Porque no creo que la complejidad venga de la mano de la profundidad. Pero solo por el gusto de marear al lector, no me satisface como escritor. Cuando siento que un escritor me la hace difícil por el hecho de hacerse el lindo, me fastidia. Cuando un escritor me dispara una historia donde cuenta cosas íntimas, es ahí donde se vuelve complejo porque el interior de todos nosotros es complejo.

-No es superficial la historia, no es banal la forma de escribir, y concatenás estos dos aspectos mostrando incluso, creo, cosas tuyas, de tu propio mundo interior.
– Yo creo que sin duda hay cosas mías, pero siempre están muy camufladas, a propósito, eso es lo que lo vuelve tan catártico. Yo escribo básicamente para eso, para soltar cosas mías. Las mejores y las peores, ponerlas en una ficción me ayuda mucho.
Lo que me pasa con los personajes a medida que los voy conociendo, con el tiempo se parecen demasiado a vos y después los vas diferenciando, los empezás a querer, como personas ficticias.

-¿Dónde está la clave?
-En la sensibilidad. En el mejor de los sentidos.

-Pero cuando notás que se parece mucho a vos, tratás de censurarlo o lo transformás…
– No es una cuestión de censura el lector no tiene que notar que se parece a mi, porque cualquiera de nosotros es menos interesante que un personaje. Si yo me voy a poner a contar mi vida… hay autores que lo hacen por años en libros distintos. A mi no me interesa. Creo más bien en esta posibilidad de regar algunas cosas propias pero en el medio de otras que no tengan nada que ver conmigo.

. De dónde salieron estos dos personajes de tu última novela. Una adolescente que busca a su padre al morir su madre. Un padre que no sabía que tenía una hija.
-Siempre hay un disparador. Yo estaba de viaje y mi mujer me manda un mensaje estoy con los chicos. Tengo una hija ahora de catorce y un hijo de dieciocho. Estaba en la ruta en San Luis y me quedé pensando cómo me manejaría con este trabajo si estuviera solo. Me traigo a mi hija al viaje. Eso de un escritor con su hija quedó en el aire. Después ya no era un escritor, sino un tipo que no tiene ganas de escribir. Qué está cómodo así como está. Sobre todo me gustaba el vínculo con esas personas que a veces te encontrás, que te cambian la forma de enfrentar los otros vínculos. Te puede pasar con un amor, o con un amigo o con una hija. Con esto de las paternidades tan múltiples que hay ahora. Ser padre siempre te llena de dudas. Cuánto más si te toca el timbre y te dice “hola papá”.

-Digamos que es fuerte… Que puede terminar bien o en una ruptura total.
-Si justamente, yo elegí que no terminara mal. Que se lleven bien, para evitar lo obvio. A veces la vida te propone otra cosa. Me gustaba esa posibilidad.

-Yo pensaba cómo te cambió la vida de pronto. De profesor de historia a ganar una película argentina con una novela tuya un Oscar. Luego no paraste de escribir.
-Si es cierto mi carrera venía creciendo, con los cuentos, pero a partir del Secreto de sus ojos, fue un salto total. A viajar por el mundo. A trabajar con frecuencia para otros libros. Un salto a dejar de dar clase. O quedarme con pocas horas de docencia.

-Cómo se compone tu vida ahora.
-Sigo una vez por semana dando clase porque me gusta hacerlo. Pero me convertí en un escritor casi full-time.

-Pero eso te hace bien. Con “Metegol” también tuviste éxito participaste en el guión.
-Si tal cual. Pero yo tenía una vida que me gustaba mucho. Cuando a vos te va bien en algo, todo el mundo supone que es lo mejor que te puede pasar. Y que tocás el cielo con las manos. Y qué pasa si tenías una vida que te gustaba mucho y la perdés. Por ejemplo estar mucho en mi casa.

-¿Te pasa eso?
-Claro que me pasa. Esto de estar fuera de casa 80 días al año por las presentaciones. Si fuera viajante es otra cosa, pero yo no elegí ese trabajo. Para mi fue toda una tarea ver qué cosas de mi nueva vida me gustaban y qué cosas no. Y qué cosas no quería perder.

-¿Estás condicionado por las editoriales?
-En este momento que soy exitoso, estoy como en el mejor de los mundos. Mis libros se venden, estoy en una editorial como Alfaguara con gente muy piola y lo que tenga ganas de publicar me lo publicarán. Soy muy prolijo. Jamás firmo un contrato por un libro que no escribí. Es un trabajo y me hace feliz. Me gusta pensar que si el día de mañana no se me ocurren más ideas, no se venden más libros, no me llaman para una película, tomo más horas de historia y la vida sigue.