Nunca pasó en la historia de la ciudad que en cinco meses se produjeran dos femicidios y un intento, todos ellos seguidos por el suicidio del agresor.
Las muertes crecen en el país logrando una triste estadística, muere una mujer cada 31 horas. Es importante decir que estos números surgen de organizaciones no gubernamentales o sociales que han llevado una lamentable lista de mujeres que mueren solo por ser mujeres.
En nuestra ciudad la muerte de Mirta Gutiérrez de 45 años, provocada por un disparo de su ex pareja, quien tenía antecedentes y que había cumplido condena por un hecho similar, sucedió en febrero en pleno centro de la ciudad, él se suicidó. La muerte de Laura Vásquez, una joven de 24 años que murió al ser despedida por el vehículo que cayó al lago Lacar, hecho provocado por su pareja en una discusión, también produjo la muerte de quien conducía. El último hecho, en el mes de mayo, la médica que ejerce en la ciudad Denis Pervanas, fue quien sufrió varios impactos de bala que su pareja le disparó en la ciudad de Neuquén. Ella está aún internada, él también medico de la ciudad se suicidó.
A pesar de que algunos medios siguen con la metodología de titular “drama pasional” estas muertes, la terminología correcta es la de “femicidios”, durante décadas el eufemismo “pasional” intentó justificar el acto violento otorgándole el perfil de “pasión o amor”.
La violencia que termina en femicidio es analizada en esta nota que Desde el Sur Digital realizó con la coordinadora del área de género de la Municipalidad de San Martín de los Andes, Celeste Villanueva.
DSD- Qué análisis hacen ustedes de esta realidad que vivimos. Nunca se vivió una situación semejante.
C.Villanueva- lo que notamos es que estos casos fueron extremos, pero hay una importante cantidad de denuncias diarias. Una de las cosas que vemos es que se está naturalizando también la violencia de hijos hacia madres.
– ¿Hijos de qué edades?
– Empieza en la adolescencia, con la violencia psicológica, luego cuando sus madres son adultos mayores ejercen violencia física sobre ellas. Son pocos pero existen. La mayoría de las denuncias de violencia que se realizan son entre parejas. Pero es importante que quien sufra este otro tipo de agresiones lo denuncie o busque ayuda.
– Hace dos años la estadística en la Comisaría de la Mujer era de cuatro denuncias diarias por violencia, la mayoría de ellas correspondía a mujeres maltratadas o amenazadas.
– No ahora son entre 6 a 10 diarias. Creció en los últimos tiempos. En la comisaría de la mujer se reciben denuncias de violencia familiar de todo tipo, pero la mayoría de estas que te digo corresponden a mujeres que reciben violencia de sus parejas.
– Es altísimo. Históricamente nunca sucedió. Es que va en ascenso o ¿la gente se atreve más a denunciar?
– Va en ascenso, es una sociedad que va en ascenso en la violencia en general. Poca tolerancia, estamos en una sociedad con presiones de todo tipo.
– Una psicóloga que habló en un medio nacional dijo que el femicidio se considera una epidemia y como epidemia es contagiosa. ¿Ustedes consideran lo mismo y si es así cómo se controla?
– Consideramos desde mi área y desde las organizaciones que trabajamos en el tema de violencia de género, que es un momento de redoblar el compromiso por esta causa. Va todo en ascenso y quienes tenemos la información debemos hacerla visible, para que la gente se entere, las instituciones deben trabajar también para cambiar esto que está sucediendo.
-El 3 de junio se realizará una marcha en todo el país con la consigna Ni una Menos, pero la verdad que yo ya descreo de las marchas. Es solo expresar y mostrar lo que pasa pero sin las herramientas para resolverlo. Ni siquiera desde la justicia ¿Cuál es tu opinión?

– La marcha tiene un acto concreto que es que se sumen voluntades. Pasó con la marcha por la muerte de Laura, había mucha gente, es necesaria la visibilización del problema pero además expresar que es un problema que nos incluye a todos. Lo importante es qué se hace después. Esa gente que marcha también debe sentirse convocado al accionar. Vemos todos que los femicidios van creciendo, no tiene edad y no tiene clase social. Nos atraviesa a todos.
– Hace muchos años la violencia de género se situaba en las clases más bajas, hasta se decía que era una cuestión cultural, yo lo he escuchado en San Martín de los Andes, era además porque en la clase media y alta no se denunciaba. Existen sin duda más denuncias y las mujeres se atreven pero también hay más violencia y más extrema.
– Eso es lo que siento, la violencia de género existió, se estigmatizó a la clase pobre, por falta de educación. Eso es mentira. En la actualidad la reflexión de la mujer es distinta. Mirarse como mujer es distinto a hace años. La mujer que sufre violencia es porque no acepta el mal trato, se revela a ese sometimiento, la que recibe violencia es la que le bajan la autoestima, no tiene opinión propia, eso se le quita, no cree que pueda denunciar, sin duda la dependencia económica incide. Las mujeres que deciden salir de ese círculo de destructivo son muchas más que antes. En muchos casos cuando deciden salir de esa situación sucede el caso extremo como el femicidio. El hombre controlador, golpeador, violento se siente con toda la facultad de dominar a la mujer que tiene al lado porque la siente como una propiedad.
-Y ya el término “mi mujer” es un símbolo de poseer, las palabras no son inocentes. Las mujeres no decimos “mi hombre”.
-Y si, ese hombre que tiene todo el valor para maltratar a esa mujer tiene una gran cobardía, por eso cuando la mujer decide dejarlo, el no puede entender esa decisión y le invade el miedo al abandono y por eso la mata. ¿Por qué hay más casos de femicidios? Porque hay más mujeres que se animan a romper ese círculo de violencia.

– ¿Qué dicen los psicólogos de San Martín de los Andes, se puede explicar desde la psicología? más allá de esto qué decís que es muy cierto.
– Nosotros participamos de una mesa mensual de Consejo Local de Género, las instituciones son varias de acá y de la asistencia a la víctima de Junín de los Andes y el área de género que yo coordino y el hospital. Los psicólogos dicen que es importante trabajar con el hombre. Todas las organizaciones tenemos la experiencia de trabajar con la víctima, pero no con el hombre.
– Es un nuevo paradigma
– Sin duda, no es fácil, porque nos tenemos que formar las organizaciones que trabajamos en esta temática. Cómo abordarlo. Ya hay organizaciones que están trabajando con el tema del machismo con los hombres. Con la niñez también es importante. Nos criaron de una manera y hay que revertirlo.
– Qué respuesta hay desde la justicia con los casos judicializados. Esa historia de que no acerque a más de 200 metros, cuestión que nadie controla.
– Tratamos de que se trabaje en los organismos de control, si esto no funciona el agresor llega a su víctima para agredirla nuevamente. Hay que trazar líneas, es cíclico, hay que reflexionar, el tema de control, cada uno desde su lugar tenemos que involucrarnos.
La historia personal de Celeste

Celeste Villanueva relató a Desde el Sur Digital su historia personal, porque siente que puede ser un aporte para otras personas.
Nació en la ciudad de Neuquén y desde niña vivió en San Martín de los Andes donde cursó todos sus estudios. Cuando egresó del CPEM 28 a través de una monografía sobre golpes militares en Argentina, pudo obtener una beca en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Esa fue su primera formación política. Ahora pertenece al Movimiento Surco y a Las Juanas, una organización social que aborda la violencia de género y brinda espacio para talleres.
Dos años después de irse de la localidad regresó.
Pero su decisión estuvo signada por una situación grave y de sumo riesgo que fue vivida en Córdoba.
Fue una situación de violencia originada por un empleador.
Renunció a su empleo. Era muy joven, recién salía de la adolescencia y vivió una realidad traumática debido a las amenazas de su empleador.
Se mudó de pueblo y Celeste descubrió lo que no imaginaba. En ese pequeño pueblo la dueña de una despensa le preguntó de dónde venía, Celeste contó que venía del Sur de Neuquén. A los dos días de mudarse a este pueblo, cuando va a comprar a la despensa la dueña del local le pregunta si tiene parientes, y le dice que un hombre había preguntado por una chica que venía del sur.
Celeste descubrió que el empleador no se había quedado en paz con su partida. Un día después pudo ver el auto del hombre en las calles del pequeño pueblo cordobés.
Entró en pánico. La paranoia sin duda se apoderó de ella.
No había contado nada a su madre para no preocuparla. Empezó a tener miedo de salir a la calle y decide su vuelta a San Martín de los Andes. Fue huir de un destino que podría haber sido fatal.
Cuando relató a su familia lo ocurrido, su hermana la convoca para Las Juanas, que dependía del programa nacional Juana Azurduy de Barrios de Pie.
Corría el año 2007 y así empezó dando apoyo escolar en distintos barrios de la ciudad, con una experiencia que la formó en todo su camino social.
Hace tres años decidió buscar a su padre. Porque su mamá era soltera, fue doloroso ese tránsito de búsqueda de identidad, pero valió la pena: encontró a su papá.
Vive en pareja con un compañero de militancia y de vida y desde hace un mes es coordinadora del área de género en la Municipalidad.