Por Graciela Vázquez Moure
Y todo empezó el 15 de marzo con la frase: “Estamos libres de virus y libres de turistas”
La situación se tensa cada día más. La cuerda se puede cortar en el momento menos pensado. Cada uno tira para su lado. Las decisiones llegan a medias, se abre la micro región pero falta el decreto que lo concrete, al menos con Villa La Angostura y con Traful.
Se anuncia la apertura de los hoteles, pero no abren, porque falta el decreto que lo concrete, pero además falta lo esencial: turistas y huéspedes que se alojen y entonces para qué abrir.
Se festeja que una familia de Junín de los Andes podría alojarse un fin de semana en la localidad, sin comentarios.
Se hace una promoción para empleados del Estado, pero no sabemos de dónde vendrían.
Del Valle, no. De Neuquén menos, de Aluminé tampoco ¿de dónde?
Se envía una dura nota desde las cámaras e instituciones turísticas, en la que además de solicitudes que se hicieron una y mil veces desde hace cuatro meses, incluye en este caso una postura del Dr. Juan Cabrera, postura que tiene mucha gente del área del salud, que podrían venir de provincias o localidades que no tienen circulación del virus desde hace semanas, por ejemplo San Juan. Yo sumaría La Pampa, Rosario, Córdoba, por ejemplo. Pero el Dr. Cabrera dice que lo sacaron de contexto, en realidad forma parte de sus análisis en la reunión del ENSATUR, y todo lo que ahí se expresa queda en actas y forma parte de la información pública que cualquiera de nosotros podría pedir. Y entonces digo, el director del hospital, como los integrantes de Salud que esto lo comentan en pasillos, podrían hacerlo en forma concreta ante el gobernador de la provincia y así blanqueamos el pensamiento y avanzamos un casillero.
Y entonces se empieza a producir un choque y tironeo de posturas entre sectores de la comunidad.
Yo le propongo a los políticos nacionales, provinciales, locales, que hagan un ejercicio: no toquen sus cuentas bancarias, no dejen que sus esposas dispongan del dinero durante un mes: Den vuelta sus bolsillos y que de ellos no caiga ni una moneda.
Coman con la caja de alimentos que sin duda es una ayuda, pero es eso nada más.
Cuando sus hijos les digan que quieren una fruta díganles que no hay. No hay carne, ni pollo, ni nada más que lo que contiene la caja. Miren hacia adelante y vean que no pueden proyectar porque nada hay para proyectar solo la incertidumbre.
Háganlo y digan que se siente, es ponerse en el lugar del otro, utilizando una palabra de moda: empatía.
A las comunidades Mapuches, que se rumorea que si abre el cerro cortarán el camino, podría decirles que no tiren de la cuerda. El ánimo está caldeado, saturado, sin mucho margen y no sería bueno que se desate la violencia como ha pasado en otros años, con mucho menos motivos.
Y a quienes ven en el otro un amigo conocido y en el desconocido una amenaza, que empiecen a darse cuenta que este virus maldito llegó para quedarse al menos hasta que una vacuna nos proteja.
Meses, no sabemos cuántos, mientras tanto seguiremos escuchando la palabra muerte mil veces al día en los medios de comunicación, y así perdemos el control del peligro y esa amenaza continua y se convierte en fobia, traumas, acciones locas e incomprensibles.
Vuelvo al principio, quedarse sin nada, a los políticos, digo, hagan la prueba y digan que se siente al perder el trabajo, al cerrar un comercio, a no tener proyección, ni certezas, a pensar que lo que sigue es un tapper y una fila frente a un comedor comunitario.



