3 de febrero 2020
Por Graciela Vázquez Moure
San Martín de los Andes cumple 122 años desde su fundación. Fue un 4 de febrero cuando este rincón cordillerano fue reconocido como pueblo de Neuquén, de Argentina.
Y en cada una de las historias de sus habitantes yace la memoria. Es lo que nos impide cometer los mismos errores. La memoria está en aquellas fotos sepia que nos traslada a épocas pasadas. En ese pueblo en que las primeras casas recibían al viento patagónico, a los pobladores que llegaban, al sol.

La memoria nos permite recordar la imagen de la gente en el lago Lácar, las terrazas del pasado, la plaza, una veleta que gira con la brisa, un tronco que muestra su surco de recuerdos, la arena de la playa, el silicio guarda la creación mucho antes de ese 4 de febrero de 1898.
La ciudad tiene la memoria en los bailes callejeros, en los milenarios coihues, en las balsas que mostraban los troncos aserrados navegando el lago, las parejas bailando, riendo, amando. El hotel Lácar, la nieve hasta la rodilla
los viejos Ford recorriendo sus calles. La memoria nos lleva a recordar música y silbidos de hombres tardíos que
cruzaban las calles nevadas en madrugadas heladas. Una guerra que pudo ser entre hermanos en medio de la cordillera, también quedó plasmada. La memoria de aquellos apellidos que hoy se repiten en nuevas generaciones en un pueblo que fue ciudad, que quiso ser aldea y volvió a sus raíces.

En los hombres y mujeres de un pueblo originario que ya estaba antes de esa mañana de 1898, como el lago estaban, como los muros que fueron levantándose, dando la espalda al agua que en sus profundidades guarda secretos.

Esa es la memoria que recuerda a algunas mujeres de nuestro pueblo, solo cuatro de otras muchas, algunas de las miles que fueron. Y éstas son sus historias.
Josefina Ragusi de Orazi, le decían “Pepita”

Quien puede olvidar a esa mujer que fue una parte de este pueblo. Nacida y criada. Su elegancia, su paso por las calles de esta ciudad cordillerana que cobijó a la familia Ragusi desde sus abuelos y sus padres a principio del siglo 20, ambos Domingo y Antonio Ragusi, participaron de la intendencia del pueblo, su abuelo en 1915 y su padre en 1942 y también fueron parte de la comisión directiva de la Biblioteca Popular 9 de Julio.
Ella forjó su historia como docente, vocación que heredó de su madre una de las primeras maestras llegadas al pueblo desde San Luis, Raquel Gutiérrez siempre era mencionada en las charlas, rescatando su identidad perdida quizás por la fuerza que tuvo la familia de su padre Antonio Ragusi.
Claro en las charlas que mantuvimos a lo largo de los años Pepita rescataba a esa joven que había llegado desde la provincia puntana, con solo 22 años, en tren hasta Zapala y luego en un Ford T hasta este pequeño pueblo. Raquel y Antonio se casaron en el año 1922 y un año después nació Josefina, siempre contaba que había nacido en el hotel Lácar, otra parte de nuestra historia, y el médico que la recibió a la vida fue el Dr. Rodolfo Koessler que hacía solo tres años que residía en San Martín de los Andes.
Ella fue intendenta desde el año 1981 al 83, cuando con la llegada de la democracia entregó el mando a Juan Carlos Fontanive.
Fue declarada ciudadana ilustre por el Concejo Deliberante y el Ejecutivo Municipal en el 2010, el 4 de febrero fue destacada como personalidad de la ciudad en el gobierno de Luz Sapag.
Presidió la Asociación Gastronómica Hotelera, creó la Navidad Cordillerana, e impulsó la comisión del centenario junto a otros pobladores de la ciudad, planificando los festejos y gestando el Libro de los Cien Años del pueblo, fue presidenta de la Fundación San Martín de los Andes.
Falleció el 2 abril del 2018 a los 95 años.
Orgullosa de su historia familiar de pioneros, Josefina Ragusi dejó el mejor recuerdo en este que fue su pueblo, siempre.
Doña Filomena, así se la conoció siempre a Filomena Cayún
Filomena Cayún, la primera lonko de una comunidad mapuche en esta región y cuyo retrato está en la sala de sesiones del Concejo Deliberante, falleció a los 95 años en el año 2013. Filomena, nacida en 1918 y hablante del mapuzungun, fue una “Pillan Kuse”, anciana capacitada para ordenar ceremonias. Fue una de las mujeres tejedoras en telar y reconocida primera maestra de ese arte en la ciudad. Se la veía siempre caminando por el pueblo con las ropas de su cultura. En su casa en el cerro Curruhuinca tenía retratos de Eva Perón.
En su vida cuidó niños, trabajó como empleada en una conocida estancia, pero sobre todo dentro de la comunidad Cayún, doña Filomena enseñó a los más jóvenes como realizar ceremonias, el respeto hacia los símbolos de su cultura, y fue una mujer coherente con sus ideas y sus actos.
Cada charla con doña Filomena era un relato histórico, porque como ella llamaba a ese momento en que sus abuelos y su pueblo fueron perseguidos y atacados a fines del siglo 19, “la desgracia” así lo llamaba. Hablaba en “mapuzungun” pero siempre advertía que de niños sus hijos fueron obligados a no hablar su propia lengua. Sufrió con gran dignidad esa historia de antepasados, momento que huyeron por la cordillera “descalzos se escaparon, sufrieron la violencia y la persecución mis abuelos, fue la desgracia” decía en cada charla. Y recordaba con cariño a la familia Hozmann quienes en la estancia Quechuquina le enseñaron el castellano, a leer y a escribir cuando tenía 12 años y fue a cuidar a una de las niñas.
Siempre el recuerdo cariñoso por quienes la ayudaron, nunca el odio ni el rencor, solo la historia de sus antepasados que nunca se borró de su mente. La lana, los tejidos en el telar, incluso la política, era parte de su vida, fue como lonko quien recibió la cesión de las tierras de los Cayún a través de Parques Nacionales, en 1995 y esa historia nunca la borró de su memoria. Quienes vivimos ese momento histórico recordamos su felicidad, su agradecimiento por la compañía de los muchos que estuvimos en la tierra de los Cayún.
Caminó las calles de este pueblo cuando recién empezaba a tener sus instituciones, fue parte del paisaje, de las montañas y de la Piedra de Trompul, lugar donde se estableció la comunidad mapuche Cayún. Ella forma parte de la memoria de este pueblo.
La primera fotógrafa, la imagen más recordada Carlota Thumann
Fue una de las mujeres pioneras que dejó su legado en imágenes que aún hoy sorprenden, por su nivel artístico.
Era Lotte Fróhlich. Nació en Colonia, Alemania y llegó a San Martín de los Andes en la década del 40.
En el año 1937 llegó a Buenos Aires y con un vapor fluvial hasta Asunción. En Paraguay la esperaba Hans Thumann, con quien había mantenido comunicación epistolar. En ese país nacieron dos de sus hijos Tito y Gerardo. La malaria afectó la salud de su esposo y de uno de sus hijos, fue por ese motivo que cambiaron de clima y el destino fue Argentina. Misiones fue el primer lugar de residencia, y es allí donde su marido Hans le enseñó a tomar fotografías, él era fotógrafo, había aprendido en Asunción y ella comenzó con esta tarea que intercalaba con la de madre.
Y así fue que Carlota sigue su vida con Juan Thumann, ya comenzada la segunda guerra mundial.
Llegó a San Martín de los Andes en la década del 40 y acá se quedó hasta sus últimos días. Le gustaba la música clásica, leer, salir al campo. Carlota, todo lo que quiso lo hizo. Esquió en el Chapelco de aquellos años, cabalgó, ascendió al Lanín en la década del 60 buscando la imagen ideal. En su conocido Citroen celeste transitó las calles de San Martín de los Andes y dejó documentos fotográficos impresionantes de otros tiempos. Imagen y memoria se unieron en esta mujer que dejó su legado.
Luz María Sapag, una líder política que dejó su huella
Nació en Cutral Co en una familia de origen Sirio-Libanés, nada le fue sencillo en el camino para cumplir sus metas. Siendo mujer en una familia árabe en la que los hombres se imponían Luz Sapag debió sortear todo tipo de obstáculos, para llegar al lugar que finalmente logró en la política neuquina y a nivel nacional.
En 1987 incursionó en la política en San Martín de los Andes. Fue Secretaria de Gobierno de Raúl Miguel, que fue intendente hasta el 91. Allí fue el momento en que Luz se impuso teniendo los votos necesarios para llegar a la intendencia.
El Movimiento Popular Neuquino fundado por su padre Elías Sapag, y sus tíos, fue el marco para desarrollar su historia.
En su intendencia predominaron las mujeres, ella era una gran crítica del impedimento que tenía el sexo femenino para llegar a puestos de jerarquía. Defensora de los derechos de las mujeres, su carácter comenzó a fortalecerse con trabajo y objetivos claros.
En 1994 fue convencional constituyente para la reforma de Constitución Nacional, y meses después en 1995 llegó a su segundo mandato en la intendencia de San Martín de los Andes. Dejó el lineamiento político de Jorge Sobisch para sumarse al de su tío Felipe Sapag quien fue por quinta vez gobernador de Neuquén.
Luz Sapag impuso políticas de vanguardia en esa gestión. El desarrollo sustentable fue una de las premisas, el cuidado del medio ambiente y las alturas máximas de los edificios en el código de construcción, fueron las políticas de esa gestión. Al término de ese período fue diputada provincial, para dos años después ser elegida Senadora Nacional. Seis años de más fortalecimiento la llevaron a un tercer mandato como intendente. En el 2007 asumió esta nueva responsabilidad, ganó las elecciones con un 63% de votos, un número histórico. Asumió con más experiencia, más sólida en sus convicciones y con un marco de liderazgo político provincial que era notorio.
En los últimos meses antes del accidente Luz Sapag marcó serías diferencias con la conducción del MPN y en una de sus últimas declaraciones lo dejó en claro. “EL estado en el que se encuentra el partido; no se trata sólo de ganar las elecciones, sino de romper la apatía” dijo en un acto en Neuquén un mes antes de morir.
El 7 de julio del 2010 un trágico accidente volviendo de la ciudad de Neuquén acabó con su vida. Volvía con buenas noticias, iba a ser presidenta del MPN, lugar que la potenciaba como una futura candidata a gobernadora.
Ese fue el fin de una historia donde se conjugaron otras muchas cosas personales, pero el sesgo político fue la marca que llevó siempre hasta el final de sus días.
Es recordada como una mujer ejecutiva, trabajadora, con ideas claras y con vocación de servicio para su ciudad. Está en la memoria del pueblo que la recuerda como la mejor intendente por la política que llevó a cabo y la huella que dejó en esta ciudad que amaba.
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