6 de marzo 2016
Por Graciela Vázquez Moure
Luis Bravo tiene 81 años, vive en San Martín de los Andes desde la década del 50. Tenía 14 años cuando conoció a Pablo Neruda, sin saber que era el poeta chileno. Porque para todos era un ornitólogo, maderero y comunista.
En su casita al pie del cerro Curruhuinca, Don Luis recuerda una vez más aquél episodio que vivió junto a su padre José “Tito” Bravo y a sus hermanitos.
Es una tarde febrero en la que el viento hace lo suyo mientras que en la cocina dialogamos amistosamente, entretejiendo una charla en la que no faltó el humor.
Las vivencias llegan sin esfuerzo, quizás de tanto contarlas, la memoria se va construyendo año tras año. Y tal vez desde el año 99 cuando se cumplieron los 50 años del paso de Neruda por San Martín de los Andes, Don Luis empezó a ser consultado, como un eslabón de la historia viviente.
“El estaba con dos personas más, uno era Jorge Bellet, el otro no me acuerdo pero tenía un pantalón blanco y una campera de gamuza- Don Luis se refiere a Victor Bianchi otra de las personas que acompañaba a Neruda por el paso Ilpela o Lilpela, hacia San Martín de los Andes.
“Neruda estaba con un pantalón marrón y botas altas, llevaba un saco largo y un sombrero que lo usaba como si fuera mexicano” ríe mientras llegan los recuerdos.
Nació en Futrono, donde fue bautizado- aclara- y luego la vida se desarrolla en la cordillera y estudió hasta cuarto grado en el colegio de curas alemanes del mismo pueblo donde nació, pueblito pequeño cercano a la hacienda que manejaba su padre. Hasta los 17 años vivió en esa zona en la que los bosques y ríos de montaña creaban un clima paradisíaco, a pesar de la hostilidad del invierno.
Ingresa a San Martín de los Andes en 1953, llega a Lago Hermoso para trabajar, “era una colonia de puros alemanes en esos años” cuenta.
Puso los hitos en distintos lugares de la cordillera, caminando los terrenos difíciles, con mallines, sin caminos.
Habla de ese lugar geográfico, adverso en muchos momentos debido a un clima que suele ser hostil en el invierno, sin embargo cuando le pregunté qué significaba la cordillera, Don Luis respondió “es el bienestar de la persona”, una definición tan simple como profunda.
Solo un hombre que conocía de todo
-¿Ustedes no sabían quién era ese hombre, nada sospechaban?
-Nosotros no sabíamos que era Pablo Neruda, el que lo traía como baqueano era Juan González, que era yerno de mi papá que pertenecía a la compañía de José Rodríguez que además de hacienda con animales, era aserradero. Venía Juan Flores, Juvenal Flores y después se suma Juan Vivanco, lo llamaban Juan “Diablo”. Bellet administraba ese fundo. Lo que vimos es que era un hombre que conocía muchas cosas. Todos los baqueanos tenían 22 o 23 años, eran muy jóvenes.
-¿De dónde sale el apodo Juan “Diablo”?
– A Vivanco no lo habían bautizado y así lo llamaban. Fueron a buscarlo a Chihuío, para que se sumara al grupo, todos eran criados en la cordillera, pero Vivanco conocía la cordillera de memoria, era el más seguro de los tres, él era empleado de los Oporto, que vivían en las termas de Chihuío. Ellos ocupaban todo con los animales eran importantes como pobladores de la zona. Los tres Juanes, además de baqueanos eran hombres duros de montaña y los contrataban cuando en la hacienda pagaban jornales, nadie se les animaba y protegían a los administradores.
Foto de febrero de 1999. En Futrono cuando se conmemoraron los 50 años del paso de Neruda por el Lilpela. El de la izquierda es Juan Flores, uno de los tres Juanes- Junto a él, Ramón Quichiyao impulsor del evento, escritor y habitante de Futrono. Fotografía-Graciela Vázquez Moure
dibujo de los»tres Juanes» (foto fundación P.Neruda)
-¿Cuántos días se quedan en la casa?
-Ellos venían disparando, salieron de Hueinahue, pasaron con la lancha una parte del lago Maihue, los baqueanos le trajeron los caballos por tierra. La lancha era de la compañía Rodríguez que tenía tres o cuatro aserraderos. Nosotros andábamos en el campo y cuando llegamos a la casa, habían llegado los hombres, allí estaba Juan González, Juan Flores y le pidió a mi papá que se sumara Juan Vivanco, por el conocimiento que tenía de la cordillera. Mi papá también sabía mucho de campo y de animales, por eso lo contrataron. No había caminos, no había puentes y puro lomo de caballo eran los viajes. Hacíamos quesos, porque había muchas vacas que eran ordeñadas, éramos nueve hermanos, mi mamá se llamaba Emilia Torres y al año de llegar a la cordillera se enfermó y murió en Valdivia. El más chiquito tenía nueve meses. Nos criamos bien porque las termas nos brindaban agua caliente y nos bañábamos siempre.
– ¿Recuerda qué hicieron en esas horas que se refugiaron en la casa?
– Si mi madrastra les cocinó a todos. Comieron cordero con papas, a la noche se ponían en la matera y como traían una guitarra, Neruda rasgaba la guitarra y cantaban. En el día caminaba por el bosque.
-¿Cuándo se enteran que la persona que durmió en su casa era Pablo Neruda?
– Vinieron de Río Bueno gente que conocía a mi papá que venían a los baños, allí vino un turco que tenía un almacén cerca de Futrono y le dijo a mi papá “¿Pablo Neruda no pasó por acá?” Había pasado un mes y ya se sabía que estaba escapando de González Videla, el presidente de Chile que parecía que quería ponerlo preso, algunos decían que querían matarlo, pero lo supimos después, no sabíamos mucho de Neruda, en medio de la cordillera, no se sabía mucho y menos reconocerlo.
Pero Juan González, en la matera le dijo a mi papá que era un comunista que venía disparando, porque los “tres Juanes” no sabían quién era. Bellet venía muy nervioso, Neruda estaba muy tranquilo. Todos eran de Santiago de Chile, no conocían la cordillera, por eso los baqueanos fueron fundamentales. Tenían un jeep viejo, desde lago Ranco anduvieron por los caminos, después fue todo a caballo. Yo conocía Hua Hum, porque iba con mi papá a vender queso y comprábamos yerba y otras cosas que vendían en la hostería que ahora tienen los Herrera.
-¿Sabe si a Neruda lo esperaba una lancha en Hua Hum?
-Si ellos cabalgan tres días por el Lilpela, pasan por la zona de los Lerín y pudieron evadir todos los controles y los gendarmes le dieron la tarjeta para que pase. Los” tres Juanes” quedaron en la hostería de Hua Hum con los caballos y al otro día pegaron la vuelta. Sé que Neruda, Bellet y otro hombre que los acompañaba tomaron una lancha, me parece que era la de pasajeros.
Los recuerdos se entremezclan
Don Luis Bravo suma los recuerdos propios con la historia del poeta. En la larga charla surgieron episodios sucedidos en la estancia en lago Hermoso. Cuestiones de vivencias personales y el famoso “bailecito” que se hace en el Ilpela frente a la calavera, episodio que también narra Neruda y que aún se hace. Don Luis cuenta que ese bailecito es un rito que se hace en Chile cuando muere un niño en el campo “que es un angelito que sube al cielo”. En realidad los que murieron en ese lugar eran hombres a caballo que cruzaban siempre el Lilpela con animales, los agarró una nevada y allí quedaron. Para que no picoteen los pájaros se cubre con troncos y así fue. Quedó la pila de leños y cada uno suma alguno cuando pasa. El bailecito fue una cuestión que alguien sumó al lugar pero no es lo que se estila como ceremonia, solo debe hacerse cuando el que muere es un niño.
El relato de Jorge Bellet
Jorge Bellet administrador de la hacienda donde para Neruda en plena cordillera, también hace su relato y agrega interesantes datos de esa vivencia.
(…)En Valdivia cargamos gasolina y partimos hacia Futrono. Era una carretera que yo conocía muy bien, la hacía una vez a la semana. Allí tal como estaba programado, nos esperaba una embarcación de la empresa en la que yo trabajaba y que nos llevaría a Llifen, donde teníamos un jeep. En él viajamos hasta Los Llolles en el lago Maihue, en el que otra embarcación nos transportó a nuestro primer paradero, la Hacienda Hueinahue.
Habíamos cumplido la primera etapa. Neruda ya era Antonio Ruiz, el ornitólogo que se incorporaba a la administración de Hueinahue para aconsejar, y eventualmente ayudar, en esa hermosa empresa que era una de las primeras en incorporar la maquinaria y la técnica modernas en la explotación maderera en Chile. Debía prepararse para un largo y accidentado viaje; volver a montar a caballo, lo que no hacía desde su niñez cuarenta años atrás. Pero el tiempo era hermoso y el paraje fascinante. Además, la policía más cercana estaba a un lago y 12 kilómetros de carretera de distancia, en Llifen.
El tiempo estaba muy bueno, lo que nos permitió llegar pronto al lado argentino. Allí la bajada ofrece mucho mejores condiciones, la vegetación aparece más ordenada. En San Martín de Los Andes hay un jefe de Parques Nacionales que recorre y cuida con cierta regularidad toda la zona. Al atardecer estábamos en Huahum al costado poniente del lago Lacar, a unos quinientos metros del último retén fronterizo chileno. No hubo problemas en el control de los policías argentinos, y hacia el final de la tarde abordamos en uno de sus últimos viajes la lancha que cruza el lago para alcanzar a San Martín de Los Andes. (…)
En este relato queda prácticamente aclarado que Pablo Neruda llega a San Martín de los Andes por el lago Lacar desde Hua Hum. La otra historia que en algún momento publicamos por un relato de un poblador de San Martín de los Andes, que habría llegado a caballo y que por una noche se hospedó en la Vega, queda desechada con el relato de Bellet.
En otros relatos se habla de los caballos, incluso lo menciona en la biografía que Volodia Teitlboim- amigo del poeta- escribe y dice que entraron a San Martín de los Andes a caballo.
Por Graciela Vázquez Moure- http://www.desdeelsurdigital.com.ar/?cat=1&paged=2
Por Graciela Vázquez Moure
“Mis discursos se tornaron violentos y la sala siempre estaba llena para escucharme. Pronto se pidió y se obtuvo mi desafuero y se ordenó a la policía mi detención”.
http://www.desdeelsurdigital.com.ar/?cat=1&paged=7
Por Graciela Vázquez Moure
http://www.desdeelsurdigital.com.ar/?p=617
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