Por Graciela Vázquez Moure
Faltaban unos minutos para las 10 de la mañana de un 18 de julio de 1994, cuando me acerqué a la teletipo del estudio de radio Nacional de San Martín de los Andes. Conducía la mañana desde hacía dos años. No había internet y las noticias llegaban por ese medio, hoy diríamos qué antigüedad, pero eran otros tiempos.
Al arrancar la hoja, una noticia enviada por Telam decía “fuerte explosión en el barrio de Once”, nada se sabía todavía pero adelanté inmediatamente la información, sintiendo que algo tremendo había sucedido. Apenas unos minutos después la ampliación de lo informado daba el lugar “la AMIA, en el barrio de Once. Hay muertos y heridos” y nuevamente “ampliaremos”.
Recuerdo que llamé inmediatamente a mi hermana, mi hijo Nicolás estaba en su casa, había viajado por las vacaciones de invierno. La casa estaba en Anchorena y Santa Fe. Recuerdo que me atendió Nicolás, tenía 10 años y estaba asustado “tembló el edificio y los vidrios, no paran de pasar ambulancias, no paran las sirenas”.

A más de 20 cuadras la explosión había conmocionado la ciudad.
Así se supo más tarde, ya con imágenes de los distintos canales de televisión que había sido el peor atentado, con solo ver lo que había sucedido se suponía que las víctimas eran muchas, entre los escombros y en las cuadras cercanas que también sufrieron las consecuencias.
Lo demás ya lo sabemos, investigaciones que nunca llegaron a la verdad, los responsables del acto terrorista que nunca fueron detenidos, los reclamos que 25 años después siguen sin respuesta.
Dos años antes fue la embajada de Israel, tampoco la Justicia llegó a la verdad.
Pasaron 25 años y siguen los mismos reclamos, los homenajes, la impotencia de los familiares de las víctimas.
En este día en que a las 9 hs 53’ sonarán las campanas de los templos, las sirenas de los cuarteles de bomberos, que muchos harán una oración recordando este triste hecho que vivió nuestro país, le rindo homenaje a todos aquellos que estuvieron en el lugar en que la muerte los sorprendió y que nunca tuvieron justicia.
A 25 años de esa triste primicia que di desde el estudio de radio Nacional, solo queda hacer una oración y prender una vela para que la luz ilumine a quienes deberían llegar a la verdad.