Por Graciela Vázquez Moure
Olvidados en el tiempo, muchos de esos hombres y mujeres que trabajaron en un pueblo cordillerano que recién comenzaba a formarse con sus instituciones, sus alternativas de comercio y su esperanza en un futuro promisorio, hoy retornan con su imagen cuando San Martín de los Andes cumple este 4 de febrero de 2018, 120 años.
Veinte han pasado de aquél centenario que fue motivo de festejos y alegría. Sigue siendo ese slogan que atesoró en sus primeras décadas, una realidad vigente.
“Donde estuvo el paraíso” tal vez se convierte en estos tiempos convulsionados, en un eterno presente.
Es que sigue estando el paraíso en su naturaleza, su belleza paisajística, sus lagos, montañas, y sus cielos.

En este aniversario Desde el Sur Digital decidió recordar a quienes hacían su trabajo con esmero, relacionándose con los vecinos, que en ese entonces solo eran unos pocos miles.
Detrás de cada muro, de cada ventana de esas casas, existía una historia. Tanto de los integrantes del pueblo Mapuche que ya estaban en estas tierras en el momento de la fundación, 1898, como de los primeros habitantes pioneros que llegaron de tierras lejanas atravesando los caminos patagónicos, sendas difíciles donde dejaron su huella.
Quienes llegaron a este valle cordillerano descubrieron que el paraíso dejaba de ser una parábola, para constituirse en una realidad visible. Recordamos una vez más que españoles, sirio libaneses, holandeses, italianos y franceses se integraron a la Comunidad Mapuche Curruhuinca y a los criollos que habitaban las tierras. Entonces surgieron las instituciones en las primeras décadas, no podemos olvidar que la Biblioteca Popular 9 de Julio el año pasado cumplió un siglo de historia, su primera comisión también forjó el futuro de una institución.
-primera comisión directiva 1917-

Pero cada día las jangadas llegaban a la orilla del lago Lacár. Los rollizos del bosque nativo eran trasladados desde los aserraderos. A principio del siglo 20 se inicia la actividad maderera con la llegada de los colonos.
Así el pueblo iba conformándose en comunidad, un lugar para todos, un espacio en el que la convivencia no siempre era idílica, pero avanzaba hacia el entendimiento.

Llegaron los primeros médicos, un trabajo con vocación dedicado a la salud. Entonces el primer médico el Dr. Ekerlin, atendió a la población en sus primeros años desde la fundación del pueblo junto al ejército, pero luego al retirarse este facultativo los habitantes quedaron sin atención médica, hasta la llegada del Dr. Rodolfo Koessler, fue en 1920 cuando el recordado médico comenzó a atender en su casa que aún sigue como testimonio de una época. Rodolfo Koessler vio nacer a gran parte de los nacidos y criados de las primeras décadas del siglo 20. Luego llegó el Dr. Ernesto Núñez, el primer médico civil argentino a través de salud pública, en 1932 llega y crea junto a otros pobladores e instituciones, la primera Sala de primeros auxilios y luego en 1934 se convierte en la Asistencia Pública. Entorno a esta casa de madera que es patrimonio arquitectónico, se edificó el actual hospital.
Dr. Koessler-Berta Koessler con sus hijos y Dr. Ernesto Núñez con su equipo en la puerta de Salud Pública

Un trabajo de salvar vidas, que convivió con otros como los catangos que llevaban la leña a las casas que en medio del pueblo se preparaban para el frío, para alimentar las cocinas económicas o para mantener el fuego en las salamandras y hogares a leña.

Cada mañana pasaba el
lechero, así sus tarros con leche recién ordeñada llegaban a la mesa de los pobladores.

Años después cuando el Municipio comienza a desarrollar su historia el camión regador, conducido por Isidoro Muñoz, aplacaba la tierra que levantaban los fuertes vientos cordilleranos. Fueron también los primeros hombres que limpiaban las calles diseñadas por el Cnel. Rohde, como cuadrículas perfectas, quienes saludaban cada mañana a la gente de la comarca.

La vieja usina, que dio luz al pueblo, esa que aún resiste el paso del tiempo con reciclados y proyectos no concretados. Antes estuvo presente la primera usina del francés Gabriel Saurel y Tossi, quienes abastecían de alumbrado público durante unas horas con un trabajo esforzado. La vieja usina vive su historia a la vera del arroyo Calbuco, con sus aguas exuberantes que serpentean la montaña.


En la década del 30 llega Parques Nacionales que transformó la economía restringiendo la actividad maderera y empezando a desarrollar un futuro sustentable. Corría el año 1937.
Primeros guardaparques década del 40

Hoy su edificio convertido en Museo y Centro de Visitantes, construido en el año 1946, Fue declarado monumento histórico nacional, respondiendo al típico estilo del arquitecto Alejandro Bustillo. Los primeros guardaparques y trabajadores en distintas áreas, también quedaron plasmados en esta historia.
Pero además hubo constructores, aquellos que también dejaron su estilo, solo por nombrar a uno de ellos recordamos a René Pravatto un italiano que llegó con 24 años para construir el edificio donde se instaló por primera vez el Banco Nación. Una historia que incluye a picapedreros que trabajaban en la construcción. La segunda obra fue la de Gral. Roca y Sarmiento la casa de la familia Chidiak, donde hoy está Cotesma, su Museo y Centro de Estudios. Así surgieron luego muchas otras.
René Pravato con Esperan
za Cárdenas
Los vehículos pisanieve, que en sus primeras décadas cumplieron una función importante en el cerro Chapelco y en la ciudad, como lo es hoy con quienes todos los inviernos realizan esta tarea.

En los años 40 llegó Rosalino Contreras desde Temuco, Chile. Dejó a su familia en su país y vino para probar suerte. Su trabajo fue la reparación y fabricación de calzado. Fotos y cartas cruzaban la cordillera. Cuando se constituyó en la única fábrica, trajo a su familia. Hoy su hija Elsi, sigue el oficio de compostura de calzado, en la misma casa en la calle Mascardi.
Rosalindo Contreras con su familia

Así rendimos homenaje solo a algunos de todos aquellos que forjaron con su trabajo este pueblo cordillerano, que fue ciudad y quiso volver a ser aldea de montaña en la década del 90. Hoy San Martín de los Andes es una ciudad de 30 mil habitantes, según el último censo del 2010. Considerando que la proyección es de un 20% de crecimiento en una década, podríamos decir que sus habitantes serán 35 mil aproximadamente en estos tiempos.
Una ciudad que crece en el turismo, y trata de mantener esa identidad de pueblo de montaña. Esquí, andinismo, trekking, turismo aventura, pesca, contemplación, circuitos turísticos, playa en el verano en sus maravillosos lagos, todo está en este rincón de la cordillera, Patagonia Argentina.
Solo nos queda decir: Feliz Cumpleaños San Martín de los Andes y a toda su gente que no pierda la capacidad de asombro porque el Paraíso Existe en este maravilloso sur neuquino.

Fotografías: La Bandurria-Graciela Vázquez Moure- Colección Casa Thumann- Guardaparques- PNL- y un agradecimiento especial al fotógrafo Santiago Gaudio