Cultura

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26 de noviembre 2016

“Luché para que el lago no se muera”. A 26 años de la partida del Dr. Francisco “Chacho” Rossi, recordamos su fervor por salvar al lago Lácar de la contaminación

Por Graciela Vázquez Moure

El 2 de diciembre se cumplirán 26 años de la partida del Dr. Francisco “Chacho” Rossi.  Esta nota es una manera de recordarlo,  rescatando su palabra, sus saberes y tratando de que las nuevas generaciones conozcan a un ser que no pasó inadvertido en San Martín de los Andes.

Es que  quienes lo conocimos sabemos que su objetivo primordial era el desarrollo sustentable. Permitir que la localidad creciera sin “matar a la gallina de los huevos de oro” como él mismo decía. O sea el medio ambiente, la belleza, la calidad de vida que muchos venían a buscar en sus vacaciones, condición  que aún  30 años después  los atrae hacia nuestras tierras.

Su dedicación,  las investigaciones  y  el estar preocupado por la contaminación del lago Lacar, que en los años 70 y 80 era una triste realidad, hizo que finalmente se construyera la primera planta de tratamiento de líquidos cloacales, la que está al borde del lago desde 1994.

Chacho Rossi era médico veterinario, docente de la UBA, asesor en materia ambiental, investigador, becario del gobierno holandés, sus trabajos fueron publicados en revistas nacionales y del exterior. Fue representante de la Argentina del Plan B, ante la UNESCO, lo que se llamaba “reservas de la biósfera”, entre otras tantas presencias logradas.

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“Nuestro lago envejece”

Así decía Chacho con pesar,  haciendo referencia a unos señaladores que los chicos de una escuela de la ciudad,  habían dibujado después de hacer una investigación junto a él en este espejo lacustre,  que es el marco inigualable de belleza singular en esta ciudad.

En sus estadísticas los números eran elocuentes: había 220 algas por centímetro cuadrado de piedra en el Lacar, en contraposición de la ausencia de ellas en el lago Lolog, en aquella época la zona estaba casi despoblada.

Amaba el lago, se preocupaba por su futuro, considerando que de no mediar una solución, este espejo de agua sucumbiría ante  la presencia antrópica.

“Eutroficación” una palabra que hizo historia en la década del 80

Fue el primero en introducir en la ciudad la palabra “eutroficación”. Quienes ejercíamos el periodismo a fines de los 80 lo consultábamos continuamente sabiendo que siempre existían novedades en torno a los trabajos e investigaciones que realizaba.

Afable, cordial, con un importante caudal de cultura y conocimientos, se radicó definitivamente en el año 87 en San Martín de los Andes,  luego Rosa Mercurio, su esposa, llegó también para quedarse.

El trabajo realizado por el Dr. Rossi, abarcó innumerables posibilidades, desde el bombeo de los líquidos cloacales impulsados hacia la Vega, hasta una planta de tratamiento a orillas del lago. Tomaba él mismo las muestras de agua que mandaba a analizar. Los resultados eran pésimos y eso lo llevaba a seguir buscando soluciones.

Casi con un gran sentido utópico, me decía que lograrían los objetivos, porque el lago era el amigo de la gente y la gente no pensaba en su futuro, y era indiferente ante la eutroficación provocada por la cantidad de materia orgánica que llegaba a través del Pocahullo.

La eutroficación explicaba “es causada por la gran cantidad de nutrientes provenientes de las descargas cloacales.  Esto provoca el crecimiento de plantas en el lago, suspendidas y adheridas a las piedras, esto enferma al lago” sostenía.
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Un dudoso privilegio

Así  lo denominaba Chacho, esta oportunidad de ser el primero en introducir un nuevo término en el pueblo. La eutroficación estaba en boca de todos, aunque muy pocos sabían de qué hablaban.

“Lo hice en abril de 1983, en un informe que tenía carácter de diagnóstico” contaba en aquellos tiempos y recordaba “lo redacté en nuestra cabaña ubicada a metros del lago, una casa que ocupábamos desde 1960 con mi familia”.

Un año antes en 1982, poco después de terminada la red cloacal que depositaba los líquidos en una planta construida por Aguas Neuquinas, que descargaba los efluentes tratados precariamente a escasos metros del lago Lacar en aguas del arroyo Pocahullo.

“Fue previo a un proyecto de una planta completa financiada por el Consejo Federal de Inversiones que nunca se construyó” recordaba  Chacho  a finales de la década del 80 y por la que los futuros usuarios del pueblo habían pagado cifras onerosas.

El aparato instalado fracasó y de allí la eutroficación del lago. Esta fue la situación que tanto preocupaba al Dr. Rossi, y por la que comenzó a redactar infinidad de proyectos e informes buscando soluciones.

“Soy veterinario y muchas cosas escapan a mis posibilidades,  pero sigo viendo el Lacar como una manifestación de la Creación, una fuente de trabajo, de paz y de experiencia contemplativa, de bienestar físico y espiritual” eso decía quien trabajó duramente para el saneamiento del lago que hoy pueden disfrutar miles de personas.

La playa estaba vacía, ante la prohibición de bañarse, eran muy pocos los que llegaban a sus orillas. Recuerdo escuchar a los guías que llegaban con contingentes desde otras localidades decir: “este lago está contaminado y nadie puede bañarse”, dolía esa síntesis de una situación que era real.
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“Liberé fuerzas que escapaban a mi control”

“Concluí el informe en abril del 83-  decía Chacho- lo presenté a las autoridades y me volví a Buenos Aires, y no sabía que había liberado fuerzas que escapaban a mi control y que me convertirían poco después en un servidor a perpetuidad del lago  Lacar”  destacaba,  recordando su historia.

Una vida que terminó en forma imprevista, el día de su cumpleaños el 30 de noviembre del 90, se descompuso, la rápida derivación a un hospital de Neuquén no logró salvarlo de un ACV, apenas dos días después, falleció.

Un fervor que movía al pueblo

El 27 de julio del 83 comenzó junto a otros vecinos el muestreo de agua del Pocahullo y de los vertidos desde la planta que era un fracaso. El operativo duró hasta julio del 85.

El fervor por el Lacar lo devolvió a las aulas de la universidad, no ya como profesor, decano o  investigador,  sino como alumno para recoger el conocimiento que requería este empeño por salvar a un lago de la Patagonia.

Ecología acuática y limnología, eran los conocimientos buscados por Chacho en la UBA.

Dio conferencias, emitió nuevos informes, se contactó  con otros países, conoció gente que había pasado la misma experiencia, envió notas a los diarios regionales. Siguió incansable buscando salvar las aguas del Lacar.

Merecido premio: “Conservar el futuro”

Fue la administración de Parques Nacionales la que le otorgó esta distinción en el año 86. El premio se lo otorgaron a dos días del aniversario de la creación de los Parques Nacionales y fue en la ciudad de Cachi, Salta. Hasta allá fue el Dr. Rossi y levantó orgulloso, el merecido premio.

El verano del 83 fue la última vez que el lago reunió en sus costas del casco urbano a los que intentaban utilizar sus aguas, luego estos sectores migraron hacia Catritre, ya estaba la prohibición en las arenas del Lacar en la costanera que hoy disfrutan miles de personas.

Las algas crecían sin dar tregua, la eutroficación era un hecho. Se habían confirmado todos los designios del Dr. Rossi.  Estas presencias superaban entre tres y cuatro veces a las de los lagos  oligotróficos. Incluso la situación se había extendido hasta las playas de Catritre.

La dedicación y trabajo de Chacho Rossi, logró su cometido. No pudo verlo. Partió  de este plano hacia otras dimensiones, y no pudo ver que en el año 94 se iniciaba la construcción de la planta  depuradora del lago Lácar y se inauguraba en el 96. El tratamiento tuvo muchos detalles que corregir, ahora su adecuación y ampliación permite mayor cantidad de líquidos tratados, una nueva planta en la zona de Chacra 5 permitirá mayor saneamiento al arroyo Pocahullo que aún sigue agrediendo al Lácar, esta planta es la que lleva su nombre.

“Luché por el Lácar para que no se muera”

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Pero esta historia tiene que ver con un hombre y no con las obras, sino con “sus obras”.

En el relato de Chacho en infinidad de entrevistas que realicé en esta hermosa amistad que nos unía, estaba siempre la reflexión. Ya a fines de los noventa se sabía que las próximas guerras iban a dirimirse por el agua. Su escasez vislumbraba un futuro oscuro y Chacho me decía “podemos estar rodeados de infinidad de  cursos de agua, pero si está contaminada de nada nos servirá, por eso luché y trabajo por el Lacar, para que no se muera” recuerdo que esto expresaba mientras en el living de su casa frente al lago, escuchábamos música, rodeados de libros, de objetos, y de recuerdos.

“Fue una empresa comunitaria” reflexionaba “fue para evitar la muerte del Lacar, y detener un desastre ecológico que puede repetirse en decenas de cuencas lacustres de la Patagonia, una zona de decisivo valor geográfico, estratégico y de gran belleza, pero la batalla del Lacar no ha terminado” decía a finales de los 80, claro, no pudo ver la obra concluida, pero desde donde esté Chacho Rossi, seguro que supo que hoy miles de personas disfrutan de la playa, de las aguas del Lacar,  que es cuidado por una comunidad que denuncia ante cualquier irregularidad, en defensa de su lago.

Chacho era el vecino, el Dr. Rossi, el que hablaba de budismo, de hinduismo, de pintura, de libros, del amor entre los seres, del cuidado que cada uno debía tener sobre el otro, de sus utopías, que se hicieron realidad. El 2 de diciembre de 1990  dejó este plano, nos dejó algo huérfanos a quienes confiábamos en él y teníamos un afecto especial.  Quiso salvar al lago Lácar de su muerte y la meta fue cumplida, desde algún otro lugar del universo seguramente celebró.

 

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