Por Graciela Vázquez Moure
“Creo que los que transitamos como protagonistas esa época tenemos que dejar el testimonio de lo que vivimos. Será controvertido, nos discutirán, se debatirá pero tenemos que dejar el testimonio”.
«La muerte de mi hijo me cambió la vida» así comenzó diciendo Graciela Fernández Meijide hace 10 años cuando vino a presentar su libro «Eran humanos no héroes». En esa charla que mantuve con ella confirmé que Graciela es un ejemplo de vida, tenía en ese momento 82 años y llevaba en su corazón y en su alma la desaparición de su hijo Pablo de 17 años, en plena dictadura, lo sacaron de la cama, como ella misma cuenta.
Nunca más lo vio y cuando la entrevisté en noviembre del 2013, se preguntaba «¿qué sería él ahora, cuál hubiera sido su camino de vida, nunca encontré su cuerpo, desapareció» y sin duda nunca no se cierra el ciclo. Pero ella lo transita sin odio.

Participó de la Conadep, de los Derechos Humanos, siempre sin demagogia, sin oportunismo. Comprende lo que fue esa parte de la historia, no es negacionista, pero está muy lejos del odio, lo que pide es conocer la historia y no crear héroes en aquellos que fueron terroristas. Eso planteaba en su libro. En él hace una fuerte crítica de la violencia política, de los años 70, pensamiento que hoy en nuestros días sigue manteniendo, con frases que son polémicas simplemente porque salen de los esquemas oportunistas y demagógicos. Fue fundadora de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, fue ministra del gobierno de De la Rúa y es la madre de Pablo, su hijo de 17 años que un día se lo llevaron “sacándolo de la cama” como ella misma lo relata, y nunca más lo vio.
Sin embargo ella está muy lejos del odio, de la venganza y de las frases agresivas que otros pueden ostentar.
Conocí en ese momento en este contacto directo a una mujer equilibrada, profunda, con gran conocimiento político y con una gran crítica hacia un período oscuro, quizás el peor de nuestra historia.
Pero ella se fortaleció con una lucha dentro de los Derechos Humanos y más tarde en democracia, cuando se inició el gobierno de Raúl Alfonsín como miembro de la Conadep.
Hoy tiene 92 años, su temple sigue intacto y su pensamiento acompaña esa postura frente a la vida. En una entrevista este lunes 25 de marzo de 2024, destacó la gran participación de la gente en las marchas del 24, de los ciudadanos que piden memoria y un Nunca Más, sin tintes políticos. Criticó el video del gobierno de Milei, no coincide con los interlocutor.es y su crítica fue contundente. Pero si coincidió en negar que fueron 30 mil. Insistió en la cifra a la que arribó la CONADEP casi 9 mil personas.
En aquella entrevista del 2013 Graciela Fernández Meijide, expresó con relación a quienes formaban parte de los grupos guerrilleros “ quienes tomaron la decisión de iniciar el camino poniendo la lucha en la boca de un fúsil, habían tomado una decisión revolucionaria. En eso jugaron su vida y decidieron tomar otras vidas. Hechos muy serios y creo equivocados como se demostró al final en una tragedia. Lo hicieron convencidos y merecen ser recordados por todos, por sus buenas intenciones y también por sus errores. Porque eso es la historia. Al mismo tiempo escribí este libro “Eran humanos, no héroes” pensando en otra pregunta que para mi fue angustiosa: ¿cómo nos pasó lo que nunca debió haber pasado? Eso me llevó a otros países, Chile, Brasil, Uruguay, no por ser los únicos, porque desde Guatemala para adelante hubo guerrilla y represión, pero pregunté en esos países para indagar sobre este espíritu revolucionario, las intenciones eran esas, la revolución”.
Graciela expresa que no existe la verdad absoluta, que con el paso del tiempo cree haber ganado en tener menos certidumbres, que lo que se contrapone a la verdad, no es la mentira sino las certezas, que la búsqueda continua y no un relato que se apropió de los Derechos Humanos con el oportunismo que manifestó el gobierno anterior.
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«La misma noche se llevaron a la novia de Pablo, a su hermana y a otro chico. En realidad el ERP estaba deshecho, había caído Santucho, y otros integrantes, y hacía rato que los adultos del grupo lo único que trataban era de salvarse, la juventud guevarista ya ni tenía contacto con las conducciones, en esa persecución feroz se los llevaron y los mataron. Nunca pude saber cuándo, ni dónde. No hace diferencia que Pablo no haya sido un militante, y un combatiente menos, porque lo sacaron de la cama. Pero tiene que ver con todo lo que nos pasó. ¿Cómo influyó? La muerte de mi hijo me cambió la vida» recordó.
No tiene asignaturas pendientes y ese libro que hace algo más de 10 años presentó fue el resultado de una historia, de un camino iniciado para comprender qué nos pasó.
En esa charla conocí a una mujer cálida, lúcida, serena, afirmada en sus convicciones y recuerdo que al finalizar me dijo: “Creo que los que transitamos como protagonistas esa época tenemos que dejar el testimonio de lo que vivimos. Será controvertido, nos discutirán, se debatirá pero tenemos que dejar el testimonio”.









