
Por Graciela Vázquez Moure
Fueron 57 años de subir a todos los escenarios del mundo. De ser aplaudido por distintas generaciones. En los últimos años sus recitales eran vistos por las abuelas, las hijas y las nietas.
Amado, respetado y querido este catalán frontal, sincero y muchas veces ácido por sus comentarios sobre la realidad social del mundo, supo generar empatía en varias generaciones desde esos años de la década del 60 que cantaba subido a un tejado de una iglesia en su Cataluña natal.
Joan Manuel Serrat llegó en junio de 1995 a San Martín de los Andes, después de su recital en la ciudad de Neuquén. Lo hizo por tierra en medio de un invierno que ya daba señales de que sería uno de los más nevadores, crudo y con temperaturas bajo cero.
Fue Lidaura Chapitel, directora del Centro Cultural Cotesma, en ese momento Amancay, quien logró que ese sueño se realizara.
No existían las redes sociales ni había internet en la ciudad, y sin embargo Lidaura hizo las conexiones por teléfono con el representante de Serrat y la respuesta fue: “si vamos”.
Recuerdo que llegué al centro cultural por otro tema y Lidaura salió de su oficina feliz, y compartió conmigo la respuesta, para mí era una alegría ese logro de la artista plástica.
Y llegó, no recuerdo bien pero creo que fueron los primeros días de junio. Fue el club Lácar el lugar del recital, había unas 1000 personas.

Serrat llegó a la hostería Cheminné, y allí estaba yo esperando para saludarlo como un reencuentro de más de 20 años, lo había visto en el Gran Rex en la década del 70 y le había hecho una entrevista : fugaz, como estudiante de periodismo. Los dos éramos muy jóvenes él no superaba los treinta años.
Flaco, con el pelo largo, pero cordial recuerdo que me recibió en los pasillos del teatro.
Entonces en la Cheminné me saludó con un beso y le dije hace 23 años que no me dabas un beso, y con ese genio de siempre me abrazó y me dijo ¿y dónde fue el primero? En el Gran Rex, yo estudiaba periodismo- le dije- y surgió otro abrazo, obvio, inolvidable.
Y entonces luego llegó una improvisada conferencia de prensa en la puerta de su camarín en el Lácar, agolpados todos los medios preguntamos de todo. En esta foto me está respondiendo mi pregunta .
Y me sostenía porque me empujaban y me caía sobre él, digamos que mi físico nunca me permitió imponerme, le pedí a mis colegas que no empujaran y recuerdo que me dijo “ven yo te sostengo” y allí pensé empujen nomás.
El recital fue conmovedor, empezó con “Se equivocó la paloma”, vestido de negro, en medio de un silencio absoluto. Siguió con todos los temas más conocidos y no faltaron los que recordaban a Miguel Hernández y a Machado, esos que lo hicieron conocido en sus primeros años.
Dejó la mejor imagen en nuestra ciudad, en cada lugar donde estuvo en esos dos días. Joan Manuel Serrat estuvo en San Martín de los Andes y vale la pena recordarlo cuando en esta semana anunció que se bajaba de los escenarios, dijo: ”antes que el escenario me baje a mi”.

En su última presentación en Barcelona expresó: “todo lo que empieza debe acabar y si acaba bien, fantástico”.
Fueron 57 años en los que el “Nano” como lo llamaban en España, dejó lo mejor, con los temas de su autoría, con la música a los poemas de Miguel Hernández, de Machado y de tantos otros, dejó su voz maravillosa, su personalidad, su respeto por el otro. Eso dejó en San Martín de los Andes en ese junio frío de 1995, por eso digo que es bueno recordarlo y recordar a Lidaura Chapitel que ya no está entre nosotros, pero fue ella quien lo logró, sin internet, sin redes, con un llamado telefónico atreviéndose a una propuesta que ella misma no podía creer.
Te despediste Joan Manuel, queda tu imagen bajando de los escenarios pero plasmada en el corazón de quienes siempre te admiramos.













