Cada espacio nos marca con su historia. Inauguraron la ampliación del Museo Primeros Pobladores

Fue el jueves 14 de mayo en que el museo de San Martín de los Andes, recibió la visita de  antiguos pobladores y vecinos que se acercaron para conocer la muestra “Así era mi pueblo”,   expuesta  en el marco de la inauguración de la ampliación del Museo Primeros Pobladores.

Hermosas fotos que nos muestran el San Martín de los Andes de las primeras décadas, libros y publicaciones que exponen textos de otros tiempos, y fotografías que cuentan historias del esquí en cerro Chapelco, de la vida en este pueblo cordillerano, todo integrando la nueva sala que se llamará Carlota Thumann.

Foto del circuito Arrayán en la década del 30)

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La ampliación que tuvo un costo de 300 mil pesos, fue construida por personal de obras públicas del municipio, con el aporte de materiales de Asociación Amigos del Museo.   Se incluye una nueva sala, un baño y cocina.   Esto permitirá regularizar el horario de atención que será de 8 a 17

 

Armando balsas en el lago Lacar para el traslado de tollizos

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Chapelco década del 40 a la izquierda Federico Graeff

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Con la presencia del intendente Fernández y funcionarios municipales, la inauguración tuvo el encanto del  reencuentro de los vecinos que comentaban cada una de las imágenes, recordando el pasado.

foto en museo                                                                            Intendente Juan Carlos Fernández y Graciela Vázquez Moure (desde el sur digita)

antiguos pobladores

Doña Yolanda Curruhuinca, Mabel Martínez (Asoc. Amigos del Museo) Maclovia Torres y Eberardo Hoepke- (Foto Asoc. amigos del Museo)

“Así era mi pueblo”, es una muestra fotográfica montada y coordinada por el área de Patrimonio del municipio,  que no hay que perderse, porque ella nos remonta a esos años en que se forjó un pueblo que cumplió 117 años en febrero y que no solo nos entrega cada día esos valores intangibles relacionados con el paisaje maravilloso, sino que a través del documento gráfico nos remite a los hombres y mujeres que  hicieron posible esta realidad que vivimos en la vida cotidiana.

(foto museo: Matías Quirno Costa)

(fotos antiguas expuestas en la muestra Así era mi pueblo)

Carlos Lozada Acuña en el recuerdo

 

Por Graciela Vázquez Moure

Era un hombre que  guardaba en su mente esa preciosa tarea de recordar la historia de nuestra ciudad. Es que para Carlos Lozada Acuña, San Martín de los Andes fue su lugar en el mundo, aquí vivió durante gran parte de su vida y  hasta el momento de su muerte en el año 2009, cuando tenía 91 años.

Era una persona afable, cordial, muy formal en su trato. Conocía profundamente muchos secretos del pueblo. Aclaraba cuando algún recuerdo se alejaba de la realidad. Era preciso en lo histórico.

Don Carlos, fue vice intendente en el año 1947  del Parque Nacional Lanín, y luego en el año 59 fue intendente. En ese transcurrir del tiempo muchos fueron los cambios en las áreas de conservación de Parques Nacionales y en ese paso por la historia,  según me dijo en febrero del 2006 en una entrevista que hice para el suplemento aniversario del pueblo,  en el periódico La Bandurria : “no hemos perdido nada, sino que ganamos”.

Para él llevar el conocimiento de la conservación del medio ambiente fue fundamental, para preservar  la biodiversidad.

Fue además intendente de los Parques Nacionales Alerces, Perito Moreno, Nahuel Huapi y Glaciares además del Lanín, entre los años 1947 al 69.

Entre charla y charla, Don Carlos no dejaba de admitir el gran impacto que los pobladores sufrieron con la llegada de Parques Nacionales a la región “cuando llegó la administración en la década del 30 todo se transformó. La tenencia de animales, la explotación del bosque que sustentaba los aserraderos”  decía entre sus claras ideas. Pero en muchas ocasiones el hijo de ese poblador se constituyó en  guardaparque y fue así que los pobladores empezaron a comprender la política de conservación.

Era un amante de lo que había sido gran parte de sus objetivos de vida y trabajo. Carlos Lozada Acuña no dejaba de admitir que Parques Nacionales fue el que construyó los caminos, mejoró zonas inaccesibles “llegar a algunos lugares de Neuquén o en el caso de Chubut o Río Negro, era imposible, con la llegada de los caminos construidos por Parques, esto fue cambiando, no olvidemos que hablamos de la década del 30 y el 40, en que la Patagonia no tenía infraestructura ni en rutas ni en servicios” admitía.

Contó en aquella entrevista sobre la construcción de hoteles, de accesos y propuestas que permitían  “que llegara desde Buenos Aires la elite que viajaba a Europa,  esos grupos podían volcarse al sur para pasar sus vacaciones, pero para eso se requerían comodidades a las que ese segmento social estaba acostumbrado” recordaba.

Carlos Lozada Acuña fue parte de un momento histórico, que se cuidaba mucho de relatar, porque si algo tenía era la sabiduría de  la humildad.  Prefería el perfil bajo.

Ese momento al que me refiero fue el contacto con el escritor Ernesto Sábato, quien terminó su obra “Sobre héroes y tumbas” en la seccional de Parques de la zona de Epulafquen.

Sábato recorrió la Patagonia con un gran amigo, el ingeniero forestal  Lucas Tortorelli. Este hombre era reconocido por sus investigaciones de los bosques nativos.

Fue a través de él que se  gestionó la posibilidad de  que  el reconocido escritor, se hospedara con su mujer Matilde Kusminsky y allí   escribió  el final de  “Sobre héroes y tumbas”.

La belleza del lugar había hecho cambiar el final de su obra. Esto confesó el Sábato  en una de sus cartas.

Esa carta  que  Don Carlos, decía tener pero siempre admitía que debía buscar, quizás su continuo cuidado de no decaer en este rasgo de humildad, no le permitía hacerla pública.

carta de sabato

La carta se conoció en una presentación que la escritora y periodista Ana María de Mena hizo conocer a través de las hijas de Lozada Acuña, en ese momento se  conocieron los elogios que Sábato hacía a quien consideraba un amigo y anfitrión.

 

La mística del trabajo de Parques

 

foto tomada en febrero del 2006 para  el suplemento aniversario del pueblo. La Bandurria

lozada acuña retocada

En aquellos años, los primeros de la institución don Carlos asignaba un rótulo al trabajo de Parques “las áreas de camping estaban perfectas, cuidadas, limpias, respetadas, había una mística especial, se ganó en muchos aspectos pero se perdieron otros.  Quizás esa sea la palabra: mística, la que teníamos todos los que incorporamos conciencia ambiental” decía convencido de que solo parado frente a este concepto se logran más objetivos que enriquecen a todos.

El 11 de mayo se cumplieron  78 años de la creación del Parque Nacional Lanín, conjuntamente con otros tres Parques Nacionales Patagónicos. En todos ellos estuvo Lozada Acuña dirigiendo sus destinos: Los Glaciares, Los Alerces y Perito Moreno.

 

Paimún el elegido

Para este ex intendente de varios Parques Nacionales, toda la zona era admirable por su belleza, pero confesó en aquella entrevista que tenía un elegido entre las 412.000 hectáreas.

Paimún es el lugar entre todos los que amo”- decía.  Pero también citaba otra zona la de Ñorquinco, que destacaba “es un sagrario  de araucarias, es un reducto de miles de años, es un paisaje que incluye rasgos geológicos que siempre me impresionó mucho”.

ñorquinco

Lamentablemente a nueve años de esta entrevista, esa “especie de sagrario” como él lo denominaba se quemó en gran parte con los incendios del verano del 2014. Muchos de esos ejemplares milenarios ahora son cenizas.

Aspiraba a que antes de irse de este mundo pudiera ver la ruta de los Siete Lagos asfaltada en su totalidad. Lamentablemente ese deseo no fue cumplido. Hace seis años que partió y la ruta recién ahora  ha sido concluida.

Desde el Sur Digital, quiso recordarlo.  Solo es una mínima parte de su vida, no entramos en el conocimiento maderero y forestal que tenía, en las descripciones de las obras y de los logros del conservacionismo.  Es una pintura de su imagen y de su pensamiento.

Ese recuerdo de esa entrevista con don Carlos, que fue en el jardín de la calle Rohde,  nos sentamos debajo de uno de los árboles de su jardín impecable, tomamos agua fresca para enfrentar la tarde calurosa de febrero,  me dijo que era un placer dialogar conmigo, siempre lo hacíamos por teléfono o a través de mails que enviaba haciendo comentarios por las notas de La Bandurria.

Hoy, Don Carlos,  el placer es mío por recordar esta pequeña historia de un hombre  que dejó su huella profunda en San Martín de los Andes.

 

 

 

 

 

 

 

 

Era andinista, vivió en San Martín de los Andes y estaba en el Osorno cuando explotó el Calbuco en 1929. El relato de Ilse von Rentzell de Atkinson durante la erupción

Por Graciela Vázquez Moure

 Vivió en San Martín de los Andes donde murió en 1985. Fue la primera mujer que pisó los hielos continentales. Una andinista elogiada por otros alemanes que descubrieron en ella una compañera de ley.

Ilse von Rentzell de Atkinson vivió una verdadera aventura en la madrugada del 6 de enero de 1929.

Es que en ese momento estaba en una carpa en el volcán Osorno, junto a Federico Reichert , otro gran andinista.

Los dos escalaban el Osorno y cuenta la tremenda experiencia. El volcán que en estos momentos acosa a Chile y a las ciudades patagónicas, hacía una gran erupción, sorpresiva como  fue la del 22 de abril.

Con una diferencia, en aquellos tiempos no existía el monitoreo de volcanes, ni los adelantos científicos que existen ahora. A pesar de ello, lo intempestivo sigue siendo  el comportamiento del Calbuco.

100_1549                                                                                                               volcan Osorno

Ilse von Rentzell participante de varias expediciones de Federico Reichert, ascendió en enero de 1929, la cima del Volcán Osorno, 2.660 metros, en el Sur de Chile.

En el libro de Reichert, “En la cima de las montañas y de la vida” relata:

“En las últimas horas del 5 de enero de 1929, no solo yo, sino también, mi compañera de andinismo Ilse, decidimos que el Día de Reyes, lo emplearíamos en el escalamiento de aquellas montañas que nos ofrecían tan bello panorama y que, cual elegantes riscos rodean mi finca, y que habríamos de trepar al picacho del cerro Derrumbe, cuya altura es de 1.500 metros. Las perspectivas de salir airoso eran favorables, sobre todo porque no había ninguna nubecilla que tornara opaca el firmamento ni corría brisa alguna. Sin embargo, ocurrió que en ese día de tan notable brillantez, el barómetro estaba registrando un descenso pronunciado que no encontraba fácil explicación. A despecho de esa depresión a todas luces anormal, emprendimos la marcha con miras a llegar a la orilla opuesta del lago, que se hallaba alrededor de cuarenta minutos de distancia de nuestra casa si viajábamos en un bote a remo, para emprender luego el ascenso a partir de ese punto. Antes que llegara la noche ya habíamos ascendido hasta una altura de 1.200 metros y allí pernotamos en una colchoneta de musgos del bosque. Allá arriba brillaban las estrellas”

Sigue el relato revelando que a  las dos de la mañana, los despertó “un ruido tan típico como raro. Seguimos espiando y de pronto descubrimos la aparición de un banco de nubes que surgía como algo denso, negro, fatídico, que iba aproximándose aceleradamente desde el Oeste; acto continuo notamos una modificación de las condiciones atmosféricas que se hacía visible cuando uno respiraba. Al principio supuse que se trataba de una tormenta, pese que estas son raras en aquellos alrededores”

Los andinistas quedaron en la carpa esperando que pasara lo que suponían iba a ser una copiosa lluvia.

Pero no. Algo más tremendo estaba sucediendo a solo 15km del Osorno.

“A decir verdad, las nubes se volvían más y más densas y ya iba velándose todo en derredor de la cumbre del Derrumbe, cuando súbitamente se oyó a lo lejos una fuerte detonación, cuyo estruendo ya nada tenía que ver con los truenos que acompañan los temporales. ¡Vaya si llovía! ¡Pero una lluvia seca! Frente a semejante fenómeno decidimos dar media vuelta, embarcarnos en el bote y regresar a casa con máxima premura. Al cabo de poco rato, al ir descendiendo luego de habernos puesto en marcha aproximadamente a las siete de la mañana, comenzamos a extrañarnos.”

Pero tanto Federico como Ilse a medida que descendían de la montaña la tenue llovizna se convirtió en caída copiosa de cenizas

“Nos dimos cuenta que aquello, no podía proceder sino del volcán Calbuco, situado entre 15 y 20 kilómetros en línea recta desde nuestra finca; era el único de los numerosos volcanes que entraba en actividad periódicamente. La creciente penumbra fue transformándose en verdaderas tinieblas, y cuando a eso de las nueve de la mañana llegamos a la orilla del lago donde permanecía el bote, la bahía de Cayutue había pasado del día a la noche, y únicamente hacia el Norte quedaba todavía algún haz de rayos luminosos. Entretanto, seguía cayendo una lluvia de cenizas cada vez más intensa. Con la máxima premura ocupamos la embarcación y remamos vigorosamente en dirección a la casa del bosque que, dicho sea de paso, ya estaba irreconocible por la oscuridad impenetrable. Estuvimos cuando menos diez minutos embarcados y durante ese lapso también, desapareció la pizca de luz del Norte y nos rodearon las tinieblas absolutas. En tales circunstancias seguimos remando como ciegos y sin ocultar que estábamos taciturnos.”

volcán Calbuco en plena erupción en abril

calbuco actual

Ambos andinistas siguieron remando en medio de la gran erupción. Era noche cerrada a pesar de que ya era el mediodía. Buscaban la costa en el medio del lago para llegar a la cabaña de Reichert.

Era al la oscuridad que a penas se veían entre ellos e Ilse al ver una lucecita preguntó si su compañero estaba fumando.

Reichert cuenta que se dio vuelta en el bote y descubrió que un haz de luz rodeaba la embarcación. El sol se había hecho un espacio entre las densas nubes y el mediodía parecía hacerse notar.

Pudieron ver  así que las cenizas que seguían cayendo ya habían  cubierto al bote con una capa de varios milímetros de espesor.

 

Los fuegos de San Telmo

“Nos hallábamos, pues, envueltos como por alta tensión eléctrica; los fuegos de San Telmo brotaban por todos los hilos de nuestra ropa, y la cabeza rubia que flotaba detrás mí estaba rodeada por un halo celestial. Ocurría lo mismo que presencié allá en la cumbre del Uschba caucásico y que más de una vez vi en los Alpes. Ya llevábamos una hora de viaje, y sin embargo el bote no llegaba a tierra. Las aguas del lago parecían ser de plomo; el aire era denso y pegajoso; el viaje se estaba volviendo fatídico. ¡Ea! Que de pronto una luz deslumbrante como si fuese un rayo rasgó las sombras! Más no se trataba de un relámpago normal. Por encima de nuestras cabezas se alzó, una bola de fuego que casi al instante hizo explosión con ruido espantoso seguido por la desaparición del efecto luminoso.

Ilse y  Federico pudieron ver el mismo espectáculo que en la madrugada del 23 de abril vinos muchos de nosotros. Algunos en directo desde Puerto Varas o puerto Montt en Chile, otros como en mi caso en directo por las imágenes de la televisión chilena.

La explosión del Calbuco fue en 1929 espectacular, tanto como sucedió en abril del 2015, hace unos pocos días.

 Aquello fue un relámpago esférico, “el primero y el último que me haya sido dado ver en toda mi vida. Tras el estallido- cuenta Reichert- se produjo un equilibrio eléctrico, se fueron apagando los fuegos de San Telmo y una vez más, nos vimos envueltos por las tinieblas. El lóbrego viaje en góndola iba prolongándose más y más, pero ya volvía a aumentar la carga eléctrica y renacían los resplandores carentes de llama. Llevábamos dos horas completas en el lago, sin lograr alcanzar la costa. ¡Ah, por fin, un brusco cataplum nos anunció que habíamos chocado con algo y que estábamos encallados! Las tinieblas eran tan completas que para pisar el suelo tuvimos que prender fósforos y luego andar a tientas. Cuando consulté mi reloj, dije a mi acompañante: Piense señora, que son las once de la mañana del 6 de enero y estamos en pleno verano. Creíamos erróneamente estar en la costa del lago, correspondiente a mi propiedad. Por fortuna no hicimos ninguna tentativa de avanzar en dirección a la casa, cosa que habría sido imposible con semejantes tinieblas”

                                                                                            volcán Calbuco en la madrugada del 23 de abril del 2015calbuco tres

 

Era como Sodoma y Gomorra

Permanecieron sentados durante una buena media hora sobre un tronco de árbol; ”no podíamos dejar de pensar en Sodoma y Gomorra, y allí estábamos representando el papel Lot y la mujer de Lot. Solo unos cuantos minutos antes del mediodía empezó a aclarar débilmente y ya se comenzaban a ver los contornos de cuanto teníamos más cerca. No fue poco la sorpresa que tuvimos al comprobar que de ningún modo estábamos en mi finca; más aún, que permanecíamos en el punto desde donde partimos y que con seguridad anduvimos trazando espirales en el agua o dibujando el número ocho.  La claridad renació con celeridad y entonces se presentó el paisaje vistiendo su toga de cenizas que le había colocado la noche de la erupción. La vista era sencillamente desoladora y desesperante. La bahía antes tan bella y siempre vestida de verde nos ofrecía un cuadro de desierto, de páramo; el cuadro de la muerte. La superficie de agua, lisa como si estuviese cubierta por una capa de aceite, estaba llena de cadáveres de insectos y aves. Los bosques gigantescos tenían todas sus hojas cubiertas por espeso polvo de lava de tinte gris-ceniza. La nieve de las altas montañas se había transformado en suciedad. Todas las flores se había marchitado; las verduras que ayer mismo se veían hermosas en la huerta, parecían agachar la cabeza. Y como no llovió durante mucho tiempo, la cosecha se arruinó. El ganado despreciaba el forraje cubierto de piedra pómez, y como no tenía nada que comer, comenzó a enflaquecer. Las gallinas no ponían huevos, y el cándido optimista que se atrevió a dar a su rincón selvático el nombre de jardín del edén tuvo que reconocer, mientras avanzaba por sus dominios cubiertos por centímetro y medio de cenizas, que ciertamente no vivía en el cielo sino muy cerca del baño del Satanás. El resultado arrojado por el análisis hecho ulteriormente del material llovido como chisporroteo, fue, cuando menos, alentador en vista de que con el polvillo cayó algo de calcio y ácido fosfórico, cuerpos que la lluvia verdadera, que afortunadamente llegó después, habría de incorporar al suelo, pese a que esas gotitas homeopáticas no podrían curar el mal. Transcurrieron meses enteros antes de que se restablecieran las condiciones normales de la vegetación, que el bosque se vistiera de verde, que los animales se alimentaran en debida forma y que brotaran nuevamente las plantas de las legumbres en la huerta”.

 

El demonio de fuego

 

Así denomina Reichert al Calbuco en su relato, dice que así era conocido en aquellos años 20 del siglo pasado. Ese  6 de enero de 1929, no habría podido simbolizar mejor, “bajo una forma teatral el Crepúsculo de los Dioses, la ruina del planeta chapucero. Para calmar la curiosidad decidí volver a trepar, acompañado por Ilse von Rentzell y un joven, faldas arriba del vecino Volcán Osorno, desde cuya cima era posible observar en óptimas condiciones toda la zona sembrada de cenizas y lava. Bien sabía yo que un escalamiento de ese coloso no era sino un mero simulacro de un paseo alpino, un trabajo que habría de durar pocas horas y que se corona con una partida alegre deslizándose sentado sobre la nieve. El proyecto se convirtió en realidad, el 20 de enero de 1929, trepamos todos sudorosos, pendiente arriba del cono hasta alcanzar su capuchón de hielo. Si entonces alguien me hubiese dicho lo que nos esperaba, con toda seguridad hubiese dado media vuelta al instante y renunciado a todo afán de exploración o a la mera curiosidad. Solo que ante mi no había nada extraordinario que nos hiciera la advertencia; apenas alguna cosa podía captarse con la mirada desde lejos. La cúpula de nieve antes tan bella y de blancura luminosa de la montaña cónica ya no existía. Después de la erupción del Calbuco, era negra, sucia, por el esparcimiento de ceniza y pequeños montículos de piedras. Cuando finalmente llegamos al hielo, descubrimos que por un proceso de irradiación y por elevado calor específico del material en ruinas, las piedras habían penetrado en la masa gélida, y comprobamos que con la helada producida durante la noche, se había creado una base de cemento-hielo-piedra de extraordinaria dureza. Si bien es verdad que en condiciones normales uno puede alcanzar la cima del Osorno, desde el borde de su capucha de nieve, luego de caminar apenas cuatro horas, lo cierto es que en esa ocasión la tarea nos exigió el triple de ese tiempo, porque fue necesario ir tallando escalones en el mencionado cemento de hielo. Por fin llegamos, a las cinco de la tarde, al vértice del bonete cónico sucio.

 

El impacto había llegado hasta el Tronador

 

Ilse y Federico amaban la montaña y en ese intento de ver cómo había quedado el paisaje descubrieron que bastó una “mirada en derredor para que nos diéramos cuenta de que la violencia máxima de la erupción había afectado principalmente la zona Oriental, ya que todos los ventisqueros y la corona del tal alejado Tronador, estaban cubiertos de suciedad y ceniza. Al descargar sus iras, el Calbuco mismo había vomitado de tal forma, que el aspecto de la faz de su cumbre presentaba una fisonomía muy distinta. En vista de que la escalinata tallada, para el descenso no servía para nada, y que una tormenta amenazaba con estallar, no permanecimos sino apenas cinco minutos en la cumbre e iniciamos el descenso como mejor pudimos. Hubo que tallar de nuevo los escalones a fuerza de hacha. La bajada la íbamos realizándola a paso de tortuga, puesto que era indispensable evitar a toda costa una caída. A la una de la mañana, estábamos en medio de la tarea, nos comenzaron a envolver los mantos de la niebla. Ya no veíamos nada, y luego, comenzó a caer una lluvia fina. Y puesto que era imposible continuar la marcha, decidimos refugiarnos en una grieta del hielo, una especie de boca cuyo labio inferior ofrecía a las posaderas, un asiento  húmedo, pero suficientemente seguro, en tanto que el labio superior tenía una joroba que actuaba como respaldo. La hendidura misma se encargaba de la ventilación. Allí estuvimos dormitando hasta las siete de la mañana, y entonces reiniciamos la marcha, totalmente tiesos por entumecimiento, la tarea de crear nuevos escalones para el descenso se hizo difícil. En total, la excursión nos exigió más de diecisiete horas en el manto del hielo del Osorno, ello debido a las travesuras de su colega juvenil llamado Calbuco. En la posada de Petrohue, a donde llegamos empapados, mi compañera de aventura, Ilse, se mostró sumamente contenta por la hazaña que habíamos realizado; pero parecía todavía más contenta cuando nos sirvieron una bebida caliente. Porque entonces dijo: ¡Vaya, no hay nada que supere a una buena taza de té caliente!”

Maravilloso relato de dos andinistas, una de ellas la conocida vecina de San Martín de los Andes: la señora Atkinson, así llamaban a Ilse von Rentzell, quien compartió parte de su vida con los residentes de esta ciudad cordillerana. Ilse fue la primera mujer que pisó los hielos continentales en 1931, pero además era fotógrafa, conocedora de las plantas patagónicas, famosa por la belleza de su jardín en su casa de Altos del Sol y además escribía y pintaba.

El relato de la erupción del Calbuco en 1929, nos conmueve a pocos días de haber vivido otra de sus travesuras, como decía Federico Reichert.

 

Nueva muestra histórica en el Museo Municipal Primeros Pobladores “Así era mi pueblo”

La Secretaría de Cultura, Educación y Deportes de la Municipalidad de San Martín de los Andes, invita a la comunidad a la presentación de la muestra “Así era mi pueblo” el viernes 24 de Abril a las 19: hs en el Museo Municipal Primeros Pobladores.

En esta oportunidad el Museo Municipal reabrirá sus puertas inaugurando nueva sala e instalaciones, invitando a pobladores y visitantes a compartir textos e imágenes sobre distintos momentos en estos 117 años de historia de la ciudad.

“Así era mi pueblo”  fue concebida por el Área de Patrimonio histórico y Ciencias como una muestra marco donde se brinde al público un paneo general sobre los procesos de transformación  dados en el desarrollo de la localidad  y en la cual se puedan contextualizar futuras muestras. Pretende ser un punto de partida y una invitación a seguir desarrollando con mayor agudeza distintos aspectos de la historia local.

Serán bienvenidas nuevas voces, fotos y  textos que la comunidad quiera aportar.

La Muestra podrá visitarse de Lunes a Viernes de 09:00 a 15:00hs y Miércoles de 09:00 a 13:00hs.

Janet Dickinson presentó la edición en inglés de su Historia del Arrayán

Un relato que cuenta la historia de Renée Dickinson, tía de Janet,  quien en 1936 comenzó esta utopía que concluyó con la construcción final de esta hermosa casa de troncos que fue un emblema en la zona del  circuito Arrayán. Fue primero hostería para pescadores y años más tarde cuando Renée muere, muy joven, se convirtió en casa de té. Dirigida por Janet, este espacio que está rodeado de un nivel paisajístico único, fue durante años el lugar obligado de residentes y turistas.

La publicación se editó en inglés, con la traducción de la autora y estuvo a cargo de Ediciones La Grieta, de nuestra ciudad.

El jueves 9 de abril fue presentado por su autora, de esta manera a la edición en español se suma ahora esta posibilidad indicada especialmente para turistas extranjeros que tendrán la posibilidad de conocer la historia de este lugar que fue declarado patrimonio histórico y arquitectónico de San Martín de los Andes.

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Nota relacionada para conocer la historia de El Arrayán

JANET DICKINSON RECUERDA LA CASA DE TÉ ARRAYÁN

Por Graciela Vázquez Moure

http://www.desdeelsurdigital.com.ar/?p=670

Una gran pérdida para la literatura: Murió Eduardo Galeano

Fue periodista y escritor, nació en Montevideo  el 3 de septiembre de 1940. falleció a los 74 años en su querida ciudad natal. La que recorría diariamente como un vecino más.  Pocos minutos después de su muerte, circuló por medios y redes sociales, esta triste noticia.

Galeano fue un ícono desde la década del 70 por sus obras literarias que abarcaban la realidad de América Latina.

Amante del fútbol, también escribió obras que estaban teñidas de esta pasión.

Las venas abiertas de América Latina, El libro de los abrazos, El fútbol a sol y sombra, Espejos,  Patas arriba, fueron algunas de sus obras. Memoria de fuego, fue una obra que detalla con profundo dramatismo  el genocidio que los pueblos originarios sufrieron durante la época de la conquista.

Galeano,  desde  la década del 60  comenzó su actividad periodística que se centró   como editor de  Marcha,  un semanario influyente que tuvo como colaboradores a  Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti,  Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Luego de  Marcha su actividad se centró en  Época, otra publicación que dirigió.

Su partida es una gran pérdida para la literatura latinoamericana, pero como es usual en estos casos queda su obra,  un legado que nada ni nadie podrá borrar de su paso por este planeta.

 

 

 

Más de 9 mil personas llegaron a San Martín de los Andes para participar y presencia la 6ta. Edición del Patagonia Run. Dos atletas de la Patagonia en los primeros puestos

Primer puesto para Sergio Trecaman de Esquel en la categoría 120 km, tiempo 14hs 24’ 54’’ y el segundo lugar para un barilochense Charly Galosy.

Esta  sexta edición del ultra traíl de montaña más importante del país, Patagonia Run, contó con la participación de 2700 atletas  de 14 países: Argentina, Alemania, Australia, Brasil, Colombia, Chile, EEUU, Francia, México, Paraguay, Perú, Uruguay, UK, y Venezuela.

Más allá de la dificultad técnica propia de esta disciplina de montaña, que incluyó tres cumbres, con subidas escarpadas y bajadas que exigieron hasta  a los más avezados, el evento fue una verdadera fiesta, con 10 puestos de abastecimiento en el recorrido, provistos de comidas y bebidas frías y calientes, dulces y saladas, para que los corredores de todas las distancias pudieran reponer energías, y terminar la carrera con una llegada a toda orquesta en pleno corazón de San Martín.

Con un recorrido de sendas anchas, serpenteantes, angostas y hasta el filo; ascensos y descensos, trepadas, caminos ripiados, y con vistas de bellezas únicas como el lago Lolog y el cerro Quilanlahue, los atletas tendrán que demostrar pura destreza a lo largo de la distancia elegida.

El evento que fue declarado de Interés Nacional, Provincial y Municipal, gestión impulsada por el propio Municipio de San Martín, que desde su inicio en 2010,  llenó las calles de la ciudad cordillerana, ya que entre competidores y acompañantes se estima que  arribaron más de 9 mil personas.   La ocupación hotelera y gastronómica, así como la consiguiente generación de empleo, sobrepasaron las expectativas, al ingresar a la ciudad cerca de 9 mil  turistas durante el fin de semana.

 

Resultados:

 

http://patagoniarun.com/edicion/resultados/?id=1

 

 

Fernán Félix de Amador: El hombre que nos dejó la historia

Una vida plena de experiencias y sentimientos encontrados

Por Graciela Vázquez Moure

 

Domingo Fernández Beschtedt nació en Luján  un 26 de julio de 1889, en la familia  le decían  Domingo IV, porque era la cuarta generación que llevaba ese nombre.

Cuando comenzó a escribir adoptó un seudónimo por el que se conoció en sus libros,

Fernán como una síntesis de los Fernández, el apellido que desde España llegó con su bisabuelo a la Argentina. Félix, dicen que era la forma de mostrar este estado de ánimo a los demás, Amador, fue la manera de sintetizar la importancia que tenía este sentimiento, el amor en su vida.

Fue escritor, poeta, historiador, periodista, crítico de arte, pero por sobre todo fue libre.

No era tan sencillo a  principios del siglo 20 tener esta condición. Es que los mandatos familiares se imponían entre los jóvenes y sobre todo, en las clases más acomodadas.

Domingo Fernández Beschtedt fue quien nos dejó la historia de los primeros 50 años del pueblo,  y esto no es poca cosa para una comunidad.

Sin ella no existiría la identidad inicial que forma parte de la cronología de hechos, que dan lugar a la vida  de un pueblo.

Olvidado, creo, injustamente, quizás  porque no vivió en nuestra localidad, sino que permaneció durante algunas temporadas, fue su hermano quien se radicó en la zona de Filo Hua Hum y él forjó su vida familiar en Olivos,  junto a su esposa y a sus hijas. Su casa estaba ubicada donde hoy se emplaza un enorme supermercado, frente al ferrocarril Mitre.  En el Rosedal de la ciudad autónoma de Buenos Aires,  se encuentra desde 1968, un busto que lo recuerda, también  en Luján el Museo de Bellas Artes lleva su nombre. En Olivos, Vte. López y la zona norte de Buenos Aires, casas de cultura, bibliotecas y espacios dedicados al arte, lo recuerdan con su seudónimo.

Recibió el 2do Premio  Municipal de Literatura por su obra El ópalo escondido, y al año siguiente – 1923- recibió el primer premio por La copa de David.

En nuestra ciudad, tan solo una calle, la conocida como Cuesta de Amador, camino viejo que conducía a la ciudad de Bariloche, es la que apenas, digo apenas, lo recuerda.

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En París 1911- Felix sentado al piano

Fue periodista, escritor, crítico de arte y maestro de muchos,  corresponsal de La Prensa durante 25 años, y desarrolló una continuada actividad como profesor de  Escuelas de Bellas Artes  en distintos lugares de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, tuvo la cátedra de historia del arte en la Universidad de La Plata.

Fernán Félix de Amador tuvo una formación universitaria y humanística, fue un maestro para muchos, trascendiendo lo intelectual, participó de centros  académicos nacionales e internacionales en Bolivia, Brasil, India, París, Roma,  Cuba y España, fue fundador de revistas y recibió premios por su obra, rodeándose de artistas y escritores de aquella época. Trabajó como crítico de arte en Caras y Caretas y en La Prensa. Llegó a ser secretario de Rubén Darío, durante su estadía en Francia. Todos ellos detalles olvidados o ignorados, al menos no mencionados en nuestra ciudad. Fue amigo de Bertha Igl de Koessler y del Dr. Gregorio Alvarez.

De España a Luján

Sus ancestros llegaron desde España, su bisabuelo  compra un campo en Luján, allí nace Domingo Fernández Beschtedt, quien luego sería  Fernán Félix de Amador.

Dicen que era un hombre al que le gustaban los silencios, modalidad de su vida que le dio el  rótulo  de “el silenciario”. A los 18 años se va a vivir a Alemania para estudiar arquitectura  paisajística.  Pero allí descubre que era la poesía y la bohemia de los artistas europeos lo que más le cautivaba. Su padre al enterarse le reprocha “cuando termines tu carrera y tengas carácter y dominio de sí mismo, podrás hacer poesía” le dijo en una carta Domingo III, padre de Fernán Félix de Amador. Pero tres años después, es su padre quien le costea los estudios de letras en la Sorbona.

En 1909, surge el seudónimo que pasa a ser su nombre definitivo para el resto de su vida. Incluso hay documentos oficiales que llevan esta identidad.

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En la biblioteca Sarmiento en Mercedes-Buenos Aires-1942

Cultura literaria y vivencia inacabable

Se destaca en Amador su cultura literaria que fue muy rica y esto le permitió una vivencia inacabable sumergida en la literatura, pero no fue menos  como crítico de arte, fue también  un amante incondicional de la música y conocedor de la vida de los grandes compositores.

En 1924 se inicia como profesor de Historia del Arte en la ciudad de La Plata, brinda conferencias sobre la misma temática. Fue profesor de la Escuela de Arte Pueyrredon y de varias escuelas y centros de arte de Buenos Aires.

Excelente conferencista, esto le permitió recorrer países europeos, Fernán Félix de Amador, vivó en Mallorca, uno de los lugares  en los que descubrió la belleza del arte y de la naturaleza y allí además se nutrió del talento de artistas plásticos argentinos que vivieron junto a él en los años más jóvenes-

Un hombre sensible a la naturaleza, al arte y a la soledad

Pero considerar a Amador solo como conferencista,  como crítico de arte o poeta lírico es restarle importancia a su versatilidad. Es que además tenía un concepto práctico de la vida, de las cosas, su profundidad hizo que conociera también de música, como decía anteriormente y que destacara a Beethoven como uno de sus preferidos y conociera su vida, que amara la naturaleza y quizás de allí su preferencia por una de las sinfonías del compositor alemán: La Pastoral, sinfonía VI a la que le dedicó uno de sus poemas.

Por eso tal vez, el destino unido a su pasión por el medio natural,  lo traslada a la Patagonia, primero con su padre y luego con sus hermanos Horacio y José Antonio, llegaron con una cultura  destacable a lugares prácticamente vírgenes en los que se establecieron.  Donde además abordó temáticas como la industria maderera en la provincia de Neuquén, La escuela en la Patagonia,Puente sobre el Collón Cura, Incendios de Bosques, El Parque Lanín, entre otras  que fueron desarrolladas en la faz periodística, pero con un gran estilo literario que no lo abandonó en ningún momento de su vida.

felix de amador5                                                                                                        En Filo Hua Hum 1940

Sus hermanos, se quedaron en el sur,  él fue huésped de verano y de temporadas memorables. Los caminos en aquellas épocas, primeras décadas del siglo 20 eran eternos,  en horas de huellas y senderos, de caballos y rudimentarios automóviles, fueron parte de sus editoriales en el diario La Prensa.

Le cautivaban las soledades de la Patagonia y entre otras frases se le escuchó decir “qué grandeza es comparable a la majestad del desierto” con ella inicia el libro “San Martín de los Andes, reseña histórica de la fundación”.  Amador recuerda además a grandes amantes de la naturaleza como en el caso de Hudson a quien lo denomina como un sutil y delicado intérprete de la vida subconsciente y secreta.

 

Algunas de sus obras

 Allú Mapu, el país de la lejanía. Visiones de la Patagonia Austral,  es uno de sus libros trascendentes En él demuestra su fascinación por la cordillera, los lagos y el volcán Lanín, paisajes que había difundido en el año 34 en notas del diario La Prensa, donde aparecieron fotografías del Lanín, del lago Lácar y del Falkner.

En Allú Mapu hace una hermosa descripción del paisaje y en ella Amador no se separa nunca de la poesía, el valle que describe lo asemeja al País del Nunca Jamás, expresando que parece un reino de cuento, irreal por su belleza, que le da el nombre de Allá lejos en el país de la lejanía, que marca el límite de la tierra de nadie.

 Cuatro generaciones que dejan su huella

Su bisabuelo forja el bienestar económico, su abuelo fue médico , su padre terrateniente y amante de la política y él  crítico de arte, iniciador de la cátedra de Historia del Arte en La Plata, periodista,  poeta y sobre todo considerado un humanista.

 Su último libro prologado en Filo Hua Hum

 En la   década del 30 escribe uno de los libros en el que muchos creen que fue una especie de examen de conciencia, “Camino de Damasco”, que lo prologa en una de sus estadías en Filo Hua Hum, en la soledad de esa tierra, en esa Patagonia que él amaba por su belleza y su eterna soledad.

Sin embargo este libro recién se edita en 1954, cuando le quedaban siete meses de vida, es una obra en la que  muchos han observado su evolución espiritual, su crecimiento como individuo, dejando en los primeros escritos su sentimiento de observación y logrando en los últimos la abstracción  a la que muchos dicen que  llegó a través de la meditación.

 

Nos dejó la historia

 Amó este pueblo, San Martín de los Andes y quizás por eso,  escribe la historia de su fundación y de los primeros 50 años, documento indispensable para todos nosotros, quienes nos hemos interesado por los elementos que destacaron su nacimiento. En ella fue sumamente descriptivo pero no dejó de ser poético, incluso en la manera de narrar el momento del acto fundacional.

 

Su vida familiar lo acompañó en su vocación profesional

 felix de amador6                                                                                                                 Con su familia en Olivos

Su vida familiar fue su sostén en los años adultos. Su paso por Olivos dejó una huella de identidad, notable y profunda. Bibliotecas, salas de cultura y recuerdos lo siguen teniendo presente, un ejemplo de esto es el libro en el que se aborda la historia de Olivos, un capítulo despliega su historia.

En él advierten que la mayor cantidad de sus obras las escribió en esta localidad de la zona norte de Buenos Aires, en ese jardín al que llamó El huerto de Olivos, donde se encontraba con figuras de la literatura y del arte de su época. Su casa estaba ubicada frente al Club Defensores de Olivos y fue demolida para construir las cocheras de un supermercado. El Municipio de Vicente López recordó con su seudónimo la calle donde vivió e instituyó en ese lugar el salón de pintura Fernán Félix de Amador.

 

Recordado por muchos, olvidado por algunos

 Retirado de sus actividades muere en Olivos el 10 de diciembre de 1954. Y es el Museo Municipal de Bellas Artes de Luján, quien con su nombre, lo recuerda y perpetúa su memoria.

 

Frases que lo recuerdan

 “Toda idea que no se convierte en ideal, mata en el alma una fuerza. En cambio toda idea que se vuelve ideal, suscita en ella una fuerza nueva”.

 «No debemos acumular conocimientos como el avaro su tesoro, riqueza inútil de

egoísmo estéril, sino sembrarlos en el mundo que nos rodea para provecho de todos”.

 

 

 

 

 

A seis meses de conocer la historia del bastón de mando, la comunidad Curruhuinca espera su restitución por parte del INAI

En el mes de octubre nos enteramos sobre la entrega de  un bastón de mando que  Juan Domingo Perón, quien en ese momento era coronel del ejército, entregó  al cacique Amadeo Curruhuinca, lonko de esa comunidad Mapuche,

El hecho sucedido entre el año 1937 o 38,   involucra a un bastón de mando bañado en plata y en el que aparecen dos letras “EÑ,” escritas en cursiva, símbolo que aún no ha tenido explicación. Tres anillos, algunas tallas que podrían simbolizar a las hojas de laurel, son los detalles que se observan.
Pero este bastón tiene su historia y su relato fue motivo de una nota que Desde el Sur Digital publicó en los primeros días de octubre del año pasado.

Según lo investigado en su momento por Lidia Mora, quien trabaja en el Parque Nacional Lanín, se sabe que esto formó parte de la historia y reconocimiento al pueblo Mapuche.

Perón era un estudioso de la lengua araucana y en ese mismo año estuvo en el paraje Quila Quina oportunidad en la que entrega un bastón de mando.

El bastón en esos días de octubre fue enviado a Buenos Aires y después de seis meses retomamos el tema, en este caso es el Intendente del Parque Nacional Lanín quien respondió a nuestras dudas. Una de ellas ¿qué pasó con el este objeto histórico? ¿por qué no vuelve a San Martín de los Andes? y ¿qué protocolo se cumplirá?  para que retorne a la comunidad Curruhuinca, después de 20 años en los que nada se supo de esta pieza histórica.

“Recordamos que el bastón estuvo en el museo de nuestra localidad, luego se envió a un museo de la ciudad de Zapala, ese museo se cierra y le devuelven esos bienes,  el bastón de mando y un poncho, a Parques Nacionales. Finalmente Lidia Mora lo rescata en la intendencia del parque Laguna Blanca.

“Logramos que el antropólogo del Conicet  Adam Hajduk, lo analice y certifique que correspondía a una pieza histórica auténtica, se confirma la entrega al cacique Curruhuinca, todo fue corroborado – cuenta a Desde el Sur Digital el intendente del Parque Nacional Lanín-  fue una cuestión simbólica, lo concreto es que se le informa al directorio de Parques, quien tiene firmado un acuerdo con el INAI- Instituto Nacional  de  Asuntos  Indígenas-  por lo que nos piden que se envíe a Buenos Aires, para que el INAI diga quién corresponde que lo entregue a la comunidad Curruhuinca y si es el lonko quien debe recibirlo,  para no cometer una torpeza” explicó Ricardo Rúa a nuestro medio.

La realidad es que pasaron seis meses y del bastón nada se sabe, sobre la situación futura Rúa explicó que también existieron reclamos por parte de Ariel Epulef, lonko de la comunidad Curruhuinca, quien seguramente también enviará una nota de reclamo.

“La realidad es que se trató  de definir quién debía entregarlo, evitando que sea un acto político y oportunista, fue una situación que no podía ser forzada, creo que el Directorio de Parques actuó como debe ser, entregarlo al INAI” destacó Ricardo Rúa.

La cuestión es que es el INAI  quien tiene desde octubre el bastón de mando. Quienes conocemos la historia, su ausencia, su desaparición y posterior rescate deseamos que no pasen dos décadas para que esta pieza histórica vuelva, se restituya a los descendientes de quien lo recibió a fines de la década del 30 del siglo pasado,  para que sea guardado con el respeto que este tipo de objetos simbólicos requiere.

Lo que no se sabe es la razón por la que el Instituto mencionado demora su restitución.

La Sala Municipal de Exposiciones llevará el nombre de la artista plástica Lidaura Chapitel

Este lunes se conoció la  votación de los vecinos que participaron para darle un nombre a la Sala Municipal de Exposiciones. De los 806 votantes surgió el nombre de la artista plástica Lidaura Chapitel, quien falleció en nuestra ciudad recientemente. Fueron 439 los votos que impusieron este nombre.

Recordamos que el 8 de marzo Lidaura falleció después una enfermedad que sufrió durante los últimos meses y en medio del inicio de la votación que impulsó la Secretaría de Cultura, Educación y Deportes.

Un merecido homenaje para quien vivió en San Martín de los Andes desde el año 1971, se desempeñó en distintos ámbitos siempre relacionados con la cultura. Fue directora del Centro Cultural Cotesma desde su inauguración en junio del año 1991 y durante 10 años, desarrolló actividades en el Ciart Nª5, fue impulsora de las manchas pavimentales dedicadas a los niños, y por sobre todo participó activamente  de la adecuación de este espacio construido por la municipalidad para que fuera la sala de exposiciones de la ciudad, durante la gestión de Flavio Caldas de la subsecretaría de cultura.

Los votos según la información de la secretaría de cultura fueron también importantes para otros dos vecinos de la ciudad:

Carlola Thumann: 258 votos (una gran fotógrafa fallecida en el año 2009)

Michel Rinke: 109 votos (fallecido el año pasado, documentalista y fotógrafo)