Por Graciela Vázquez Moure
“Sin estereotipos, nutridos de diferentes herencias, medio y escuela que definen a cada cual su impronta, convergemos en el sentir que la luz nos produce, como alegoría de la verdad” así comienza el libro “Polvaredal” que reúne las fotografías de Eliseo Miciu Nicolaevici y Marcos Furer.
Un libro en el que la imagen blanco y negro nos lleva por los caminos de Córdoba, Salta, Corrientes y especialmente de la Patagonia. Esos senderos en los que la polvareda cubre con una tenue niebla el paisaje inconmensurable.
Desde el Sur Digital en esta entrevista con el fotógrafo Eliseo Miciu Nicolaevici, indaga profundamente esa vocación que desarrolló desde niño y ahora con sus 34 años, la fortalece aún más, cuando siente que hace lo que cree que conmueve al otro, a ese que mira y que ve más allá de lo que la imagen muestra.
Conozco a Eliseo desde sus 15 años cuando comenzó con su cámara a capturar la realidad de un paisaje cordillerano que siempre asombra.
Ahora nuevamente, una vez más el encuentro como tantos otros, tomando un café en una tarde de lluvia, una de las tantas con que esta primavera nos envuelve. Mantuvimos una extensa charla llegando a esa permanente búsqueda, donde se platearon los objetivos, la presencia de la luz, la imagen que intenta conmover a quien la comparte.
En la última exposición realizada en el Multiespacio Darwin del hipódromo de San Isidro, Eliseo expuso las imágenes que forman parte de “Polvaredal”, su último libro y en esa misma muestra estuvieron presentes las fotografías que serán parte de “Tierra del viento” su próxima publicación en la que estarán las alucinantes imágenes tomadas en Santa Cruz, Tierra del Fuego y Torres del Paine, Chile.
“Polvaredal” lo comparte con Marcos Furer, un experimentado fotógrafo cordobés, que Eliseo Miciu lo considera como un referente al que consultó desde su adolescencia, tiempo después de recibir a los doce años su primera cámara fotográfica que era de su abuelo. Los textos del libro son de Carlos Di Fulvio.
Nació en Uruguay, vivió en Córdoba y desde el año 1993 reside en San Martín de los Andes, ahora junto a Violeta su esposa con quien comparte además los viajes en los que explora la vida, el paisaje y la naturaleza de distintos lugares del país.
Nacido en el seno de una familia de artistas, nunca se sintió inducido a cumplir un mandato, sino que siguió los pasos de su vocación desarrollada desde adolescente. “Polvaredal” encierra esos paisajes profundos de distintos lugares del país, mucho de Patagonia, mucho de Córdoba, Neuquén, además del norte y de la zona de cuyo. Es la recopilación de los últimos 10 años de su actividad como fotógrafo y de Marcos Furer. Eliseo fue contratado por National Geographic para realizar un libro con imágenes de todo el país. Trabajó en México, hizo publicidades en distintos países, pero ahora su vida pasa por otro lado. Concluida esa etapa, quiere ser él mismo con su vocación y trabajo, con su talento y su sintonía con la vida y los paisajes en los que se sumerge.
Retratos maravillosos de pobladores con los que entabló una relación especial en cada viaje. Arreos de veranada en Neuquén. Hombres de campo en los que la vida trasunta otra historia que no pasa por la modernidad.
Lo que sigue es la entrevista en la que Eliseo nos cuenta sus logros y sus proyectos, su cosmovisión actual sobre el arte de la fotografía, en definitiva, abre su mundo interior y conociéndolo desde hace tanto, se siente que se muestra como es, un hombre que busca siempre aquello que hace vibrar a quien lo observa. De eso se trata.

– ¿Cómo surge el nombre “Polvaredal”?
La idea con Marcos cuando nos juntamos era un libro sobre arrieros argentinos, pero me pareció muy comercial, y no quiero hacer un libro como un negocio, no quiero un producto, quiero algo más poético y surgió una idea que la tomé de una canción “A qué volver”, que me sigue gustando porque tiene un tinte bucólico, era esa melancolía de esas imágenes que siento que se desvanecen. Ese iba a ser el nombre, pero luego surgió este otro, debo admitir que me sigue gustando más el anterior.
-Con esto de que son imágenes que se desvanecen, he visto arrieros con el celular, es como que se rompe esa magia ¿no?
– Si yo también los vi. En una zona de la provincia de Buenos Aires seguía a unos arrieros y de pronto veo que mira algo, iba a caballo, y era el celular, es cierto no armoniza esa imagen tecnológica con el paisaje.
-Son imágenes maravillosas las del libro actual y las que formarán Tierra del viento. ¿Cómo se logra llegar con la imagen a esos lugares?
Es un recorrido de muchos años. Pero además me quedé días enteros en estancias. Fue un trabajo de relación personal para lograr luego la imagen.
-“Tierra del viento” tendrá las fotografías de Santa Cruz, eso que definís como el “sur del sur”.
-Eso será mi próximo libro, presenté las fotos el año pasado, pero el libro creo que llevará un año. No quiero que sea algo artificial. Quiero llegar a la intimidad de cada lugar. Un libro lo puedo hacer en seis meses, pero no quiero quedarme en la superficie, quiero lograr el paisaje profundo.
-Estás en la adultez en lo artístico también. Siempre tuviste talento pero se siente algo más en los últimos trabajos. ¿Tendrá que ver con esa intimidad que buscás?
-Puede ser, este retrato de un puestero era muy difícil, es un hombre de una estancia, Don Mayo de La Anita, estuve 10 días relacionándome, hasta que me invitó a tomar mate. Eso te permite conversar y saber por qué eligen esa vida. Establecí una relación para que no le moleste cuando tomo la imagen.
Don Mayo, estancia La Anita
-Siempre lograste una luz increíble en tus fotografías, en los interiores y en los paisajes. Pero esto último parece mostrar que estás en una nueva etapa más serena y madura.
-Si, más sereno y con mayor libertad. Veo que se está haciendo otra cosa en otros lugares, un trabajo más moderno, pero no es lo mío, estoy haciendo lo que siento y en lo que creo. Rescatar esas imágenes que quizás en unos años ya no estén, siento que ese paisaje se desvanece. Cuando uno está convencido hace lo que es más honesto para uno mismo. Quiero lo auténtico. Hice publicidades en Brasil, en México, iba lo hacía le encantaba a la gente, pero cumplía con lo que las productoras querían. Ahora hago lo que siento que me representa.
-¿Por qué el blanco y negro tiene una mística que no tiene el color?
-Muchas veces me preguntaron cuándo una fotografía se convierte en obra de arte. Creo que es cuando lo que ves no lo ves con los ojos, es cuando te mueve algo interno. Más allá de lo explícito, llega a una emoción, un sentimiento. Es la función de una obra de arte, cuando algo te conmueve. Y el blanco y negro lo logra. Uno descubre e interpreta.
– ¿Sentís que con los años descubrís más cosas?
-Totalmente veo cosas que antes no veía. Tiene que ver con la madurez.
Tomé tantas fotos en San Martín de los Andes, que ya no sabía qué hacer y tuve que buscar otros lugares. Recién ahora estoy empezando a encontrar esa imagen que te hace sentir el lugar. Incluso en blanco y negro el bosque con la niebla es riquísimo el mensaje, te transporta a sentimientos profundos.
– ¿En algún momento sentiste que la vocación se desvanecía?
– No nunca sentí eso, lo que si me pasa es que trato de ser fiel a esa escala que me impongo.
– Quiénes no estamos en el tema pensamos que las nuevas tecnologías afectaron el arte de la fotografía ¿es así?
– No, todo lo contrario en las galerías ahora hay espacio para el arte de la fotografía. No afecta tanto dispositivo, me preguntaron si con esa proliferación de la imagen la fotografía va perdiendo valor, y no para nada. Al contrario tiene más importancia como arte. El tema de querer transmitir una emoción con una imagen, hace la diferencia. Trasciende la tecnología.
– Publicaste el “Libro fotográfico – San Martín de los Andes – Aldea de montaña”, fue en noviembre la presentación, ahora “Polvaredal” y el próximo es “Tierra del viento” con las últimas fotografías.
– El de fotografías de San Martín de los Andes lo hice con mi hermano Isaías, “Polvaredal” junto a Marcos Furer, y el próximo que creo que estará en un año es “Tierra del viento” y lo haré yo solo. Las últimas fotografías son de ese inmenso territorio patagónico del sur del sur. Hay estancias donde solo existe la radio VHS, hacen la ronda diaria y así se comunican. No hay ni Internet satelital, los teléfonos no existen en medio de esas distancias. Es esa tierra que me interesa reflejar. Tanto en “Polvaredal” como en “Tierra del viento”, quiero mostrar la Patagonia desde adentro, desde el trabajo, el arreo, desde el viento que deja surcos en los rostros, en el paisaje. Vientos de 80 km, temperaturas bajo cero, caminos inhóspitos. Es la Patagonia. Eso es lo que quiero transmitir.






























