Por Graciela Vázquez Moure
El mayor de esa familia de artistas, los Parra, creador de la antipoesía, era el poeta vivo más importante de la lengua y sin duda de Chile. Su libro Poemas y antipoemas, publicado en 1954, marcó un quiebre con la tradición del continente. Nació en 1914 en San Fabián de Alico, y vivió en el mundo.
Un sobrino declaró esta tarde de este martes 23 de enero, que en su ataúd dice Voy&Vuelvo, y que lo despedirán cantando y bailando, seguramente que disfrutará él también de esa despedida. La frase recuerda a un «artefacto» una cruz con una frase que expresa esta promesa, en una gran cruz realizada por Nicanor Parra en una exposición hace unos años.
Foto de la revista Estudios Públicos-2014-Raúl Zurita

Cuando recibió el Premio Neruda dijo: “Me querellaré contra quienes resulten responsables” el jurado expresó en el año 2012 cuando entregó el galardón del premio más importante de Chile “por su aporte al enriquecimiento del lenguaje poético latinoamericano, por su humor, su ironía y su mirada infatigablemente crítica».
Se formó en las ciencias exactas, física, matemática, quizás responsable de su escepticismo, algo similar a otro grande Ernesto Sábato, también con una larga vida y un signo de descreimiento que marcó su obra y su legado.
Nicanor era el mayor de nueve hermanos, entre ellos la inolvidable Violeta Parra. Todos hicieron honor al arte, pero además Nicanor llegó en 1932 a Santiago, y estudió Física en el Instituto Pedagógico y después en Estados Unidos.
Recibió premios que él mismo aceptaba regañando, irreverente, irónico, con sentido del humor pensaba que podía morir en cualquier momento, tenía 103 años. O quizás en un siglo, todos creían que era eterno y él decía que su persona, su poesía, era producto de la imaginación.
Poeta y antipoeta, una definición que solo él llevó por el mundo.
Quizás coincidía con otro grande de Chile, Pablo Neruda, al utilizar el «lenguaje del pueblo» que fue uno de sus grandes propósitos, es su poética, además de su temática, que pone al hombre común enfrentado a sus dilemas de la vida corriente. Nicanor Parra decía que no creaba nada, solo tomaba todo lo que existía a su alrededor.
Junto a Pablo Neruda

Estaba cansado de tanta vida y hace pocos años atrás dijo: «Yo quería seguir poetizando, pero se me terminó la inspiración» y casi al cumplir un siglo de vida expresó: «Ya no me queda nada por decir, todo lo que tenía que decir ha sido dicho no sé cuántas veces.” Quizás cansado de escucharse, pensando que su hermana lo espera, para unir sus voces, agotado de sus 103 años.
Cuando preguntaban si creía que podría ganar el Nobel, Parra no escatimaba en sus ironías “estoy más cerca de los cipreses que de los laureles” decía.
De todas formas muchos de los más importantes premios llegaron a sus manos, recibió el Premio Nacional de Literatura, en 1969; el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, en 1991 y el Premio Miguel de Cervantes, en 2011.
Sus últimos días tuvieron una muy mala experiencia, sus cuadernos de originales habían desaparecido de su casa y estaban a la venta. ¡Hay que robarle a un poeta! Y si… hay gente para todo y y en este caso parece que muy cercana, luego aparecieron, al menos se fue de este mundo recobrando parte de su tesoro.
Y así este 23 de enero de 2018 partió a encontrarse con Violeta, que seguramente lo estará esperando con una guitarra, con una propuesta de unir sus voces nuevamente, pero esa frase en su ataúd “Voy & Vuelvo”, deja una puerta abierta al regreso, quizás sea una promesa que cumpla.
Porque los poetas nunca mueren, quedan en el alma de la gente.