Filman documental sobre la orquesta “Musicantes”

Por Graciela Vázquez Moure

Recuerdo que hace ocho años era un proyecto que comenzaba a ponerse en marcha

Y también recuerdo  la alegría de quienes serían coordinadores y profesores  de los niños y niñas que formarían parte de la orquesta,  cuando una tarde en la Escuela 352, en la Vega Maipú,  se recibieron los primeros instrumentos latinoamericanos.

La propuesta enmarcada en el proyecto social Andrés Chazarreta proveniente del gobierno nacional, empezaba a concretarse.

 

 

 

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Heber Lòpez y el Chango Soria, mentores del proyecto presentado que dio origen a la orquesta municipal Musicantes, el día que se recibieron los primeros instrumentos.  (foto Santiago Gaudio- )

 

Así fue creciendo esta orquesta que no solo congrega a los chicos y chicas que están comprometidos con el grupo sino que además sumó a las familias que han colaborado en cada uno de los desafíos.

Hace unos días culminó el encuentro de orquestas, al que asistieron de distintos lugares de la Patagonia, y ahora una nueva idea se pone en marcha.

Perfil Liber Menghini

Liber Menghini

Se trata de un documental que comenzó a filmarse esta semana última de mayo, en el que a partir de este viernes  y durante ocho días, los cineastas Líber José Menghini y Jorge Menghini Meny, llegados  desde Buenos Aires comienzan a filmar un documental sobre la Orquesta Musicantes, en el marco de un proyecto que incluye filmar las orquestas infantiles del Programa Social Andrés Chazarreta, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación. La primera película contó la historia de la orquesta El Tambo, de La Matanza y la segunda narrará la de Musicantes, en San Martín de los Andes.

Jorge Menghini

Perfil Jorge Menghini 1

Durante los días que estén en nuestra ciudad, Líber y Jorge realizarán entrevistas y registrarán ensayos, paisajes y conciertos de Musicantes, de sus profesores, alumnos, referentes, padres y madres, para llegar al corazón del ser de este proyecto sociocultural, que de alguna manera será la muestra de otras tantas orquestas de la Patagonia Argentina.

Además el viernes  desde las 20.30 horas, en el Salón Municipal, en el marco de la realización del 8º Encuentro Regional con los nuevos intérpretes y creadores de la Música de Raíz Folklórica Argentina, Generación XXI, registrarán una presentación de Musicantes.

Los cineastas ya conocen a Musicantes, pues en el 2010 produjeron el documental “Trabún, Encuentro de los Pueblos”, donde trabaron amistad entre otros con Heber López y el Chango Soria. Pero también cuentan que eligieron realizar una película sobre Musicantes porque “desde lo artístico, Musicantes tiene un repertorio de música popular latinoamericana que aborda  especies y ritmos únicos, una metodología de enseñanza basada en la transmisión oral y una identidad cultural con influencia andina y mapuche”.  También incorporarán al documental a la flamante orquesta Wenu Mapu, integrada por niños y niñas de la Escuela 161, del paraje Payla Menuko.

Líber José Menghini y Jorge Menghini Meny, cuentan entre sus antecedentes la realización de “Bolivia entre ricos y pobres”, “Trabún Encuentro de los pueblos”,   “Orquesta El Tambo” y numerosas realizaciones breves. Líber también realizó “Entre cartones” y Jorge “Uruguay Elecciones 2009”. Actualmente tienen en proceso de edición un documental filmado en Brasil y otro grabado en Uruguay.

 

 

 

Exitoso final en Payla Menuco del Encuentro de Orquestas Latinoamericanas

La escuela 161, del Paraje Payla Menuko, sede de la orquesta Wenu Mapu, fue el lugar elegido para realizar el cierre de este hermoso Segundo Encuentro de Orquestas Latinoamericanas de la Patagonia, que se realizó desde el pasado 22  de mayo, en San Martín de los Andes. Allí compartieron palabras de reflexión, juegos, un almuerzo y se entregaron presentes a los participantes que llegaron desde Esquel (Chubut) y de Lamarque (Río Negro) y que coincidieron en expresar que regresan a sus ciudades con el corazón más abierto y repletos de música compartida.

El Encuentro fue éxito y transitó numerosos momentos de aprendizaje, intercambio y presentaciones. Las primeras de ellas fueron en las escuelas 86 y 352 de la Vega Maipú, donde se presentaron en ambos turnos las cuatro orquestas Wenu Mapu, Pú Pichikeché, Espíritu Andino y Musicantes, brindando conciertos didácticos, que disfrutaron los  alumnos y docentes de dichos establecimientos.  El sábado por la mañana se realizaron distintos talleres entre los 150 chicos y chicas participantes, divididos por instrumentos, donde a través de juegos compartían saberes y música.
A la noche fue el momento de la Gran Peña Concierto de cierre en un gimnasio Chango Soria colmado de  familias que se acercaron a escuchar a los pequeños, y cuyo momento más trascendente fue cuando juntos, los integrantes de las cuatro orquestas, sobre el escenario, interpretaron juntos el huayno popular Cinco Siglos.  En esta oportunidad, es de destacar la actuación de los pequeños músicos de Wenu Mapu, que pasaron de muy buena manera los nervios de su primera peña en el escenario mayor.
El nivel musical de los arreglos presentados esa noche estuvo a la altura del encuentro, así como los chicos y chicas de Musicantes que hicieron de anfitriones de las orquestas visitantes y coordinaron varios aspectos de la organización general: prensa, presentaciones y guías.  Los padres y madres de la orquesta organizadora volvieron a mostrar el compromiso de siempre para este proyecto cultural que crece cada año en San Martín de los Andes.
Sin duda que este encuentro ha fortalecido a cada una de las orquestas participantes, pero también al Programa Social Andrés Chazarreta, que encuentra en la Patagonia un recorrido de raíces profundas.
Este Encuentro de Orquestas contó con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación, de la Secretaría de Cultura, Educación y Deportes de esta localidad, de ATEN Seccional San Martín de los Andes y del programa Construyendo Risas.
Fotos: Emilia Sorrentino 
 

 

A 20 años de la muerte de don Jaime de Nevares un nuevo libro lo recuerda. El autor, el padre Fernando Barrufet, fue testigo de la vida del obispo neuquino

Por Graciela Vázquez Moure

 

Conoció a Don Jaime de Nevares en Valencia, donde nació y  comenzó sus estudios como sacerdote de la orden de los Salesianos. Llegó a Neuquén el 12 de mayo de 1970 y desde ese momento estuvo durante 22 años junto a quien era el obispo de la provincia.Los primeros cinco años como secretario del obispado.

De Nevares fue el primer obispo de Neuquén y quien  estuvo más tiempo en el obispado, el lapso de tres décadas fue suficiente como para ubicarlo entre los hombres  que quedaron plasmadas en la historia. Crea la diócesis de Neuquén el papa Juan XXIII, y lo designa obispo en 1961.

Estuvo en el Concilio Vaticano II, y fue poco después que viajó a Valencia y en esa oportunidad conoció al padre Fernando Barrufet, quien estuvo  cerca de este hombre que se destacó por sus valores espirituales, sociales y políticos, porque fue consultado por los sectores más  cercanos al poder y fue entre otras cosas, fundador de la Asamblea  de los Derechos Humanos y miembro de la CONADEP.

El martes 19 de mayo se cumplen 20 años del fallecimiento de Don Jaime y es el día elegido para presentar  en San Martín de los Andes,  el libro “Don Jaime de Nevares el ilustre vecino”, su autor es el padre Barrufet, quien  conoció profundamente a través del cargo de secretario del obispado,  a de Nevares con quien compartió la mesa diaria, los proyectos y los grandes desvelos del obispo ante las injusticias que diariamente veía.

En el año 65 terminó el concilio y de Nevares viajó a España, en Valencia conoció al padre Fernando cuando daba clases en un colegio y allí existió el acuerdo de que cuando terminara sus estudios  de teología viniera a Neuquén.

“Viajé en el año 67 y cuando terminé mis estudios en Córdoba viajé a esta provincia,  desde el día que llegué me dijo que quería que fuera el secretario del obispado, estuve cinco años y dos meses viviendo en ese lugar” cuenta  en  diálogo con Desde el Sur digital, quien desde el 2011 es párroco de la parroquia San José de nuestra ciudad.

En esta relación tan profunda y que el destino propició, el sacerdote logró un conocimiento y un afecto especial por el obispo neuquino.

“El primer libro que se escribió sobre don Jaime fue el que hizo el padre Juan San Sebastián, quien lo  conoció  desde niño. Cuando se retiró del obispado el padre San Sebastián lo llevó a la parroquia donde él estaba e incluso murió atendido por el  Padre Juan” expresa  el padre Fernando, en un relato que muestra esta unión de personas que desde el alma estuvieron cerca de quien fuera el más emblemático obispo de Neuquén.

Hay varias publicaciones que cuentan la vida de don Jaime,  el de San Sebastián y de Capitanio, el que se presenta el 19 de mayo  este último,  tiene una historia especial, es que se trata de la vivencia de Barrufet, tan cercana a de Nevares.

El libro fue escrito hace años, justo ahora se cumplen los 20 años de la muerte del obispo  y se cumplieron los 100 años de su nacimiento, y el equipo pastoral de la diócesis  fue quien propuso la publicación de “Don Jaime de Nevares, el ilustre vecino”.

 

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DSD- ¿Qué cuenta en este libro padre Fernando?

F.Barrufet-  En el primer libro que se escribió sobre él, se hablaba mucho de la figura de Don Jaime, en este libro yo quise marcar la relación con los sacerdotes de la primera época de su obispado.

Porque vivencié que había un problema social y Don Jaime salía, pero antes se relacionaba con los sacerdotes que estábamos con él, nos daba participación en todo, abría la puerta del escritorio y me decía “vení que quiero consultarte algo, y que el obispo me consultara a mi siendo tan joven, era impactante. Esto es lo que cuento, anécdotas que incluyen a algunos sacerdotes también. Su relación con nosotros y su compromiso social.

 

-El obispado de Jaime de Nevares fue el más extenso, 30 años y dejó su huella.

-Si en la provincia es el que más tiempo estuvo, luego fueron lapsos de diez años.

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-Por qué fue tan emblemático Don Jaime, le tocó el período más oscuro de la realidad argentina con la dictadura, vivió situaciones de riesgo, sin duda su actividad social pienso, ayudó a mucha gente. Tiene que ver con toda su trayectoria o con su humildad.

-Yo creo que él recorrió la provincia ni bien comenzó en el año 60. Llegó muy conmovido por todo lo que había visto, por la pobreza. Pidió el Martín Fierro, y lo leyó. Llegó a Zapala y escribió una carta pastoral siguiendo lo que decía el Martín Fierro. Destacaba cómo cien  después de escrito este texto,  pasaba lo mismo en la provincia, pobreza y postergación.  Luego  organizó varios comedores infantiles. Luego vinieron las huelgas del Chocón en esa década,  intervino hablando con autoridades incluso con quien era presidente de facto del momento. Además tenía muy buena relación con las comunidades mapuche. Lo nombraron  “Peñi”, hermano, salió la cosa al revés él quería que los “huincas” aceptaran como hermanos a los mapuche y fue al revés. La comunidad Hayquillan, de Colipilli, fue quien le dio esta distinción.

-Se mezcló mucho siempre su vocación religiosa, esa condición conciliadora para los conflictos sociales y este lado político. Cómo se hace para que esos tres ejes se unan sin ser efectista y tener el equilibrio justo.

-Vivir  la fe cristina es el compromiso concreto. Jesús dice tres ejemplos para que los que estamos en esta vocación comprendamos. Ustedes son como puñados de levadura que una mujer mete en la masa, ustedes son como la sal de la tierra, son como la luz, que brille la luz de ustedes frente a la gente, para que vean las buenas obras que realizan y que dignifiquen a Dios. Nosotros tenemos la obligación y el derecho como curas de meternos en lo social, de defender la vida y comprometernos. La mayoría de los santos se jugaron por el compromiso social.

-Cómo definiría a don Jaime de Nevares

– Mira, al final de  su vida le preguntaron ¿usted es comunista? Y respondió “no, yo soy cristiano”.

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-Qué siente usted ahora padre Fernando con la presentación de este libro, que comenzó hace décadas.

– Yo empecé a escribirlo cuando don Jaime cumplió 75 años en 1990,   había mucho revuelo entre nosotros porque él había renunciado ante el papa Juan Pablo II, al obispado, se había cumplido su tiempo,  yo ese mismo día empecé a escribir algunas cosas, el falleció a los 80 años. Así que es el resultado de ese momento en que lo inicié con todos los recuerdos y ahora que se presenta, pasaron  25 años. Sin duda es mucho tiempo y el libro cuenta muchas cosas que sucedieron desde la década del 70 cuando comencé a estar a su lado.

Don Jaime con jp II

 

-Qué edad tenía cuando llega a la Argentina padre?

– Tenía  25 años, ya conocía a Don Jaime y  el motivo de venir a Argentina fue ese contacto que tuve en 1965. Siempre desde niño había querido ser misionero, quería irme a Molokai, en Africa, donde el padre Damián Veuste había fundado un leprosario y terminó contagiado de esa enfermedad, ahora es santo. En mi casa recibíamos una revista donde se hablaba del padre Damián, pero no pude, me ofrecí para ir a la India y justo prohibieron la entrada de misiones, luego busqué ir a Filipinas y justo conocí a don Jaime, me habló de Neuquén y bueno acá estoy desde el año 70.

 

-¿Se sintió reconfortado con esa decisión?

– Si mi sueño era venir a la cordillera y estar con los mapuche, don Jaime me dijo: “no tienes que ser secretario” no me gustó mucho, pero eso me ayudó a conocer a los sacerdotes, a la diócesis y sin duda tenía que estar a su lado.

 

-¿Qué significa para usted presentar este libro?

-Si te digo sinceramente ha sido un apuro. Porque nunca estuve en una presentación y bueno se hizo en la ciudad de Neuquén y ahora en San Martín de los Andes. El libro aporta  más datos de quien fuera nuestro primer obispo, lo siento como un aporte a su imagen desde mi vivencia personal.

 

Nota de redacción: el libro “Don Jaime de Nevares, el ilustre vecino, del padre Fernando Barrufet se presenta el 19 de mayo a las 20hs, en la Parroquia San José-

 

 

 

 

Cada espacio nos marca con su historia. Inauguraron la ampliación del Museo Primeros Pobladores

Fue el jueves 14 de mayo en que el museo de San Martín de los Andes, recibió la visita de  antiguos pobladores y vecinos que se acercaron para conocer la muestra “Así era mi pueblo”,   expuesta  en el marco de la inauguración de la ampliación del Museo Primeros Pobladores.

Hermosas fotos que nos muestran el San Martín de los Andes de las primeras décadas, libros y publicaciones que exponen textos de otros tiempos, y fotografías que cuentan historias del esquí en cerro Chapelco, de la vida en este pueblo cordillerano, todo integrando la nueva sala que se llamará Carlota Thumann.

Foto del circuito Arrayán en la década del 30)

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La ampliación que tuvo un costo de 300 mil pesos, fue construida por personal de obras públicas del municipio, con el aporte de materiales de Asociación Amigos del Museo.   Se incluye una nueva sala, un baño y cocina.   Esto permitirá regularizar el horario de atención que será de 8 a 17

 

Armando balsas en el lago Lacar para el traslado de tollizos

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Chapelco década del 40 a la izquierda Federico Graeff

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Con la presencia del intendente Fernández y funcionarios municipales, la inauguración tuvo el encanto del  reencuentro de los vecinos que comentaban cada una de las imágenes, recordando el pasado.

foto en museo                                                                            Intendente Juan Carlos Fernández y Graciela Vázquez Moure (desde el sur digita)

antiguos pobladores

Doña Yolanda Curruhuinca, Mabel Martínez (Asoc. Amigos del Museo) Maclovia Torres y Eberardo Hoepke- (Foto Asoc. amigos del Museo)

“Así era mi pueblo”, es una muestra fotográfica montada y coordinada por el área de Patrimonio del municipio,  que no hay que perderse, porque ella nos remonta a esos años en que se forjó un pueblo que cumplió 117 años en febrero y que no solo nos entrega cada día esos valores intangibles relacionados con el paisaje maravilloso, sino que a través del documento gráfico nos remite a los hombres y mujeres que  hicieron posible esta realidad que vivimos en la vida cotidiana.

(foto museo: Matías Quirno Costa)

(fotos antiguas expuestas en la muestra Así era mi pueblo)

Carlos Lozada Acuña en el recuerdo

 

Por Graciela Vázquez Moure

Era un hombre que  guardaba en su mente esa preciosa tarea de recordar la historia de nuestra ciudad. Es que para Carlos Lozada Acuña, San Martín de los Andes fue su lugar en el mundo, aquí vivió durante gran parte de su vida y  hasta el momento de su muerte en el año 2009, cuando tenía 91 años.

Era una persona afable, cordial, muy formal en su trato. Conocía profundamente muchos secretos del pueblo. Aclaraba cuando algún recuerdo se alejaba de la realidad. Era preciso en lo histórico.

Don Carlos, fue vice intendente en el año 1947  del Parque Nacional Lanín, y luego en el año 59 fue intendente. En ese transcurrir del tiempo muchos fueron los cambios en las áreas de conservación de Parques Nacionales y en ese paso por la historia,  según me dijo en febrero del 2006 en una entrevista que hice para el suplemento aniversario del pueblo,  en el periódico La Bandurria : “no hemos perdido nada, sino que ganamos”.

Para él llevar el conocimiento de la conservación del medio ambiente fue fundamental, para preservar  la biodiversidad.

Fue además intendente de los Parques Nacionales Alerces, Perito Moreno, Nahuel Huapi y Glaciares además del Lanín, entre los años 1947 al 69.

Entre charla y charla, Don Carlos no dejaba de admitir el gran impacto que los pobladores sufrieron con la llegada de Parques Nacionales a la región “cuando llegó la administración en la década del 30 todo se transformó. La tenencia de animales, la explotación del bosque que sustentaba los aserraderos”  decía entre sus claras ideas. Pero en muchas ocasiones el hijo de ese poblador se constituyó en  guardaparque y fue así que los pobladores empezaron a comprender la política de conservación.

Era un amante de lo que había sido gran parte de sus objetivos de vida y trabajo. Carlos Lozada Acuña no dejaba de admitir que Parques Nacionales fue el que construyó los caminos, mejoró zonas inaccesibles “llegar a algunos lugares de Neuquén o en el caso de Chubut o Río Negro, era imposible, con la llegada de los caminos construidos por Parques, esto fue cambiando, no olvidemos que hablamos de la década del 30 y el 40, en que la Patagonia no tenía infraestructura ni en rutas ni en servicios” admitía.

Contó en aquella entrevista sobre la construcción de hoteles, de accesos y propuestas que permitían  “que llegara desde Buenos Aires la elite que viajaba a Europa,  esos grupos podían volcarse al sur para pasar sus vacaciones, pero para eso se requerían comodidades a las que ese segmento social estaba acostumbrado” recordaba.

Carlos Lozada Acuña fue parte de un momento histórico, que se cuidaba mucho de relatar, porque si algo tenía era la sabiduría de  la humildad.  Prefería el perfil bajo.

Ese momento al que me refiero fue el contacto con el escritor Ernesto Sábato, quien terminó su obra “Sobre héroes y tumbas” en la seccional de Parques de la zona de Epulafquen.

Sábato recorrió la Patagonia con un gran amigo, el ingeniero forestal  Lucas Tortorelli. Este hombre era reconocido por sus investigaciones de los bosques nativos.

Fue a través de él que se  gestionó la posibilidad de  que  el reconocido escritor, se hospedara con su mujer Matilde Kusminsky y allí   escribió  el final de  “Sobre héroes y tumbas”.

La belleza del lugar había hecho cambiar el final de su obra. Esto confesó el Sábato  en una de sus cartas.

Esa carta  que  Don Carlos, decía tener pero siempre admitía que debía buscar, quizás su continuo cuidado de no decaer en este rasgo de humildad, no le permitía hacerla pública.

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La carta se conoció en una presentación que la escritora y periodista Ana María de Mena hizo conocer a través de las hijas de Lozada Acuña, en ese momento se  conocieron los elogios que Sábato hacía a quien consideraba un amigo y anfitrión.

 

La mística del trabajo de Parques

 

foto tomada en febrero del 2006 para  el suplemento aniversario del pueblo. La Bandurria

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En aquellos años, los primeros de la institución don Carlos asignaba un rótulo al trabajo de Parques “las áreas de camping estaban perfectas, cuidadas, limpias, respetadas, había una mística especial, se ganó en muchos aspectos pero se perdieron otros.  Quizás esa sea la palabra: mística, la que teníamos todos los que incorporamos conciencia ambiental” decía convencido de que solo parado frente a este concepto se logran más objetivos que enriquecen a todos.

El 11 de mayo se cumplieron  78 años de la creación del Parque Nacional Lanín, conjuntamente con otros tres Parques Nacionales Patagónicos. En todos ellos estuvo Lozada Acuña dirigiendo sus destinos: Los Glaciares, Los Alerces y Perito Moreno.

 

Paimún el elegido

Para este ex intendente de varios Parques Nacionales, toda la zona era admirable por su belleza, pero confesó en aquella entrevista que tenía un elegido entre las 412.000 hectáreas.

“Paimún es el lugar entre todos los que amo”- decía.  Pero también citaba otra zona la de Ñorquinco, que destacaba “es un sagrario  de araucarias, es un reducto de miles de años, es un paisaje que incluye rasgos geológicos que siempre me impresionó mucho”.

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Lamentablemente a nueve años de esta entrevista, esa “especie de sagrario” como él lo denominaba se quemó en gran parte con los incendios del verano del 2014. Muchos de esos ejemplares milenarios ahora son cenizas.

Aspiraba a que antes de irse de este mundo pudiera ver la ruta de los Siete Lagos asfaltada en su totalidad. Lamentablemente ese deseo no fue cumplido. Hace seis años que partió y la ruta recién ahora  ha sido concluida.

Desde el Sur Digital, quiso recordarlo.  Solo es una mínima parte de su vida, no entramos en el conocimiento maderero y forestal que tenía, en las descripciones de las obras y de los logros del conservacionismo.  Es una pintura de su imagen y de su pensamiento.

Ese recuerdo de esa entrevista con don Carlos, que fue en el jardín de la calle Rohde,  nos sentamos debajo de uno de los árboles de su jardín impecable, tomamos agua fresca para enfrentar la tarde calurosa de febrero,  me dijo que era un placer dialogar conmigo, siempre lo hacíamos por teléfono o a través de mails que enviaba haciendo comentarios por las notas de La Bandurria.

Hoy, Don Carlos,  el placer es mío por recordar esta pequeña historia de un hombre  que dejó su huella profunda en San Martín de los Andes.

 

 

 

 

 

 

 

 

Era andinista, vivió en San Martín de los Andes y estaba en el Osorno cuando explotó el Calbuco en 1929. El relato de Ilse von Rentzell de Atkinson durante la erupción

Por Graciela Vázquez Moure

 Vivió en San Martín de los Andes donde murió en 1985. Fue la primera mujer que pisó los hielos continentales. Una andinista elogiada por otros alemanes que descubrieron en ella una compañera de ley.

Ilse von Rentzell de Atkinson vivió una verdadera aventura en la madrugada del 6 de enero de 1929.

Es que en ese momento estaba en una carpa en el volcán Osorno, junto a Federico Reichert , otro gran andinista.

Los dos escalaban el Osorno y cuenta la tremenda experiencia. El volcán que en estos momentos acosa a Chile y a las ciudades patagónicas, hacía una gran erupción, sorpresiva como  fue la del 22 de abril.

Con una diferencia, en aquellos tiempos no existía el monitoreo de volcanes, ni los adelantos científicos que existen ahora. A pesar de ello, lo intempestivo sigue siendo  el comportamiento del Calbuco.

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Ilse von Rentzell participante de varias expediciones de Federico Reichert, ascendió en enero de 1929, la cima del Volcán Osorno, 2.660 metros, en el Sur de Chile.

En el libro de Reichert, “En la cima de las montañas y de la vida” relata:

“En las últimas horas del 5 de enero de 1929, no solo yo, sino también, mi compañera de andinismo Ilse, decidimos que el Día de Reyes, lo emplearíamos en el escalamiento de aquellas montañas que nos ofrecían tan bello panorama y que, cual elegantes riscos rodean mi finca, y que habríamos de trepar al picacho del cerro Derrumbe, cuya altura es de 1.500 metros. Las perspectivas de salir airoso eran favorables, sobre todo porque no había ninguna nubecilla que tornara opaca el firmamento ni corría brisa alguna. Sin embargo, ocurrió que en ese día de tan notable brillantez, el barómetro estaba registrando un descenso pronunciado que no encontraba fácil explicación. A despecho de esa depresión a todas luces anormal, emprendimos la marcha con miras a llegar a la orilla opuesta del lago, que se hallaba alrededor de cuarenta minutos de distancia de nuestra casa si viajábamos en un bote a remo, para emprender luego el ascenso a partir de ese punto. Antes que llegara la noche ya habíamos ascendido hasta una altura de 1.200 metros y allí pernotamos en una colchoneta de musgos del bosque. Allá arriba brillaban las estrellas”

Sigue el relato revelando que a  las dos de la mañana, los despertó “un ruido tan típico como raro. Seguimos espiando y de pronto descubrimos la aparición de un banco de nubes que surgía como algo denso, negro, fatídico, que iba aproximándose aceleradamente desde el Oeste; acto continuo notamos una modificación de las condiciones atmosféricas que se hacía visible cuando uno respiraba. Al principio supuse que se trataba de una tormenta, pese que estas son raras en aquellos alrededores”

Los andinistas quedaron en la carpa esperando que pasara lo que suponían iba a ser una copiosa lluvia.

Pero no. Algo más tremendo estaba sucediendo a solo 15km del Osorno.

“A decir verdad, las nubes se volvían más y más densas y ya iba velándose todo en derredor de la cumbre del Derrumbe, cuando súbitamente se oyó a lo lejos una fuerte detonación, cuyo estruendo ya nada tenía que ver con los truenos que acompañan los temporales. ¡Vaya si llovía! ¡Pero una lluvia seca! Frente a semejante fenómeno decidimos dar media vuelta, embarcarnos en el bote y regresar a casa con máxima premura. Al cabo de poco rato, al ir descendiendo luego de habernos puesto en marcha aproximadamente a las siete de la mañana, comenzamos a extrañarnos.”

Pero tanto Federico como Ilse a medida que descendían de la montaña la tenue llovizna se convirtió en caída copiosa de cenizas

“Nos dimos cuenta que aquello, no podía proceder sino del volcán Calbuco, situado entre 15 y 20 kilómetros en línea recta desde nuestra finca; era el único de los numerosos volcanes que entraba en actividad periódicamente. La creciente penumbra fue transformándose en verdaderas tinieblas, y cuando a eso de las nueve de la mañana llegamos a la orilla del lago donde permanecía el bote, la bahía de Cayutue había pasado del día a la noche, y únicamente hacia el Norte quedaba todavía algún haz de rayos luminosos. Entretanto, seguía cayendo una lluvia de cenizas cada vez más intensa. Con la máxima premura ocupamos la embarcación y remamos vigorosamente en dirección a la casa del bosque que, dicho sea de paso, ya estaba irreconocible por la oscuridad impenetrable. Estuvimos cuando menos diez minutos embarcados y durante ese lapso también, desapareció la pizca de luz del Norte y nos rodearon las tinieblas absolutas. En tales circunstancias seguimos remando como ciegos y sin ocultar que estábamos taciturnos.”

volcán Calbuco en plena erupción en abril

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Ambos andinistas siguieron remando en medio de la gran erupción. Era noche cerrada a pesar de que ya era el mediodía. Buscaban la costa en el medio del lago para llegar a la cabaña de Reichert.

Era al la oscuridad que a penas se veían entre ellos e Ilse al ver una lucecita preguntó si su compañero estaba fumando.

Reichert cuenta que se dio vuelta en el bote y descubrió que un haz de luz rodeaba la embarcación. El sol se había hecho un espacio entre las densas nubes y el mediodía parecía hacerse notar.

Pudieron ver  así que las cenizas que seguían cayendo ya habían  cubierto al bote con una capa de varios milímetros de espesor.

 

Los fuegos de San Telmo

“Nos hallábamos, pues, envueltos como por alta tensión eléctrica; los fuegos de San Telmo brotaban por todos los hilos de nuestra ropa, y la cabeza rubia que flotaba detrás mí estaba rodeada por un halo celestial. Ocurría lo mismo que presencié allá en la cumbre del Uschba caucásico y que más de una vez vi en los Alpes. Ya llevábamos una hora de viaje, y sin embargo el bote no llegaba a tierra. Las aguas del lago parecían ser de plomo; el aire era denso y pegajoso; el viaje se estaba volviendo fatídico. ¡Ea! Que de pronto una luz deslumbrante como si fuese un rayo rasgó las sombras! Más no se trataba de un relámpago normal. Por encima de nuestras cabezas se alzó, una bola de fuego que casi al instante hizo explosión con ruido espantoso seguido por la desaparición del efecto luminoso.

Ilse y  Federico pudieron ver el mismo espectáculo que en la madrugada del 23 de abril vinos muchos de nosotros. Algunos en directo desde Puerto Varas o puerto Montt en Chile, otros como en mi caso en directo por las imágenes de la televisión chilena.

La explosión del Calbuco fue en 1929 espectacular, tanto como sucedió en abril del 2015, hace unos pocos días.

 Aquello fue un relámpago esférico, “el primero y el último que me haya sido dado ver en toda mi vida. Tras el estallido- cuenta Reichert- se produjo un equilibrio eléctrico, se fueron apagando los fuegos de San Telmo y una vez más, nos vimos envueltos por las tinieblas. El lóbrego viaje en góndola iba prolongándose más y más, pero ya volvía a aumentar la carga eléctrica y renacían los resplandores carentes de llama. Llevábamos dos horas completas en el lago, sin lograr alcanzar la costa. ¡Ah, por fin, un brusco cataplum nos anunció que habíamos chocado con algo y que estábamos encallados! Las tinieblas eran tan completas que para pisar el suelo tuvimos que prender fósforos y luego andar a tientas. Cuando consulté mi reloj, dije a mi acompañante: Piense señora, que son las once de la mañana del 6 de enero y estamos en pleno verano. Creíamos erróneamente estar en la costa del lago, correspondiente a mi propiedad. Por fortuna no hicimos ninguna tentativa de avanzar en dirección a la casa, cosa que habría sido imposible con semejantes tinieblas”

                                                                                            volcán Calbuco en la madrugada del 23 de abril del 2015calbuco tres

 

Era como Sodoma y Gomorra

Permanecieron sentados durante una buena media hora sobre un tronco de árbol; ”no podíamos dejar de pensar en Sodoma y Gomorra, y allí estábamos representando el papel Lot y la mujer de Lot. Solo unos cuantos minutos antes del mediodía empezó a aclarar débilmente y ya se comenzaban a ver los contornos de cuanto teníamos más cerca. No fue poco la sorpresa que tuvimos al comprobar que de ningún modo estábamos en mi finca; más aún, que permanecíamos en el punto desde donde partimos y que con seguridad anduvimos trazando espirales en el agua o dibujando el número ocho.  La claridad renació con celeridad y entonces se presentó el paisaje vistiendo su toga de cenizas que le había colocado la noche de la erupción. La vista era sencillamente desoladora y desesperante. La bahía antes tan bella y siempre vestida de verde nos ofrecía un cuadro de desierto, de páramo; el cuadro de la muerte. La superficie de agua, lisa como si estuviese cubierta por una capa de aceite, estaba llena de cadáveres de insectos y aves. Los bosques gigantescos tenían todas sus hojas cubiertas por espeso polvo de lava de tinte gris-ceniza. La nieve de las altas montañas se había transformado en suciedad. Todas las flores se había marchitado; las verduras que ayer mismo se veían hermosas en la huerta, parecían agachar la cabeza. Y como no llovió durante mucho tiempo, la cosecha se arruinó. El ganado despreciaba el forraje cubierto de piedra pómez, y como no tenía nada que comer, comenzó a enflaquecer. Las gallinas no ponían huevos, y el cándido optimista que se atrevió a dar a su rincón selvático el nombre de jardín del edén tuvo que reconocer, mientras avanzaba por sus dominios cubiertos por centímetro y medio de cenizas, que ciertamente no vivía en el cielo sino muy cerca del baño del Satanás. El resultado arrojado por el análisis hecho ulteriormente del material llovido como chisporroteo, fue, cuando menos, alentador en vista de que con el polvillo cayó algo de calcio y ácido fosfórico, cuerpos que la lluvia verdadera, que afortunadamente llegó después, habría de incorporar al suelo, pese a que esas gotitas homeopáticas no podrían curar el mal. Transcurrieron meses enteros antes de que se restablecieran las condiciones normales de la vegetación, que el bosque se vistiera de verde, que los animales se alimentaran en debida forma y que brotaran nuevamente las plantas de las legumbres en la huerta”.

 

El demonio de fuego

 

Así denomina Reichert al Calbuco en su relato, dice que así era conocido en aquellos años 20 del siglo pasado. Ese  6 de enero de 1929, no habría podido simbolizar mejor, “bajo una forma teatral el Crepúsculo de los Dioses, la ruina del planeta chapucero. Para calmar la curiosidad decidí volver a trepar, acompañado por Ilse von Rentzell y un joven, faldas arriba del vecino Volcán Osorno, desde cuya cima era posible observar en óptimas condiciones toda la zona sembrada de cenizas y lava. Bien sabía yo que un escalamiento de ese coloso no era sino un mero simulacro de un paseo alpino, un trabajo que habría de durar pocas horas y que se corona con una partida alegre deslizándose sentado sobre la nieve. El proyecto se convirtió en realidad, el 20 de enero de 1929, trepamos todos sudorosos, pendiente arriba del cono hasta alcanzar su capuchón de hielo. Si entonces alguien me hubiese dicho lo que nos esperaba, con toda seguridad hubiese dado media vuelta al instante y renunciado a todo afán de exploración o a la mera curiosidad. Solo que ante mi no había nada extraordinario que nos hiciera la advertencia; apenas alguna cosa podía captarse con la mirada desde lejos. La cúpula de nieve antes tan bella y de blancura luminosa de la montaña cónica ya no existía. Después de la erupción del Calbuco, era negra, sucia, por el esparcimiento de ceniza y pequeños montículos de piedras. Cuando finalmente llegamos al hielo, descubrimos que por un proceso de irradiación y por elevado calor específico del material en ruinas, las piedras habían penetrado en la masa gélida, y comprobamos que con la helada producida durante la noche, se había creado una base de cemento-hielo-piedra de extraordinaria dureza. Si bien es verdad que en condiciones normales uno puede alcanzar la cima del Osorno, desde el borde de su capucha de nieve, luego de caminar apenas cuatro horas, lo cierto es que en esa ocasión la tarea nos exigió el triple de ese tiempo, porque fue necesario ir tallando escalones en el mencionado cemento de hielo. Por fin llegamos, a las cinco de la tarde, al vértice del bonete cónico sucio.

 

El impacto había llegado hasta el Tronador

 

Ilse y Federico amaban la montaña y en ese intento de ver cómo había quedado el paisaje descubrieron que bastó una “mirada en derredor para que nos diéramos cuenta de que la violencia máxima de la erupción había afectado principalmente la zona Oriental, ya que todos los ventisqueros y la corona del tal alejado Tronador, estaban cubiertos de suciedad y ceniza. Al descargar sus iras, el Calbuco mismo había vomitado de tal forma, que el aspecto de la faz de su cumbre presentaba una fisonomía muy distinta. En vista de que la escalinata tallada, para el descenso no servía para nada, y que una tormenta amenazaba con estallar, no permanecimos sino apenas cinco minutos en la cumbre e iniciamos el descenso como mejor pudimos. Hubo que tallar de nuevo los escalones a fuerza de hacha. La bajada la íbamos realizándola a paso de tortuga, puesto que era indispensable evitar a toda costa una caída. A la una de la mañana, estábamos en medio de la tarea, nos comenzaron a envolver los mantos de la niebla. Ya no veíamos nada, y luego, comenzó a caer una lluvia fina. Y puesto que era imposible continuar la marcha, decidimos refugiarnos en una grieta del hielo, una especie de boca cuyo labio inferior ofrecía a las posaderas, un asiento  húmedo, pero suficientemente seguro, en tanto que el labio superior tenía una joroba que actuaba como respaldo. La hendidura misma se encargaba de la ventilación. Allí estuvimos dormitando hasta las siete de la mañana, y entonces reiniciamos la marcha, totalmente tiesos por entumecimiento, la tarea de crear nuevos escalones para el descenso se hizo difícil. En total, la excursión nos exigió más de diecisiete horas en el manto del hielo del Osorno, ello debido a las travesuras de su colega juvenil llamado Calbuco. En la posada de Petrohue, a donde llegamos empapados, mi compañera de aventura, Ilse, se mostró sumamente contenta por la hazaña que habíamos realizado; pero parecía todavía más contenta cuando nos sirvieron una bebida caliente. Porque entonces dijo: ¡Vaya, no hay nada que supere a una buena taza de té caliente!”

Maravilloso relato de dos andinistas, una de ellas la conocida vecina de San Martín de los Andes: la señora Atkinson, así llamaban a Ilse von Rentzell, quien compartió parte de su vida con los residentes de esta ciudad cordillerana. Ilse fue la primera mujer que pisó los hielos continentales en 1931, pero además era fotógrafa, conocedora de las plantas patagónicas, famosa por la belleza de su jardín en su casa de Altos del Sol y además escribía y pintaba.

El relato de la erupción del Calbuco en 1929, nos conmueve a pocos días de haber vivido otra de sus travesuras, como decía Federico Reichert.

 

Nueva muestra histórica en el Museo Municipal Primeros Pobladores “Así era mi pueblo”

La Secretaría de Cultura, Educación y Deportes de la Municipalidad de San Martín de los Andes, invita a la comunidad a la presentación de la muestra “Así era mi pueblo” el viernes 24 de Abril a las 19: hs en el Museo Municipal Primeros Pobladores.

En esta oportunidad el Museo Municipal reabrirá sus puertas inaugurando nueva sala e instalaciones, invitando a pobladores y visitantes a compartir textos e imágenes sobre distintos momentos en estos 117 años de historia de la ciudad.

“Así era mi pueblo”  fue concebida por el Área de Patrimonio histórico y Ciencias como una muestra marco donde se brinde al público un paneo general sobre los procesos de transformación  dados en el desarrollo de la localidad  y en la cual se puedan contextualizar futuras muestras. Pretende ser un punto de partida y una invitación a seguir desarrollando con mayor agudeza distintos aspectos de la historia local.

Serán bienvenidas nuevas voces, fotos y  textos que la comunidad quiera aportar.

La Muestra podrá visitarse de Lunes a Viernes de 09:00 a 15:00hs y Miércoles de 09:00 a 13:00hs.

Janet Dickinson presentó la edición en inglés de su Historia del Arrayán

Un relato que cuenta la historia de Renée Dickinson, tía de Janet,  quien en 1936 comenzó esta utopía que concluyó con la construcción final de esta hermosa casa de troncos que fue un emblema en la zona del  circuito Arrayán. Fue primero hostería para pescadores y años más tarde cuando Renée muere, muy joven, se convirtió en casa de té. Dirigida por Janet, este espacio que está rodeado de un nivel paisajístico único, fue durante años el lugar obligado de residentes y turistas.

La publicación se editó en inglés, con la traducción de la autora y estuvo a cargo de Ediciones La Grieta, de nuestra ciudad.

El jueves 9 de abril fue presentado por su autora, de esta manera a la edición en español se suma ahora esta posibilidad indicada especialmente para turistas extranjeros que tendrán la posibilidad de conocer la historia de este lugar que fue declarado patrimonio histórico y arquitectónico de San Martín de los Andes.

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Nota relacionada para conocer la historia de El Arrayán

JANET DICKINSON RECUERDA LA CASA DE TÉ ARRAYÁN

Por Graciela Vázquez Moure

http://www.desdeelsurdigital.com.ar/?p=670

Una gran pérdida para la literatura: Murió Eduardo Galeano

Fue periodista y escritor, nació en Montevideo  el 3 de septiembre de 1940. falleció a los 74 años en su querida ciudad natal. La que recorría diariamente como un vecino más.  Pocos minutos después de su muerte, circuló por medios y redes sociales, esta triste noticia.

Galeano fue un ícono desde la década del 70 por sus obras literarias que abarcaban la realidad de América Latina.

Amante del fútbol, también escribió obras que estaban teñidas de esta pasión.

Las venas abiertas de América Latina, El libro de los abrazos, El fútbol a sol y sombra, Espejos,  Patas arriba, fueron algunas de sus obras. Memoria de fuego, fue una obra que detalla con profundo dramatismo  el genocidio que los pueblos originarios sufrieron durante la época de la conquista.

Galeano,  desde  la década del 60  comenzó su actividad periodística que se centró   como editor de  Marcha,  un semanario influyente que tuvo como colaboradores a  Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti,  Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Luego de  Marcha su actividad se centró en  Época, otra publicación que dirigió.

Su partida es una gran pérdida para la literatura latinoamericana, pero como es usual en estos casos queda su obra,  un legado que nada ni nadie podrá borrar de su paso por este planeta.

 

 

 

Más de 9 mil personas llegaron a San Martín de los Andes para participar y presencia la 6ta. Edición del Patagonia Run. Dos atletas de la Patagonia en los primeros puestos

Primer puesto para Sergio Trecaman de Esquel en la categoría 120 km, tiempo 14hs 24’ 54’’ y el segundo lugar para un barilochense Charly Galosy.

Esta  sexta edición del ultra traíl de montaña más importante del país, Patagonia Run, contó con la participación de 2700 atletas  de 14 países: Argentina, Alemania, Australia, Brasil, Colombia, Chile, EEUU, Francia, México, Paraguay, Perú, Uruguay, UK, y Venezuela.

Más allá de la dificultad técnica propia de esta disciplina de montaña, que incluyó tres cumbres, con subidas escarpadas y bajadas que exigieron hasta  a los más avezados, el evento fue una verdadera fiesta, con 10 puestos de abastecimiento en el recorrido, provistos de comidas y bebidas frías y calientes, dulces y saladas, para que los corredores de todas las distancias pudieran reponer energías, y terminar la carrera con una llegada a toda orquesta en pleno corazón de San Martín.

Con un recorrido de sendas anchas, serpenteantes, angostas y hasta el filo; ascensos y descensos, trepadas, caminos ripiados, y con vistas de bellezas únicas como el lago Lolog y el cerro Quilanlahue, los atletas tendrán que demostrar pura destreza a lo largo de la distancia elegida.

El evento que fue declarado de Interés Nacional, Provincial y Municipal, gestión impulsada por el propio Municipio de San Martín, que desde su inicio en 2010,  llenó las calles de la ciudad cordillerana, ya que entre competidores y acompañantes se estima que  arribaron más de 9 mil personas.   La ocupación hotelera y gastronómica, así como la consiguiente generación de empleo, sobrepasaron las expectativas, al ingresar a la ciudad cerca de 9 mil  turistas durante el fin de semana.

 

Resultados:

 

http://patagoniarun.com/edicion/resultados/?id=1