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29 de noviembre 2022

EL HOMBRE QUE LUCHO POR SALVAR AL LAGO LACAR DE LA CONTAMINACION

DR. FRANCISCO “CHACHO” ROSSI. LO RECORDAMOS A 32 AÑOS DE SU PARTIDA

Por Graciela Vázquez Moure

Nos enseñó una nueva palabra en la década del 80 “eutroficación o eutrofización” cuando hablaba del lago Lacar, ese espejo de agua que estaba contaminado por efluentes cloacales y en el que estaba prohíbo bañarse. La proliferación de algas, era uno de los problemas que podían verse desde la costa.

Así era la realidad de San Martín de los Andes en ese entonces. Realidad que cambió y en estos tiempos la imagen es otra, gente disfrutando de la playa y del agua del lago.

Quienes conocimos al Dr. Francisco “Chacho” Rossi sabemos que su objetivo primordial era el desarrollo sustentable. Permitir que la localidad creciera sin “matar la gallina de los huevos de oro» como él mismo decía. O sea el medio ambiente, la belleza, la calidad de vida que muchos venían a buscar en sus vacaciones, condición  que aún  30 años después  los atrae hacia nuestras tierras.

Su dedicación,  las investigaciones  y  el estar preocupado por la contaminación del lago Lacar, que en los años 70 y 80 era una triste realidad, hizo que finalmente se construyera la primera planta de tratamiento de líquidos cloacales, la que está al borde del lago desde 1996.

Chacho Rossi era médico veterinario, docente de la UBA, asesor en materia ambiental, investigador, becario del gobierno holandés, sus trabajos fueron publicados en revistas nacionales y del exterior. Fue representante de la Argentina del Plan B, ante la UNESCO, lo que se llamaba “reservas de la biósfera”, entre otras tantas presencias logradas.

En San Martín de los Andes fue asesor “ad honorem” en materia ambiental en el gobierno de Juan Carlos Fontanive y luego se desempeñó en el de Raúl Miguel en el mismo sector, desarrollando el estudio del saneamiento del lago Lacar.

 Afable, cordial, con un importante caudal de cultura y conocimientos, se radicó definitivamente en el año 87 en San Martín de los Andes,  luego Rosa Mercurio, su esposa, llegó también para quedarse.

En sus estadísticas los números eran elocuentes: había 220 algas por centímetro cuadrado de piedra en el Lacar, en contraposición de la ausencia de ellas en el lago Lolog, en aquella época la zona estaba casi despoblada.

“Nuestro lago envejece” decía Chacho con pesar haciendo referencia a unos señaladores que los chicos de una escuela de la ciudad,  habían dibujado después de hacer una investigación junto a él en este espejo lacustre que es el marco inigualable de belleza singular en esta ciudad.



Un dudoso privilegio

Así  lo denominaba Chacho, esta oportunidad de ser el primero en introducir un nuevo término en el pueblo. La eutroficación o eutrofización, estaba en boca de todos, aunque muy pocos sabían de qué hablaban.

Redactó varios proyectos, se nutría de investigaciones de otros lugares del mundo “Soy veterinario y muchas cosas escapan a mis posibilidades,  pero sigo viendo el Lacar como una manifestación de la Creación, una fuente de trabajo, de paz y de experiencia contemplativa, de bienestar físico y espiritual” eso decía quien trabajó duramente para el saneamiento del lago que hoy pueden disfrutar miles de personas.

La playa estaba vacía, ante la prohibición de bañarse, eran muy pocos los que llegaban a sus orillas. Recuerdo escuchar a los guías que llegaban con contingentes desde otras localidades decir “este lago está contaminado y nadie puede bañarse”, dolía esa síntesis de una situación que era real.

“Liberé fuerzas que escapaban a mi control”

“Concluí el informe en abril del 83- decía-lo presenté a las autoridades y me volví a Buenos Aires, y no sabía que había liberado fuerzas que escapaban a mi control y que me convertirían poco después en un servidor a perpetuidad del lago  Lacar” decía Chacho, recordando su historia.

Una vida que terminó en forma imprevista, el día de su cumpleaños el 30 de noviembre de 1990, se descompuso, la rápida derivación a un hospital de Neuquén no logró salvarlo de un ACV, apenas dos días después, falleció.



Un fervor que movía al pueblo

El 27 de julio del 83 comenzó junto a otros vecinos el muestreo de agua del Pocahullo y de los vertidos desde la planta que era un fracaso. El operativo duró hasta julio del 85.

“El fervor por el saneamiento del Lacar movía manos del pueblo- decía Chacho- junto a Guillermo Riss y a Jorge Franco, trabajábamos buscando muestras, ellos buscaban las muestras que yo recogía en Buenos Aires y las llevaba al laboratorio de aguas.”

El fervor por el Lacar lo devolvió a las aulas de la universidad, no ya como profesor, decano o  investigador,  sino como alumno para recoger el conocimiento que requería este empeño por salvar a un lago de la Patagonia.

Ecología acuática y limnología, eran los conocimientos buscados por Chacho en la UBA.

Dio conferencias, emitió nuevos informes, se contactó  con otros países, conoció gente que había pasado la misma experiencia, envió notas a los diarios regionales. Siguió incansable buscando salvar las aguas del Lacar.

Merecido premio: “Conservar el futuro”

Fue la administración de Parques Nacionales la que le otorgó esta distinción en el año 86. El premio se lo otorgaron a dos días del aniversario de la creación de los Parques Nacionales y fue en la ciudad de Cachi, Salta. Hasta allá fue el Dr. Rossi y levantó orgulloso, el merecido premio.

El verano del 83 fue la última vez que el lago reunió en sus costas del casco urbano a los que intentaban utilizar sus aguas, luego estos sectores migraron hacia Catritre, ya estaba la prohibición en las arenas del Lacar en la costanera que hoy disfrutan miles de personas.

Las algas crecían sin dar tregua, la eutrofización era un hecho. Se habían confirmado todos los designios del Dr. Rossi.  Estas presencias superaban entre tres y cuatro veces a las de los lagos  oligotróficos. Incluso la situación se había extendido hasta las playas de Catritre.

La dedicación y trabajo de Chacho Rossi, logró su cometido. No pudo verlo. Partió  de este plano hacia otras dimensiones, y no pudo ver que en el año 94 se iniciaba la construcción de la planta  depuradora del lago Lacar y se inauguraba en el 96, fue durante la gestión municipal de Luz Sapag.

“Luché por el Lacar para que no se muera”

Pero esta historia tiene que ver con un hombre y no con las obras, sino con “sus obras”.

En el relato de Chacho en infinidad de entrevistas que realicé en esta hermosa amistad que nos unía, estaba siempre la reflexión. Ya a fines de los ochenta  se sabía que las próximas guerras iban a dirimirse por el agua. Su escasez vislumbraba un futuro oscuro y Chacho me decía “podemos estar rodeados de infinidad de  cursos de agua, pero si está contaminada de nada nos servirá, por eso luché y trabajo por el Lacar, para que no se muera” recuerdo que esto expresaba mientras en el living de su casa frente al lago, escuchábamos música, rodeados de libros, de objetos, y de recuerdos.

“Fue una empresa comunitaria” reflexionaba “fue para evitar la muerte del Lacar, y detener un desastre ecológico que puede repetirse en decenas de cuencas lacustres de la Patagonia, una zona de decisivo valor geográfico, estratégico y de gran belleza, pero la batalla del Lacar no ha terminado” decía a finales de los 80, claro, no pudo ver la obra concluida, pero desde donde esté Chacho Rossi, seguro que supo que hoy miles de personas disfrutan de la playa, de las aguas del Lacar,  que es cuidado por una comunidad que denuncia ante cualquier irregularidad, en defensa de su lago.

Chacho era el vecino, el Dr. Rossi, el que hablaba de budismo, de hinduismo, de pintura, de libros, del amor entre los seres, del cuidado que cada uno debía tener sobre el otro, de sus utopías, que se hicieron realidad.

Fue un luchador incansable en defensa del medio ambiente, el primero que habló de eutrofización y de desarrollo sustentable, cuando muy pocos sabían de qué estaba hablando este señor empeñado en salvar a un lago de su muerte.

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